Revista Palta | YO TAMBIÉN QUIERO QUE ME MATEN
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YO TAMBIÉN QUIERO QUE ME MATEN

Apenas siento el título de la obra en cuestión mi cabeza asocia directo con “Scream” y sus derivados “Scream, vigila quien llama” o “Scream, grita antes de morir”, también piensa en “I know what you did last summer” que acá en Argentina es bien conocida por mi generación como “Sé lo que hicieron el verano pasado”. Mi cabeza tan ingenua, hija del menemismo, vuela así de fácil con palabras como “verano” y “matar”. Soy un ser criado en los noventa que vio ínfima cantidad de filmes de terror. Entonces ante cualquier posibilidad de muerte en el nombre de una cosa, en este caso obra teatral que dirige y escribió Mariana de la Mata, teme y se anticipa a escenas bañadas en sangre. Error.

Error en los cables del cerebrito, la obra no se colma de sangre y llanto despiadado de los protagonistas suplicando no ser mutilados por un tipo vestido de monje oscuro con un gancho en la mano. No. Pero sí algo del clima se respira, algo del aire denso, en la humedad o como si uno pudiera suponer que ahí, en esa obra, los labios están resecos, los labios y la garganta por lo que no se dice o por lo que no se puede nombrar. El no decir tiene potencia y complejidad, lo sabemos.

Sigo pensando en esas películas, películas que tuvieron estreno cuando yo tenía siete. Pienso en ellas porque Este verano te mato, para mí, tiene que ver con un pasado cercano, en una ciudad costera fuera de temporada. Algo del que no vive en el epicentro del país, del que sigue con su vida cuando todos los invitados se fueron. Como si el síndrome del nido vacío pudiera extenderse en una constante en el tiempo en todos los que habitan ese pueblo.

Escribo esto y me veo, a mí mismo, a la madrugada en San Bernardo, a los trece, en una plaza con unos pibes que no conocía. Es un recuerdo muy vago, estábamos en las hamacas y por corte, sin transición, entramos en la casa de uno de ellos, desconocidos totales para mí. Lo único que me acuerdo fielmente de ese encuentro es el momento en que uno de ellos me dice “esto en dos meses es ciudad muerta”, la frase ciudad muerta me voló la cabeza y yo ahí hago link directo a los jueves a las 21:00 en Almagro, hago link directo a Guardia Vieja 3556 (Beckett Teatro). Porque esta obra se queda cuando todos se fueron del lugar que se usó para la vacación, como la idea de fiesta que se termina y sólo unos pocos están para baldear el piso embarrado de birra y zapatillas. Se queda en la adolescencia, espacio de angustia inexorable, se queda en ese estado de riesgo por impulso, que en un punto es lo más vivo de ser personas andantes.

En un momento Alicia (Fernanda Pérez Bodria) dice “creo que tengo el corazón muy chico, o no lo puedo dejar hablar o no lo escucho” y ahí Alicia se vuelve una referente con la sencillez del que no busca poesía sino del que la transita, como si la vida misma nos diera la materia y no habría mucha vuelta para volverse concreto con lo que se siente.

Arranca la obra, o a los pocos minutos, y Ana (Camila Romagnolo) le dice a Jorge (Diego Vegezzi) “te voy a matar”, él le responde “dale” y ella “no, ahora no”, a lo que Jorge retruca “matame”. Y en ese momento digo, yo también quiero que me maten, yo también me quiero inmolar, nadie tiene que vivir de por vida. Y estar con un otro es un poco eso, buscar la muerte. Querer ser matado. Estar en la playa. Tomar birra y jugar a los fichines. Querer comprarse una moto. Hacer algo que dé plata, ni siquiera que sea un trabajo, sólo algo que dé guita. Comprarse mil birras. Andar en bicicleta. Querer ganar algo, aunque sea un peluche. Viajar a Brasil.

 

 

Por Juan Gabriel Miño.

Colaboración
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