Revista Palta | UNA TÍA COMO MORIA CASÁN
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UNA TÍA COMO MORIA CASÁN

Cuando teníamos menos edad y los padres divorciados no eran tan habituales, nos sentíamos bastante incómodas explicando que teníamos dos casas y que nos dividíamos para pasar las fiestas en familia. Odiábamos que nos preguntasen sobre la edad de los novios de nuestros padres, o si los hijos de los segundos matrimonios eran hermanos o medio-hermanos.

Esa incomodidad de familia alternativa, alejada de la noción básica de familia como institución con su mascota y sus vacaciones en la costa, es algo que se fue naturalizando con el tiempo. Hoy, de hecho, no somos las únicas en el grupo de amigas que nos corremos de la familia “tipo”.

Parcialmente resuelto esto, ahora la conquista social y cultural es seguir naturalizando todas las formas de familia.

Después de ver Primavera coincidimos en recordar algo que nos pasó, hace ya un tiempo, con algunas de Almodóvar: la naturalidad y la desdramatización de este tipo de temas. Primero con la homosexualidad, ahora con la familia que algunos llaman “alternativa”. Santiago Giralt la muestra libre, desordenada y real, con una armonía tal que el conflicto no se desenvuelve alrededor de ella. Y eso se agradece.

Pensamos de nuevo en nuestros compañeros de colegio tratando de entender por qué el novio de nuestras respectivas madres no era nuestro papá, y nos encanta ver al niño protagonista de Primavera narrando su historia sin ningún tipo de drama: su padre gay a punto de casarse, su madre separada de su segunda pareja con la cual espera un hijo, su tío joven y seductor, su tía postiza adinerada que va con su chofer a todos lados.

Una familia que no se dejó de juzgar en nuestra cultura, que si bien lucha cada día por ser menos conservadora, no logra dejar de serlo.

Santiago no quiere instaurar un debate, y eso se ve. En ningún momento hay una bajada de línea solemne, ni una pregunta implícita sobre si ese tipo de cosas están bien o mal. No tiene que ver con los tipos de familia, sino con la convicción de que cada familia, sea cual sea, es un mundo en sí misma. Desde ahí parte, y cuenta la historia de un universo que conoce, tanto que logra desdramatizarlo a lo Moria y correrlo a un segundo plano: deja de ser conflicto y pasa a ser situación. Aplausos.

Un ámbito festivo, con todos separados pero unidos, donde no vemos nada más bizarro que lo que ya conocemos. Donde el goce del espectador es salir y hablar de todo, menos de eso.

Equipo Palta
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