Revista Palta | ¿UN TRANS? ¿¡VIVO!?
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¿UN TRANS? ¿¡VIVO!?

¿Dónde están lxs trans que pelean todos los días por ganarse unos pesos para pagar la pensión? ¿Por qué no las veo conversando en el living de Susana? ¿Acaso no son lo suficientemente exitosxs, bellxs y estilizadxs como el modelo trans Laith Ashley?

Me recuerdo de chica cuando iba corriendo hacia la televisión porque ya había pasado un rato desde que el programa de Susana había comenzado y yo me había distraído. En casa no había sillones, pero sí unas reposeras que alguien alguna vez había puesto en el comedor y ahí habían quedado. Hacían un ruido espantoso al moverlas o al sentarse porque se escuchaba cómo la tierra del piso crujía. Vivir en un barrio de calle de tierra es así, no importa cuánto te empecines en limpiar, el polvillo nunca deja de volar.

Susana se había metido en nuestra cotidianidad al punto tal de no necesitar decirle a mi papá que por favor pusiera Telefé. Estallábamos de risa cuando Miguel del Sel personificaba a “la Tota” y yo envidiaba sus piernas y deseaba tener su espontaneidad.

Nunca faltaba entre lxs invitadxs alguna persona que escapara a lo que en ese programa se presentaba como normal: Edward y Nelson, dos hombres que no alcanzaban a medir un metro de alto; Jyoti, la mujer más pequeña del mundo y record Guinness; o Jesús, el mexicano a quien llaman hombre lobo por tener una condición de salud que le genera vellos en la cara.

Los nombres sobran. Toda esta gente expuesta como fenómenos llevaba el rating a las nubes mientras la diva los miraba conmovida por su diferencia y no encontraba las palabras adecuadas para entrevistarlxs. Que si el hombre lobo podría evitar que sus hijos heredaran la enfermedad, o si las personas más pequeñas podían conseguir pareja incluso siendo tan diminutxs.

Hace cuatro años no consumo televisión, ni siquiera tengo una, por ende no miré en vivo la entrevista que Susana hizo a Laith en la última emisión de su programa. El modelo, oriundo de República Dominicana pero residente de Nueva York -y con una notable dificultad para hablar en español- fue presentado en primer lugar como una mujer que había hecho la transición a hombre. Su cambio de sexo/género fue destacado por encima de su condición humana, su profesión, sus pasiones.

Cuando encuentro el video y le doy play la placa anuncia que “nació mujer y ahora es hombre”. Aparentemente, a la producción del programa le resultó increíble que alguien tan hermoso, despampanante y estilizado haya pasado por ese cambio. Y que tenga esos ojos: “pero qué ojazos verdes tenés, y qué sonrisa más hermosa, Laith”.

Y sí que tiene una mirada penetrante. A Susana no le cabe en la cabeza que ese chico que tiene enfrente tenga esa barba, porque cómo puede ser, nadie se puede imaginar que hayas pasado por una transición (oración que tampoco es capaz de formular, sino que comienza a expresar y deja con un final abierto una y otra vez). Lo interroga desde un desconocimiento tan absoluto que no alcanzo a distinguir si se trata realmente de una puesta en escena al mejor estilo Fantino o si es realmente tan ignorante como se muestra.

Laith, quien afortunadamente contó con el apoyo de su familia desde el momento en que expresó su deseo de exteriorizar su identidad, es modelo y activista por los derechos de las personas trans. Tiene la dicha de haber tenido los recursos económicos, además de la contención afectiva, para realizar los tratamientos hormonales correspondientes para sentirse a gusto con quien es. Y es por esa suerte que fue invitado al programa del prime time de Telefé.

No fue por su militancia, no fue por denunciar la discriminación que sufren las personas trans acá, en Nueva York ni en República Dominicana, no fue por visibilizar la violencia que sufre este colectivo: Laith fue tratado como una cosa rara que se debe tener enfrente para poder tocarla y constatar así que es real.

Por eso me pregunto, mientras miro la entrevista, ¿por qué el público del programa aplaude entre risas cuando la conductora pregunta qué se agregó, cómo fue la operación, si lo otro se cerró? ¿por qué se hace énfasis en los órganos sexuales? ¿por qué se expone su intimidad de esa manera?

En el mes de marzo un taxista acosó a Lucía, una joven que caminaba por Av. Federico Lacroze, persiguiéndola con el auto a lo largo de un par de cuadras. Ella lo denunció y dos meses más tarde la mediación tuvo un resultado inédito: el hombre acosador debió hacer un curso de “convivencia, diversidad y Derechos Humanos”.

¿No debería una persona que no conoce la sigla LGBTTTIQ (*) tener la obligación de realizar un curso sobre diversidad sexual y género? ¿Cuántxs nos cuestionamos lo perjudicial que es que una figura pública construya sentido a partir de la ignorancia?

Lejos está de tomar conciencia de la cantidad de personas a las que llega su programa y de qué manera sus palabras y omisiones construyen sentido. El morbo es, una vez más, la carnada número uno que la diva de la televisión argentina utiliza para exponer a cualquiera que no considere normal como ella.

(*) lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transexuales, transgéneros, intersex y queer.

Ana Carrozzo
[email protected]