Revista Palta | TOUCH MY SELFIE
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TOUCH MY SELFIE

Sexting es una palabra que aprendí hace dos semanas, antes de eso, tenía “sexo virtual”. Lo que (me) importa es la composición visual, el estímulo sensorial, no la experiencia cercana a la realidad.

Con una mano me levanto la remera para mostrar una teta y con la otra busco la posición precisa de la cámara que dé en el ángulo perfecto. Busco verme sexy pero no vulgar, algo así como una geisha, con el color de la piel demasiado blanco por la luz intencionalmente buscada que también es la que sirve para disipar verdaderos detalles. Lo que estoy llevando a cabo es la construcción de una imagen virtual en un set de filmación casero que suele ser mi cuarto: soy mi directora, mi asistente de fotografía, la que filma y arma la puesta en escena y claro, la actriz principal. No me interesa ser una copia fiel de la realidad, éste es otro lenguaje, el tono que le doy es casi poético. Saco entre 5 y 8 fotos, elijo una y le doy SEND, me genera un goce pensar en lo que estoy haciendo, me gusta la exposición íntima ante un otro mediante imágenes y espero el feedback, escrito, también visual.

La ocasión principal y primera que tuve de acceder al sexting fue una situacion de relacion a distancia que mantuve durante dos años y que no por estar lejos iba a perder la oportunidad de expresarme sexualmente. Los medios estaban dados, las ganas todavía más. De esa época hay un archivo olvidado en una papelera, hubo mucho material producido, mío, de él, juntos.

Después descubrí ChatRoulette, una pagina donde aleatoriamente aparecen personas en cámara dispuestas a tener sexo virtual. El sistema es muy fácil, simple y probablemente peligroso y lleno de consecuencias que puede ser que no esté teniendo en cuenta. Es una página en la que simplemente aparece un cuadrado donde va a aparecer otra persona aleatoriamente conectada, no dice su nombre ni aporta datos. Vos estás del otro lado. Si lo que apareció no te gusta, simplemente le das NEXT. Esta página puede ser asquerosa muchas veces, la mayoría son hombres con el miembro en la mano que no muestran la cara y esto me parece importante, en esta instancia decirlo: NO hay que dar dar la cara porque una vez que tu imagen se filtra en internet, puede terminar, de verdad, en cualquier lado. Las consecuencias no deseadas, pienso, pueden ser infinitas. No se trata exclusivamente de tener sexo virtual, muchas veces podes terminar haciendote amigos, pero de algún modo, hay algo del exhibicionismo del otro que puede llevar al tuyo y terminar en una especie de masturbación virtual conjunta.

El otro dia una chica me pidió ver una foto en mi teléfono y apenas abrí el “rollo”, lo que más resaltaba del cúmulo de imágenes era un video donde habia una forma amorfa que claramente era una posición sexual. Me puse nerviosa, quise esconder un poco el teléfono, pero la chica estaba muy encima mio y lanzó una risita nerviosa y yo cerré enseguida mi teléfono. La sigilosidad y precaución con el que la mayoría de las personas abren su teléfono cerca mío hace que piense que estamos todos en la misma.

Me parece totalmente natural que si tenemos las herramientas a mano para filmarnos y tomarnos fotos, lo regular sería que las usemos también para llevar nuestra sexualidad a nuevos soportes, algo que es parte de nuestra vida cotidiana, la mediatizamos y generamos con eso comunicación e información.

La sexualidad que llevo a cabo, muchas veces, también quiere volverse pública, ¿y por qué no? Si estamos configuradxs para exponernos digitalmente, y si otrxs lo hacen, no me parece raro que se empiece a armar una gran orgía humana visual.

El sexting es un lenguaje más que toma el sexo entre sus múltiples formas y no por eso el estímulo es correlativo al sexo de la vida real, de hecho, nada que ver. Pienso en algo que leí de Alain Badiou en su libro “Elogio del amor”: “En el sexo, a fin de cuentas, uno está en relación con uno mismo en la mediación del otro. El otro te sirve para descubrir lo real del goce. En el amor, en cambio, la mediación del otro vale por sí misma.”

Julieta Blanco
Julieta Blanco
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