Revista Palta | TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN AL FEMINISMO
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TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN AL FEMINISMO

Por Samantha San Romé.

Supongamos que me puedo tomar una cerveza con viejxs amigxs, muchos de ellos varones cis, y les pido que me ayuden a pensar cómo es posible que hoy en nuestro país se mantengan juntas dos miradas del mundo incompatibles: neoliberalismo y feminismo. Postcolonialismo y liberación femenina, y que ambas convivan con tanta insistencia. Antonio Gramsci, Pierre Bourdieu, Edward Thompson, Raymond Williams, Donna Haraway, Stuart Hall. Perdón por tomarlxs a la ligera.

Gramsci dijo desde la cárcel de Italia que el capitalismo -agrego el sistema heteropatriarcal- no mantiene su dominación y su control sólo a través de la fuerza y la violencia física sino a partir de la hegemonía. Es decir que existe cierto consenso entre las clases dominantes y lxs dominadxs, que hace que algunos valores y prácticas se presenten como naturales y normales y que los/as dominadxs asuman como propias impidiendo la rebelión. Por suerte también pensó -y los Estudios Culturales ampliaron- que este consentimiento no es determinante y que la cultura no sólo es un sistema compartido de significados sino que los mismos están en permanente conflicto, contradicción, oposición y lucha por modos de vida alternativos.

Pierre Bourdieu, en La dominación masculina, retoma una crítica sobre el concepto de consentimiento desde la que Nicole Claude Mathieu rechaza la “culpabilidad” del oprimido y sostiene que la idea de consenso opaca la responsabilidad de los opresores.

Todos estos conceptos son útiles para analizar la sociedad, pero desesperanzadores si esperamos encontrar la fórmula para salir de la dominación. Donna Haraway utiliza la figura del cyborg -que vendría a ser un híbrido, una mezcla entre ser humano y máquina- para pensar(nos) sin género y por fuera de las categorías binarias que definieron nuestros cuerpos: yo-otro, mente-cuerpo, cultura-naturaleza, hombre-mujer, civilizado-primitivo. Para la autora, nuestra relación con la tecnología, si bien es producto del capitalismo, puede ser re-apropiada por el feminismo para el cambio social y la revolución de las identidades y las relaciones humanas.

Toda relación de poder -desde el colonialismo hasta la violación-  está atravesada por cuestiones de género. Fue la heteronormatividad del poder pensado en la dominación amo-esclavo, lo que separó al ‘hombre’ de la naturaleza, creó la propiedad privada, la cultura occidental, los Estados Naciones, la esclavitud, la industria, el consumo, la obturación de las libertades, la economía política. Un poder, como dice Rita Segato, que necesita ser reafirmado ante unx mismx y ante la sociedad a partir de la aniquilación de un/a otro/a.

Stuart Hall tiene un concepto muy lindo sobre la identidad que voy a redefinir con mis palabras: él dice que no importa tanto quiénes somos sino quiénes vamos siendo. La feminista Rosi Braidotti, con las ideas de Spinoza, retoma el concepto de Hall cuando sostiene que tenemos que crear una subjetividad femenina y preguntarnos qué podemos ser y qué podemos ir siendo. Según ella, la lucha de las mujeres es pura construcción de futuro porque no tenemos un pasado de oro que perdimos y al que estamos intentando volver. Las mujeres –y todxs lxs que fuimos excluidxs- no recuperamos cosas porque muchas cosas nunca las tuvimos. No recuperamos la calle, por ejemplo, porque nunca caminamos cómodas y libres. Nuestra relación con la calle es un cálculo constante sobre si tomamos taxi o colectivo, si nos quedamos solas en la parada, si nos bajamos antes y caminamos por la avenida porque las calles son oscuras. Sin embargo, hoy estamos organizadas en espacios colectivos de reconocimiento. Todo es un devenir.

Ya empezó la cuenta regresiva para que la legalización del aborto se trate en Cámara de Diputados. En las audiencias de debate, Darío Sztajnszrajber ubicó a las opiniones en contra del aborto en el plano metafísico. Si eso no es suficiente, basta con prestar atención a todas las prácticas desde las cuales la ciencia y la tecnología actúan sobre/contra la vida para que las ideologías que se oponen a la interrupción voluntaria del embarazo se queden sin sustento: inseminación artificial, control de la población, selección embrionaria. La discusión que estamos dando hoy es una pelea por la autonomía sobre nuestros cuerpos -nuestros cuerpos, que son ofrecidos en la televisión y en las revistas, pero censurados si vamos a la escuela sin corpiño o si nos negamos a ser un recipiente-. En ese sentido no estamos intercambiando opiniones, sino visibilizando un conflicto y luchando por la hegemonía de nuevos significados en torno a las libertades individuales. Las mujeres no debatimos sino que estamos dando una batalla material y simbólica. Material porque tenemos la oportunidad de legalizar el aborto y simbólica porque estamos (re/de)construyendo el mundo social.

Con el feminismo en su esplendor y a 50 años del Mayo Francés que escribió para siempre la consigna “la imaginación al poder”, me parece importante pensar qué nuevas formas de poder proponen las luchas libertarias para llegar a la sociedad que soñamos y cómo todxs podemos participar en la construcción de un ser humanx nuevo.

Esplendor es una palabra que me gusta. Y esa efervescencia que bebemos y respiramos en la calle tiene que ser una oportunidad para cuestionar y poner en tela de juicio todos los poderes que generan sufrimiento. Nosotras, que conocemos la experiencia de la dominación, sabemos que el poder neoliberal también es un poder heteronormado que actúa para mantener las relaciones de violencia. Y que eso no es un concepto abstracto sino que significa muertes por abortos clandestinos, trata de personas, desigualdades salariales, desempleo, pobreza, discriminación, desnutrición infantil. Porque nuestros cuerpos fueron colonizados, sabemos que cualquier negocio imperialista en nuestras tierras implica más subordinación de todxs lxs que fuimos históricamente construidxs como otrxs: pobres, negros/as, indígenas, mujeres, homosexuales, trans, intersexuales, ancianos/as y trabajadores/as. Este protagonismo de las mujeres no puede pasar de largo que estamos para enfrentar las dominaciones sobre todos los sectores que sufren el colonialismo, el capitalismo y el heteropatriarcado. Y así como para Haraway, quizás debamos aprender de los animales y las máquinas cómo no ser un Hombre; debemos aprender del feminismo cómo imaginar un poder, no sobre otrxs, sino para todxs.

Colaboración
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