Revista Palta | TIRATE UN CASO
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TIRATE UN CASO

Pocas veces un recorte de la realidad deja tan claro un punto: en La teoría de un Brian dirigida por José Guerrero, la obra deja resonando nombres que disparan problemas, pero cuyo punto de partida nos arroja un hecho muy concreto, el Brian de la 1.11.14 que mató a Brian de Floresta, de 14 y 15 años respectivamente, casi vecinos.

¿Qué diferencia a un Brian del otro? ¿Por qué hay una víctima y un victimario tan claros? Dos calles de diferencia, inscripciones de origen, un Brian rubio, un Brian morocho. La observación atenta a los mecanismos de construcción de los estereotipos de clase y origen (muchas de las notas aclaran que el “Brian” asesino es argentino pero nació en Perú” ), se despliega mediante fragmentos de actuación, relatos, videos y movimientos que hacen un todo; tal como se monta una producción de una noticia, que como tal es producida por decisiones y a su vez, produce efectos.  La teoría de un Brian, interpela nuestro sentido común y disecciona la construcción de un relato que se presenta como hegemónico: los noticieros producen información que se presenta como inocua pero cuyo correlato implica movimientos cuyas consecuencias dan lugar a convocatorias a manifestaciones masivas, tales como, aquellas del reclamo de modificaciones del código penal, que exponencian el discurso punitivista y expanden aquello que se entiende como el problema de la inseguridad.

Recordé aquellos documentales de “investigación”, de esos breves que cortaban la semana mientras tomaba la merienda que llevan a cabo muchos noticieros: la música que reproducen para llevarte hasta las lágrimas, la construcción de un show que utilizando los dispositivos de la ficción más teatralizada, representa sectores de nuestra sociedad que se sacralizan y se objetivizan sin darles voz a los protagonistas para que puedan exponer sus preguntas sin guionar, porque ¿quién sabe qué dirían? Posiblemente demandas que no figuran en la construcción de las agendas políticas y comunicacionales hegemónicas.

La obra usa recortes y dispositivos concretos de actuación, o proyecciones en loop, que diseccionan parte por parte los mecanismos de construcción de las noticias en los medios de comunicación, específicamente, televisivos. En este caso, todo gira alrededor de un hecho sucedido a fines de diciembre del año 2016: en el cruce de las calles Asamblea y Robertson dos jóvenes le roban la mochila a una mujer. Al mismo tiempo, un auto pasaba por la zona, yendo hacia algún lugar y un encuentro desafortunado se produce: la marginalidad en la vida cotidiana. Lxs jovenes de la moto le disparan al auto al pensar que están siendo perseguidos. Brian de 15 años gatilla una pistola que impacta en Brian de 14.

Ya desde su título, La teoría de un Brian, se presenta como una hipótesis de investigación de la cual se desprenden aristas infinitas de artefactos e intenciones políticas que van desde la generación de víctimas y victimarios elegidos con cautela para disparar discusiones que se transformen en legislaciones como la baja de la imputabilidad hasta la búsqueda del rating en la televisión utilizando la pobreza como espectáculo. El problema de la “inseguridad” es uno de esos temas televisivos que se consolidó en los 90’s, en los noticieros, que a su vez se instalaron como medio de información permanente durante las 24 horas. Al ser esta una construcción comunicativa que implica todo el día de transmisión –  modifica el modo de contar los policiales.

La Teoría de un Brian es una hipótesis porque es una pregunta abierta todavía, porque desde ese lugar comunicativo es desde el que se sigue construyendo.

Julieta Blanco
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