Revista Palta | SU HERENCIA: LA REVOLUCIÓN
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SU HERENCIA: LA REVOLUCIÓN

Un día, allá por el mil novecientos y poco, repentinamente, a mi abuelo lo llamaron por teléfono para decirle que habían encontrado a la madre de su primer hijo en un pueblo lejano. Que se había ido hasta allá, sola y de manera clandestina, a realizar un aborto, y que había fallecido. Así se enteró él. De su embarazo y de su muerte. Y fue a buscarla, en secreto, en su auto, para traer el cuerpo, para despedirse, para enterrarlo. La sentó en el asiento del acompañante, tiesa y coqueta, para evitar sospechas, controles; y se volvieron juntos todo el camino a casa. Un camino largo.

Tiempo después conoció a mi abuela, con quien se volvió a casar y tuvo otras dos hijas. Estuvieron juntos hasta que le tocó partir a él, hace unos años, con 97 suyos.

Mi abuelo fue un moderno, un revolucionario. Alguien que, incluso en esas épocas, perdonó la mentira sin enojo y con amor, respetó la decisión de quien era su esposa de elegir por su cuerpo -aunque no le haya quedado otra-, la fue a buscar, la lloró, la amó más, se puso en peligro él también, se la trajo de vuelta.

Mi abuela siempre se sintió menos, como si no pudiese competir con una historia tan fuerte. Como si el amor de la vida de mi abuelo no fuese ella, quien pasó toda la vida a su lado, sino la otra, que murió temprano.

Él siempre se mostró muy amoroso con ella y jamás dio indicios de quererla poco, o menos. Habló, durante toda su vida, con mucho amor de las dos. Pero mi abuela es así, le cuesta el amor propio, le gusta quejarse. Se ve que tengo a quien salir. Y también creo que se pregunta si él la hubiese mirado si la primera no hubiese partido.

Dónde estaría cada uno de nosotros si mi abuelo hubiese sabido lo del embarazo. Si el aborto hubiese ocurrido igual, si se habrían peleado antes, si él la habría acompañado, si lo hubiesen tenido. Si hubiera conocido a mi abuela, si se hubieran enamorado, si nos hubiesen planeado y hecho lugar en el mundo a todos nosotros, los de este lado de la familia. Si mi abuelo hubiese sido más feliz envejeciendo con quien fue su primer amor.

Yo no puedo responder a esas preguntas, yo solo sé lo que sí pasó. Y lo que sigue pasando. La cantidad de gente que, incluso casi un siglo después, no logran ser como mi abuelo, no las entienden, se enojan y no las van a buscar.

Con sus actitudes, su espíritu revolucionario y su historia, mi abuelo me enseñó a luchar. Por mi libertad y la de todxs, por los derechos que nos merecemos, por el amor. Por la posibilidad de elegir.

A mí me gustaría ser tan revolucionaria como él y como la mujer que eligió antes que a mi abuela; con mis acciones, con mi palabra, con mi hacer, con las historias que les cuente a mis hijos. Para que tengan los valores y la valentía de su bisabuelo. El que le enseñó a mi mamá que la felicidad es más feliz si es compartida, el que todos los días se desviaba un poquito con el auto para pasar con ella por el río, tocar el agua y decirle “¿Sentí, no es hermoso?”; el que le contó esta historia. El que, de alguna manera, me la contó a mí también.

 

Manuela Martinez
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