Revista Palta | SIN TRABAS A LAS TRAVAS
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SIN TRABAS A LAS TRAVAS

Por Valentina Groba.

Cuando tenía diez años vi a Florencia de la V en la televisión. Me acuerdo de preguntarle a mi mamá sí era una mujer o un hombre. Había algo en lo que yo veía que no me devolvía la imagen estereotipada de lo que me habían enseñado que era una mujer. Con los años la vi mucho más en la televisión, siempre actuando en sketches, siempre muy graciosa. Era a la única travesti que yo “conocía”, y en mi mundo de alguna manera se empezó a forjar la idea de que esas personas existían en la tele y eran super estrambóticas, extrovertidas, graciosas. Y no sólo me había armado una idea sobre el carácter, sino también de cómo son sus cuerpos. Florencia de la V, tiene piernas largas, tetas paradas, panza chata, pelo largo y brilloso. Así que también terminé asociando ese aspecto físico a las personas trans.

Una vez que salí de la secundaria, ese micromundo conformado por familias tipo, donde la gente trans no estaba, empecé a cruzarme con diferentes personas. Diferentes personas que me llevaron a diferentes lugares, donde algunas ideas que tenía en la cabeza, por suerte, se pusieron en jaque.

Lo primero que desarticulé es que las personas trans no son graciosas, felices, sonrientes por ser trans, a lo sumo lo serán por cómo es cada unx, pero no por su identidad de género. Y también aprendí que existían fuera de la tele. Por más perverso que esto suene, es tal la invisibilización que tuvieron en mi vida que por un momento creí que no existían fuera de ese ámbito. La gran mayoría trabajan y mantienen a sus familias en un estado de vulnerabilidad y marginalización permanente, donde pocxs pueden elegir su trabajo, o la manera de vivir su vida, relegadxs por un Estado y una sociedad que decidió, y sigue decidiendo, invisibilizarlxs. Olvidando, o decidiendo ignorar, que antes de ser trans, mujeres, hombres, no binarios, son personas. Personas que quieren vivir sus vidas con la misma libertad que cualquier ciudadano. Tener una casa, estudiar, tener acceso a la salud, trabajar de lo que les guste, salir de noche con amigxs sin miedo.

Hoy, de cara al paro internacional feminista y con ya tres asambleas realizadas en la Ciudad de Buenos Aires, algunas discusiones comienzan a efervecer nuevamente. Algunas de las cuales sentí que ya estaban saldadas, o que yo ya había saldado. ¿Hay que darles lugar a las feministas más radicales o no? ¿Son éstas parte del feminismo que convoca al paro? ¿Si es biologicista, es feminista? ¿Es feminismo si deja afuera a víctimas del patriarcado? La discusión por lo que es ser mujer, y por ende a quiénes les correspondería estar ahí y a quiénes no, tomó parte de la asamblea, y se agudizó aún más en las redes sociales.

Las RadFem, TERF, feministas biologicistas, niegan una premisa que para mí es fundamental en el feminismo, esta es: entender al género como una construcción social. Si este fundamento básico no es contemplado, de hecho es en este caso rechazado, entonces no estamos hablando de feminismo. Para mí, esta idea es central, porque da lugar a otras dos premisas igual de importantes. Una es la disociación del sexo biológico de lo que es el género de esa persona, y rompe con los estereotipos asignados de lo que una mujer debería ser y hacer, y lo que un hombre debería ser y hacer. Rompe con los binarismos que sostienen y reproducen, entre otras cosas, los ideales de familia.

El biologicismo al negar esta idea y, por ende, afianzar la prenoción de que nuestras identidades de género están directamente determinadas por nuestro sexo biológico, decide desestimar la lucha trans-travesti y excluirla del movimiento feminista. Ya que al no poseer concha, no son mujeres, y si no son mujeres, no son oprimidas por el patriarcado. En definitiva, las personas trans sufren otro tipo de discriminación y deberían tener su propia lucha. ¿Es distinta la opresión de este colectivo? ¿por eso debería llevar otra bandera? y por ende, ¿hay que dejarlxs fuera de la lucha feminista?, ¿no es el mismo monstruo que nos somete a todxs? Parecería que a veces nos olvidamos contra qué estamos luchando.

Me entristece ver que en nombre del feminismo haya gente que opere de esta manera, porque el feminismo fue lo que me dio a mí el espacio para poder cuestionar esas ideas que tenía sobre las personas trans (y tantas otras). Es un espacio para entender a ese otro, nuestras diferencias, y similitudes. Un espacio para aprender, romper estereotipos y creencias predeterminadas, pero nunca un espacio de segregación. Es un espacio de cuestionamiento activo, donde siempre tengo más preguntas que respuestas. Es por estas razones que no puedo concebir a un “feminismo biologicista” como feminismo.

Mientras hay personas que deciden invisibilizar a las personas trans (travestis, transexuales) y creen que tienen el poder de segregarlas de un movimiento que no les pertenece, está en paralelo el colectivo trans que está creciendo y va a seguir luchando por sus derechos indefectiblemente de si ese llamado feminismo le da lugar o no. Un feminismo en donde tener concha habilita y te posiciona en un estado de poder, por sobre identidades disidentes, dejandolxs por fuera del movimiento feminista termina operando de la misma manera que el patriarcado. El biologicismo construye poder desde un lugar indiscutible, generando una brecha entre lxs que tienen y los que no tienen, creando así una identidad política a través de los mismos argumentos que el patriarcado: colocando a las personas trans en la vereda de enfrente, insivibilizandolxs.

El pasado domingo 10 de Febrero, se estrenó Mocha en el museo Malba, un documental sobre el colectivo trans realizado desde el colectivo trans. El Bachillerato Popular Travesti-Trans Mocha Celis, ubicado en el Barrio de Chacarita que funciona desde el 2011, realizó el documental con la intención de contar las historias de lxs estudiantes y visibilizar la búsqueda a un acceso justo a los derechos ciudadanos. Recientemente el instagram de archivo de la memoria trans se mostró en repudio a este biologicismo que excluye a las personas trans y travestis. La foto que eligieron para enmarcar el repudio fue la de Karina Urbina en los ochenta sosteniendo dos carteles. Uno de ellos decía: “somos personas”.  

Cuando vi la foto pensé: hizo falta un cartel para aclarar que son personas, y por ende sujetos de derechos dentro de esta sociedad. ¿Por qué hace falta ese cartel? Porque hay una sociedad entera que sigue negando, invisibilizando, relegando al colectivo trans. Una sociedad que ignora la cantidad de travesticidios que suceden día a día y no quiere ver ahí una situación de opresión y discriminación, porque prefiere hundirlo, dejarlo pasar, que nadie se entere. La discriminación mata.  

Lo que intento decir con todo esto es que mientras que hay un sector que se esconde bajo el nombre de “feminismo biologicista”, que ignora y apalea los derechos de las personas trans, hay un enorme colectivo de travas y transexuales, que existe hace mucho tiempo y que no va a parar. Aunque les pongan trabas, aunque quieran excluirlxs de espacios que también les pertenecen, este colectivo no va a volver a la clandestinidad y va a seguir luchando activamente por sus derechos. Un colectivo con memoria activa.

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