Revista Palta | ¿SIEMPRE ESTARÁN EN MÍ?
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¿SIEMPRE ESTARÁN EN MÍ?

Me saqué una selfie llorando y se la mande a las amigas que podrían entender lo que me estaba sucediendo en ese momento. Un momento emotivo y millenial.

Claro, decirle adiós a una serie que me gustó tanto es por lo menos, difícil. 4 años, 6 temporadas, es inevitable sentir que este programa no sólo me acompañó, si no que presenció mi evolución. Tanto como yo la de los personajes.  

Girls no sólo explora el mundo amoroso, no, y no me voy a agotar de decir que no es la típica novela de chicas. Esta serie explora la amistad, uno de los vínculos más misteriosos que existen. Se anima a decir lo que ninguna otra serie se animó: que el trabajo de ser amiga es más complicado de lo que se ve.

Estar ahí, siempre, en cada momento, ¿para todo? Cómo cuesta. Yo siempre sentí que la amistad era algo así como el tender de tu casa. Hacemos el mejor esfuerzo para que entre todo… pero a veces no hay lugar para tantos mundos en un mismo lugar. Y está bien.

Puedo cerrar los ojos y acordarme lo que sentía en el colegio, esa infinidad de sentimiento, esa idea de que el para siempre es en realidad para siempre. Como cuando nos parecía un planazo comer chocolinas con dulce de leche viendo MTV, aprendiéndonos las mismas letras. A Mery también le gustaba el pop, y para mi, eso era suficiente.

Ser amiga era compartir las mismas ideas, los mismos horizontes, ver los mismos paisajes. Cuando sos chica lo que te diferencia es bastante poco, y el dulce montón se siente más dulce que nunca.

Como esos colgantes que nos comprabamos que decían Best Friends Forever, esos que eran como pequeños trofeos de algo que parecía inquebrantable. Me animaría a usar alguno hoy y ver si su poder mágico sigue intacto. Convertirme en Sailor Moon y que mis amigas aparezcan, como un holograma.

Recorrer ese camino de adulta tiene otro sabor, uno que se siente con más conflicto y a veces con un poco de gusto a duelo. Si tenés suerte, salís de la caída sin un raspón. Si no, bueno, perdés un poco más. Hoy sigo hablando con mis amigas del colegio, pero por alguna razón me alejé de su cotidianeidad.

Quizás lo único que podamos quedarnos de la experiencia sean los instantes. Esos momentos en los que todavía las mirás desde el otro lado de la mesa y decis: que suerte que las tengo. Todavía las elijo. Creo.

Como en Girls, siento que a veces no existen los finales perfectos, finitos. Para algunas cosas tenemos un poco más de tiempo para que la historia se siga desarrollando. Un poco de tiempo para cambiar la trama.

La serie termina y la cámara se aleja dejando a los personajes, amigas, bailando juntas con los brazos en el viento. De fondo suena una canción que dice algo así como “siempre le tuve miedo a los lugares con mucha gente.”  Creo que yo también.

 

 

Por Clarita González Búnster.

Colaboración
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