Revista Palta | SI QUERÉS LLORAR, LLORÁ
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SI QUERÉS LLORAR, LLORÁ

Son las tres de la mañana y estoy redactando un mail para comunicarle a mis jefes que a partir del lunes no voy a ir más a trabajar.

Desde que terminé el colegio me convencí de que estaba preparada para enfrentar el mundo “adulto”. Ese en el que tomás decisiones sobre tu vida y sos totalmente responsable. Ser y mostrarme responsable y madura fue siempre fundamental para mí, aunque quizás la parte de que lo note el resto un poco más. Si había algo que de chica me molestaba era que mi mamá me defendiera. En mi cabeza su protección me hacía ver débil.

Hace unos días un compañero de trabajo, en medio de una discusión, dio justo en mi ego con sólo decir “Cómo se nota que tenés 20 años. Te falta experiencia”. La noche anterior había recibido un mensaje de WhatsApp en el que se me pedía que agilizara el trabajo, cuando todxs sabíamos que eso no era posible. Decidí llegar a la oficina y explicar, nuevamente, los motivos por los que no iba a poder. Pero al parecer mi corta edad fue motivo suficiente para que mi compañero no prestara atención a mi punto de vista. Es que seguramente me falte experiencia, pero eso no tenía nada que ver. Aunque para el sí, y creyó que yo iba a bajar la cabeza y responder algo como: “Sí señor, voy a seguir trabajando”.  Él eligió no hablar de mi forma de trabajo ni buscar la manera de ayudarme mejorar. Me angustió que me trataran de menos por mi edad, pero más me enojó haberme mostrado vulnerable ¿cómo me voy a mostrar así de débil? ¿Llorar hará que él sienta que tiene razón en todo lo que me dijo? ¿Efectivamente mi edad determina mis capacidades?

Me juzgo más a mí misma por mi reacción que a él por sus dichos. Sé que la gente suele subestimar a lxs más chicxs y pensé que estaba preparada para que me tocara a mí. No esperaba que me afectara tanto, angustiarme así. Si bien pude decirle todo lo que pensaba e incluso lograr que me pidiera disculpas, sigo enojada y no entiendo por qué.

Quizás me doy cuenta de que yo también durante toda mi vida le puse carga a la edad. Que me enoja haber llorado porque relaciono la vulnerabilidad con la niñez. Porque pensé que al madurar iba a dejar de lado eso de llorar cada vez que algo me lastimara. No estamos preparadxs para ver a una persona grande llorar. Yo no estaba preparada para verme llorar en el laburo. No estaba preparada para recibir la imagen que me devolvió el espejo del baño: los ojos hinchados y rojos, el maquillaje corrido.

Ese viernes después de que mi compañero me pidiera disculpas agarré mis cosas y decidí irme. Cuando estaba por dejar la oficina escucho que él me dice: “Porque además sos mujer. Y a una mujer no se la trata así”. Y ahí lo supe. Algo que ya sabía, pero por un instante había olvidado entre tanto autoflagelamiento espiritual. Así nos educaron. Éste chico es nada más y nada menos que un claro reflejo de la sociedad en la que vivimos. Y yo también lo soy. Él juzgandome por joven, dando por hecho que como tengo 20 años hay cosas que no entiendo y que por eso no puedo hablar de ciertos temas. Yo juzgándome por débil y por pendeja, como si crecer me hiciera más fuerte.

Quizás éste trabajo no era para mí, como le dije a mi familia y amigxs para justificar mi renuncia. Quizás todavía tenga cosas por aprender. Quizás tengo que destruir algo de todo eso que creía saber, a ver si dejan de afectarme y angustiarme situaciones como éstas. O quizás tenga que amigarme con mi angustia y aceptar que ser una chica y ser sensible, por más que a la sociedad le moleste, no es algo malo.

Paloma De La Jara
Paloma De La Jara
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