Revista Palta | RECORTE TOTALITARIO
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RECORTE TOTALITARIO

¿Mi vida «real» y mi vida virtual, no componen, juntas, dos mundos paralelos? En los últimos meses me di cuenta que, para mí, Instagram es una clase de escape. Allí elijo seguir a aquellas personas que me brindan un contenido sensible y profundo, como si buscase sólo aquello que contiene cierta belleza, cierto compromiso artístico con instantes particulares de lo cotidiano. ¿Por qué ese filtro? Cada tanto reviso mi perfil, ese cúmulo de mosaicos que fui armando con una intención más o menos poética y vuelvo a cada momento no sin un sentimiento melancólico: es hermoso el recorte que puedo hacer de ésta vida en movimiento, allí todo es perfecto (y perdurable). Del mismo modo, puedo pasar varios minutos yendo de un avatar a otro y todas las personas me resultan interesantes, porque esas vidas son las que busco, y a partir de lo que encuentro también idealizo la mía propia.

Mi perfil resume «éste soy yo». Voy por ahí compartiendo instantes, lo que aprecio como postales y momentos de sumo valor y se me ocurre interpretar esas horas en Instagram como pequeñas pausas. Tomo registro de lo más bello de esta existencia para componer otra, virtual, desde donde interactúo más conforme a cómo quisiera que fuese todo: momentos precisos y siempre gratos. Y decido compartirlo en blanco y negro, como haciendo una distinción entre la belleza y la percepción que elijo para una vida u otra.

A veces, a la hora de interactuar cara a cara es como si me incomodase que me viesen en colores, el hecho de no poder mostrarme a través de una imagen estática y sin sonido, a través de un ángulo preciso, y todo eso que soy por fuera de ese recorte controlado que hago de mí mismo en mi perfil de Instagram. Tiendo a hablar poco, y la imagen resulta cómoda, cómplice. Prefiero recluirme allí, en la muda expresión de la foto. Nunca resultó tan sencillo resumir mi vida; dónde estoy, qué hago y qué me gusta. Slavoj Žižek, en una charla titulada Personality trata el tema de la imagen pública en las redes bajo la idea de mostrarse como alguien distinto, y parece que una vez que eso se concreta en el perfil individual de cada unx lo que resta es la interacción mediante ese contenido: en Instagram me desdoblo, restrinjo con quiénes y cuántas personas comparto el collage de lo que elijo como el total de mi vida. Ese es para mí el sentido, la ventaja. Selección y recorte.

Mientras escribo en la galería de casa, el sol baja lento sobre el paredón del patio, las sombras se disgregan y sudo muchísimo, hace calor y no me siento cómodo: es en estos momentos en los que se me ocurre que sólo vivo a la espera de esa imagen que irá a componer otro cuadro en el mosaico de mi perfil sin colores. Y es probable que, si no la encuentro, tenga que crearla. Si no, podría invadirme el sentimiento de existir a medias, de haber abandonado ese otro mundo, lleno de belleza, lleno de gratificaciones y likes. Lleno de gente feliz.

Nicolás Fernández Ramos
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