Revista Palta | PUTO MANCHA CAMISETA
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PUTO MANCHA CAMISETA

La primera vez que fui a ver un Boca-River fue en Mar del Plata. Fui con mi viejo, algún tío, mi hermano, varios primos, algunos amigos de esos circunstanciales que me daban los veraneos en Miramar.

Mientras nos ubicábamos en la tribuna, alguien, uno de los adultos, nos dijo: miren que acá se puede putear”. Me acuerdo de que la hinchada de River cantaba que nosotros (los de Boca) éramos todos negros, putos, de Bolivia y de Paraguay. Los que eran de River en el grupo empezaron a cantar eso entusiasmados. La sonrisa incrédula de un niño que puede putear adelante de los más grandes. Los adultos codeándose entre ellos, alegres de ver que los más chicos se animaban a decir malas palabras y a estirar el brazo. Los de Boca no se quedaban atrás y la hinchada cantaba que quería jugar contra River para matarles el tercero. Se referían a un episodio en donde después de enfrentarse ambas barras bravas habían muerto dos hinchas de River. Eso era lo que cantábamos los de Boca sonrientes.

Cuando terminó el partido, pese a ser un amistoso, hubo inconvenientes. Tuvimos que esperar un rato largo para salir y después nos encontramos afuera con la policía con caballos y con gases lacrimógenos. Recuerdo la sensación de ardor en los ojos, la garganta que se cierra, el miedo por los caballos que la policía tiraba encima de la gente.

Al otro día, día de playa, me desperté afónico. Para mí era como una herida de guerra. Había ido a la cancha, había puteado con los más grandes, había visto a la policía tirando caballos sobre la gente, nos habían tirado gases lacrimógenos. Y tenía como prueba de todo eso y como medalla, la voz rasposa y gastada. En los pasillos del balneario cada uno se vanagloriaba de las historias de la noche anterior. Además, los que habían ganado (ya no recuerdo si Boca o si River) cargaban a los del equipo rival. Los que habían perdido iban a ser, durante todo el verano o hasta el próximo partido, unos cagones y unos putos.  

Pienso en todo esto mientras veo una entrevista a Carlos Tevez, ídolo de Boca, en un programa de fútbol de cable:

“A Lito yo lo llevo al barrio conmigo. Es chico todavía pero imagínate… La madre, los abuelos, el único varón, ¿viste? Si no lo llevo al barrio a que le den un par de cachetazos, está ahí de doblar la muñeca. A Lito lo llevo para que se haga con los pibes de ahí, para que se haga…. para que juegue a la pelota”, comenta Carlos Tevez, entrevistado en el piso de un programa sobre fútbol. Marcelo Palacios, uno de los periodistas deportivos que lo está entrevistando, lo corta en seco. “Mirá Carlos, yo te respeto como jugador, pero vos sabés lo que estás diciendo?”. Gastón Recondo, envalentonado por su colega, lo secunda: “Qué bueno que lo digas Marcelo, porque yo la verdad escucho esto y también tengo que frenar la entrevista y aclarar las cosas”. Carlos Tevez se pone incómodo en su silla, se toca el micrófono, baja la cabeza, busca fuera de cámara a su representante. Pero Marcelo Palacios sigue adelante: “Carlos, vos estás diciendo que si alguien no es heterosexual hay que cagarlo a trompadas”. Gastón Recondo parece relamerse ante la posibilidad que está teniendo: en medio de un programa de televisión en vivo, al fin puede dar un mensaje que valga la pena. Se atolondra un poco, se pisa con su compañero de trabajo y lo mira fijo al jugador de Boca Juniors: “Carlitos, vos estás diciendo esto en vivo en televisión y cualquier chico o chica que te tenga de ídolo va a sumar dos más dos y a pensar que si no sigue la norma sexual establecida alguien debería venir a cagarlo a trompadas”. Carlos Tevez se excusa: “mirá, yo en verdad estoy hablando de mi hijo, no de todos los pibes del país… aunque mi hijo puede hacer lo que quiere, claro… pero bueno viste, en el barrio… lo que pasa que él es varón y… el fútbol… culo”. Se hace una pausa inmensa. Carlos Tevez baja la cabeza y habla. Su voz es casi un susurro: “perdón”. Marcelo Palacios se agita un poco, se le traba la voz, porque está algo eufórico y mira a cámara: “bueno, ese fue Carlos Tevez, jugador de Boca Juniors; lamentablemente vamos a tener que cortar la nota acá; queremos aclarar que nadie en esta producción está de acuerdo con las palabras de Carlos. Creemos que él está muy confundido, tal vez producto de haber vivido en China durante tantos meses, y que sus palabras pueden herir muchas susceptibilidades. Ahora le hablo a cualquier pibe o piba que esté mirando este programa: nadie puede decirte cómo tenés que ser, ni este jugador de fútbol que está al lado mío ni nadie más. Vamos al corte”. El programa va al corte mientras Carlos Tevez mira a ambos periodistas preocupado, como pidiendo disculpas.

Hubiera sido lindo que así sea, pero la respuesta de los periodistas que describo en el párrafo anterior, nunca sucedió. Lo único que sí sucedió fueron los dichos homofóbicos y estigmatizantes de Carlos Tevez.

Los periodistas deportivos, una vez más, se abstrayeron de su rol de analistas del deporte y del de formadores de opinión: Marcelo Palacios se rió como un adolescente confundido ante un chiste verde en una clase de biología; Gastón Recondo intentó justificar al futbolista con una respuesta que ahonda en el machismo: “si, no, no, de ser frágil ante… ante la adversidad, exacto”. Después, siguieron hablando acerca de si Tevez ganará o no ganará la copa Libertadores este año.

Tevez habla de que su hijo es el único varón, pero que está ahí de doblar la muñeca; luego pide que le den un par de cachetazos; dos periodistas le contestan primero con una risita estúpida y luego lo afirman diciendo que claro, que su hijo, al ser varón, no puede ser frágil ante la adversidad. Estos comentarios son, también, el germen de la violencia de género.

Me acuerdo una vez más de ese primer Boca-River que fui a ver. Pienso en el ritual de masculinidad que escondía esa noche, los días subsiguientes, ese verano. Putear, bancarse gases lacrimógenos, ver quién era menos puto y menos cagón.

Investigando para este nota, una compañera me comparte una cita de Eleonor Faur que dice lo que tengo en la punta de la lengua:los dichos de Tevez no sólo hablan de la homosexualidad. Además, confirman que la masculinidad se construye como negación, afirmando aquello que los varones NO son ni deben ser: mujeres, niños y gays. Simple: porque en sus cánones, valen menos que varón”.

Pienso que hace tiempo estoy esperando, iluso, que alguna vez alguien responda como en la utopía que imaginé. Tal vez cuando eso suceda se comience a poner seriamente sobre la mesa y en todos los círculos un debate que ya es impostergable.

Lucas Palacios
Lucas Palacios
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