Revista Palta | PLEASE CATARSIS LIKE ME
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PLEASE CATARSIS LIKE ME

Siempre fui muy mala para resumir las películas o los libros en una sola frase. Supongo que mi falta de síntesis tiene que ver, un poco, con mi creencia de que “de lo que trata” una película es algo imposible de compendiar o de explicar en palabras; y, otro poco, con que suelo odiar las películas donde la historia es solamente una. Y la razón de esto es que creo que en la vida la historia nunca es solamente una.

A medida que fui creciendo fui notando, cada vez más, que nunca lloro por un solo motivo sino que detrás de cada lágrima, o de cada risa, hay un mundo: mi mundo. Y eso es muy difícil de resumir, de encasillar en un género, de narrar linealmente. Creo que, como personas, somos un conjunto infinito de historias poco concretas, y que cuando lo condensamos en una sola los personajes se vuelven llanos, algo de ese mundo interno se pierde.

Las series o las películas cuando me atrapan, suelen estar bastante lejos de una sinopsis del estilo “un personaje principal de tal edad que labura de esto y quiere lograr tal otra cosa”. Tiene más que ver con cosas que no puedo explicar, con conflictos que van más allá de lo que pasa. Un personaje al que le pasan un millón de cosas y a la vez no le pasa nada. Que llora sin saber por qué. Que no tiene objetivos claros.

En Please like me encontré todo esto. No me enganché con su “argumento”, sino su manera de ser. Porque también creo que las series tienen una manera de ser, así como de pensar, de hablar, de moverse, de interpelar.

Josh Thomas escribe desde sí mismo con una generosidad tal que no tiene miedo de hablar de su vida de una manera brutalmente honesta en todos sus aspectos: la separación de sus padres; su relación con su sexualidad, con su homosexualidad y con los hombres; su madre bipolar; la nueva familia que forma su padre con una tailandesa, y la familia que elige él en sus amigos imperfectos, la pequeña comunidad que forman y cómo eso va transformándose; el dolor y la felicidad que eso le genera, la sensación de avanzar, el preguntarse hacia dónde; la vocación, la falta, el miedo, la incomodidad y la comodidad excesiva, la soledad.

Hace de sí mismo un personaje eternamente querible quien, como muchos de su generación, aprendió a disfrazar la amargura de banalidad y autosuficiencia; está lleno de expectativas incumplidas, ideas erróneas sobre lo que significaba ser adulto, y una fuerte sensación de estar demasiado solo y demasiado acompañado al mismo tiempo.

Más allá de lo similares o distintos que sean los hechos particulares que afectan a Josh a los que me afectan a mí, puedo decir que nos parecemos. Que a los dos nos pasan muchas cosas, que a veces no sabemos cómo nos sentimos con eso, o nuestros sentimientos no se condicen con lo que dicen que deberíamos sentir; que no siempre tenemos objetivos o intenciones tan claras, que a veces hablamos de más, que otras nos arrepentimos; que nos cuesta decir algunas cosas y por eso a veces alardeamos emociones poco importantes y nos guardamos las que más nos duelen. Que hacemos lo que podemos con lo que nos toca.

La síntesis de mi vida actual diría que soy una piba de veintidós que sueña con ser una escritora o actriz exitosa y con enamorarse. Pero una sinopsis de ese estilo no refleja, casi en absoluto, mi vida cotidiana, mis problemas, mi búsqueda. Porque aparte de tener veintidós, lo que planteo como sueños son en realidad vocaciones poco claras que responden al mandato del éxito que me enseñaron y que disfruto de cuestionar; y mientras cuestiono me siento gorda, tengo una relación rarísima con mi papá, mucho amor por los libros, una abuela en un geriátrico, soy vegetariana, disfruto de militar y de cuidar a mis sobrinos, me enamoro fácilmente y a veces de más de un chico a la vez, tengo cinco hermanas de las cuales una es bipolar y también tengo una gata a la que cuido como a una hija, amigos que son más que amigos, conocidos que me gustaría que fuesen más cercanos, trabajos esporádicos que no me satisfacen, una psicóloga que me conoce más que yo misma, muchas ganas y mucho miedo de ser madre, una imagen mía que doy en las redes -de la cual dudo constantemente-, y una dificultad naturalmente enorme a la hora de hablar del futuro.

Please like me funciona como una ventana a la vida de una persona hermosa, imperfecta y acomplejada, para observarla durante un tiempo antes de volver a cerrarla. Invita a reflexionar sin sacar conclusiones. Sin historias atrapantes por resolver o conflictos vitales que se deben dar por cerrados; sino, como en la vida, situaciones que están y otras que pasan. Una búsqueda interminable atravesada por sensaciones que van y queremos que se queden, y otras que nos incomodan pero que siempre vuelven.

Donde el problema no es el amor, o la vocación. Ni siquiera tiene que ver con encontrar un lugar en el mundo o con el desamparo propio de no saber hacia dónde va tu vida cuando tenés veinte. El conflicto es, simplemente, ser. Con eso basta y sobra.

Desde ahí, sin esconder ni edulcorar, se plantean asuntos como el aborto, el suicidio o la homofobia; se desafían con soltura los valores sociales más establecidos y se cuestiona la frivolidad de los cánones de belleza. Sin sensacionalismo, sino desde el lugar real que ocupan en nuestra vida: fantasmas que están y con los que tenemos que aprender a lidiar aún cuando los tenemos incorporados.

Un guión alucinante que juega con el tono mismo de la vida, donde hablamos en exceso y confesamos en silencio. Situaciones que te llevan de la risa al llanto y que muchas veces también te descubren haciendo las dos cosas a la vez.

Una serie que atrae y atrapa no por su “historia”, sino porque cada parte de la misma no es más que una excusa para hablar -entre líneas- de lo difícil, y a la vez simple, que puede resultar ser -y sentirse- persona en el mundo que habitamos. Pero que, a pesar de todo, es una celebración a la vida. Al amor, a la amistad, a la -y las- familia(s), a los mundos internos de las personas. Una especie de recordatorio con una alarma que se enciende para decirme que no soy una historia, sino muchas; que todos mis sentimientos son válidos; que voy a estar bien y que todo lo demás también. Please like me es una ayuda, una invitación a aceptarnos y a relajarnos en, simplemente, ser y estar en cada pensamiento que nos habita, en cada lugar a donde vayamos.

Manuela Martinez
[email protected]