Revista Palta | PLAYLIST: TOP 10 DE AMOR
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PLAYLIST: TOP 10 DE AMOR

10 – Love minus zero/No limit, Bob Dylan

La primera vez que me hizo escuchar Love minus zero me cayó un poco mal porque pensé que Dylan le hablaba a una mina que le gustaba por ser calladita. El tema arranca y dice my love, she speaks like silence, y yo pensé “y este qué me está queriendo decir”. Y sonreí pensando que igual no me importaba, que esto no era más que un polvo pasajero, y me dijo que un poco le gustaba mi sonrisa, nos sentimos cómodos y nos dormimos.

 

9 – Chica Bandida, Damas Gratis

La noche que fuimos a ver a Damas Gratis al Luna terminamos cogiendo en el baño de un barcito del microcentro.  Recién empezábamos a mostrarnos en público, después de andar algunos meses jugando a las escondidas. Era la primera presentación en sociedad frente a nuestros amigos y no tan amigos, y fue de la mano de Chica bandida. Cuando Pablito tiró eres hermosa y de bombacha floja, me agarró por atrás y me dijo “qué buen culo que tenés”. Fueron más de cien temas al hilo, entre los que Pablito paró solo una vez para cambiarse la remera y revolearla a la tribuna, y nosotros aprovechamos para perdernos entre la gente y tocarnos fuerte con la ropa puesta.

 

8 – Blue Moon, Billie Holiday

Me di cuenta que lo quería la vez que sonó Blue Moon de Billie Holiday en mi playlist mental. Fue en la terraza de su edificio, con un acolchado tirado en el piso, unos ravioles refritos y unas latitas de Heineken. En el diario habían anunciado que se venía el eclipse de la luna roja que, al final, de eclipse tuvo poco y de roja nada, pero fue la excusa perfecta para querernos sin decirnos te quiero. Para mí, la luna se puso azul y todo se sintió medio así, azul, como visto a través de esos anteojos que te daban para entrar al cine cuando recién empezaban a circular las pelis 3D, porque ese es mi color para el cariño.

 

7 – Naranjo en flor, Homero y Virgilio Expósito (Liliana Herrero vocalista, Esteban Morgado en guitarra)

Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamientos. Es un tema que habla del desamor. También es un tema que habla de mi papá, y de la mamá de mi papá, que nació en Zárate, como los hermanos Expósito.

La primera vez que mi papá me mostró este tema tenía once años; fue un mes después de que se muriera mi abuela. Me dijo que había dos tipos de amor: uno como el que sentía por mi mamá; y otro con el que amaba a sus papás, a mis hermanos y a mí. Con el tiempo aprendí que esa estructura está lejos de ser así de lineal y que las posibilidades son infinitas, que hay amor entre papás y mamás, o solo papás y solo mamás, o que no son ni mamá ni papá pero también hay amor. Y también entendí que hay amigos que son hermanos, hay novios que parecen primos, y hay desilusión y desengaño con los padres. Todos tenemos desilusiones amorosas con nuestros papás porque el desamor nos hace crecer y nos hace fuertes. Algunos -generalmente los que hacemos terapia- logramos reconciliarnos después de algún tiempo. Sé que mi viejo no quiso decirme todo esto cuando me mostró este tango, pero un poco quiero decirle gracias.

 

6 – Can’t help falling in love, Elvis Presley (the King)

Hice algo que nunca había hecho antes con nadie: le dediqué un libro. En realidad, a esta altura, ya le había dedicado muchos; pero quiero decir que el primero también se lo dediqué. La dedicatoria no venía en la primera página, sino que estaba escrita en una tarjeta de un cuadro de Van Gogh que compré cuando estuve en Amsterdam (antes de conocerlo pensaba que estaba mal dedicar libros porque después no se pueden prestar). Le escribí un poema de Juarróz. Los primeros dos versos dicen: “el poema respira por sus manos / que no toman las cosas: las respiran”. Quiere decir: te siento con las manos.

Una vez dudé. Bah, muchas veces dudé, porque las relaciones no son burbujas y está bien que así sea. Pero una vez dudé porque me lastimó. Y entonces pensé que quizás algo de ese querer con las manos se rompía. Le dije solo una cosa: los problemas van y vienen, pero quererse como nosotros nos queremos implica cuidarse. Le pregunté si estaba dispuesto a cuidarme. Hizo falta algo de tiempo, pero me dijo que sí; me lo dijo con las palabras, con las manos y con todo el cuerpo. Como si me transmitiera cariño por ósmosis. Y otra vez volví a sentir que estaba bien darle la mano and my hole life too.

 

5 – You can’t always get what you want, Rolling Stones

El full álbum de nuestras vacaciones en Uruguay fue Let it bleed de los Stones. Nos pasamos las noches de Punta del Diablo sentados en la galería de la cabañita que alquilamos, tomando gin tonic y jugando el truco. La última noche me recibí de master of the universe y le gané la apuesta más importante que haya hecho: se tuvo que meter al mar en bolas cuando salió el sol. No sé si lo que pasó es que estaba lo suficientemente puesta o si simplemente me di cuenta que ya estaba hasta las manos, pero cuando lo vi salir del mar en culo y con el sol atrás, escuché todas las voces del coro diciéndome you can’t always get what you want, but if you try sometime you find, you get what you need. Llegó al lado mío, temblando y con la piel de gallina, lo abracé y le dije que era la mejor sensación del mundo.

 

4 – Desconfío, Pappo

No es fácil hablar de un primer amor. En realidad tampoco hace falta. Pero cada tanto un viejo blues me hace recordar. Y también me lo recuerdan los sueños. No es que sueñe con él, pero encontró una manera rara de meterse a escondidas, como tangencialmente, un personaje secundario del capítulo de Netflix de mi cabeza. La última vez soñé que estaba caminando por las calles de mi barrio a encontrarme con una amiga; en un momento paré en un kiosco a comprar unos chicles. Él atendía el kiosco. Me dijo “Hola, diez pesos, gracias, que estés bien”. Nada más. Pienso que si me lo cruzara ahora en el plano de la realidad, tampoco me diría mucho más que eso. Es que como dije antes, no hace falta.

 

3 – Déjà Vu, Gustavo Certati

Eran las seis de la mañana en su casa y ya casi clareaba el cielo. Estábamos sentados en el balcón del sexto piso que da al contrafrente. Serví tres vasos: uno para él, otro para mí y uno más para ella. Le dimos el vaso cervecero piola recién salido del freezer porque nosotros éramos la pareja y queríamos que también se sintiera local. Habíamos charlado esto hace ya varios meses y nos habíamos manijeado y remanijeado con la idea. Nos habíamos calentado, de a dos, pensando cada detalle; y ahora estábamos ahí, cruzando miradas cómplices porque uno de los dos tenía que dar el primer paso pero la pregunta era quién. Ella se paró y puso Fuerza Natural de Cerati, pero arrancando con Déjà Vu. Y un poco nos reímos, no porque no nos gustara, sino porque siempre pensamos que el día que hiciéramos un trío iba a ser con Zeppelin o los Doors, pero la verdad es que finalmente nos chupó un huevo, con Gustavo, con Robert o con Jim: el momento de placer lo retuvimos igual.

 

2 – Yo no sé mañana, Luis Enrique

Mi mesa daba contra la ventana del bar; la mesa de siempre. Me gustaba ese bar porque miraba al cementerio de la Chacarita. Esas puertas siempre me habían hecho sentir algo de lo inquietante y de lo imponente. La taza de café me temblaba entre las manos. Me había escrito más temprano para preguntarme si nos podíamos juntar a hablar. Sabía que los últimos meses no habían sido buenos, pero como todavía no les había encontrado un tema, prefería negarlos. Tenía preparado mi celular para mostrarle mi playlist de Spotify apenas pasara por la puerta, y la verdad no sé si me sentí muy enamorada o muy Britney en el 2007. El mozo me trajo una medialuna de jamón y queso mientras tarareaba un tema de fondo. Me pareció entenderlo, pero no, pensé, me están jodiendo. Cruzamos miradas; definitivamente lo escuché: Yo no sé mañana de Luis Enrique. La reputísima madre que lo parió.

 

1 – Volver, Alfredo Le Pera y Carlos Gardel

Gardel le canta a su Buenos Aires querida. Tiene razón. No hay nada más lindo que esta ciudad, con sus callecitas de microcentro y su birrita de parado en la vereda; los amigos en bares perdidos de la resaca laboral, el asado los domingos y los bodegones de pasta de los lunes. Las milongas a cielo abierto de la Plaza Dorrego y el anticuario de sillas y vasos de La Catedral. Las mil y un salsas de una bondiola en costanera, un whisky en un bar de malamuerte y un shot más de whisky invitado por el mozo. Buenos Aires es sus murales, volantes y papelitos que te reparten en las esquinas; gente marchando a Plaza de Mayo pidiendo justicia.

Buenos Aires es, también, un departamento de un sexto piso de Almagro, una cama con un mate siempre a mano, él acostado en esa cama leyendo un libro mientras escribo. Me mira y sonríe: el lugar al que siempre vuelvo.

 

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Por Maia G.

 

Colaboración
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