Revista Palta | PAJITA INTELECTUAL
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PAJITA INTELECTUAL

Tengo que reconocer algo: ahora me excito más fácil.

Y no me da vergüenza, por los mismos motivos que quizá tiene Eduardo, el protagonista, o —lo que es lo mismo— los que tuvo ese Osvaldo Baigorria beatnik y hippie de los setenta que escribió la novela; porque hay un algo que nos falta y que llenamos con otra cosa, disfrazada de palabras lindas que desaparecen después del primer orgasmo. Y hasta luego.

Yo creo que ni la vez que luché por ponerme el primer preservativo me sentí tan poco experimentado como cuando llegué al primer cuarto del libro.

Como en esos primeros años de teque-teque toca-toca, la imaginación volaba y se me escapaban las escenas; tanto órgano, tanto líquido por todas partes, tanta gente junta me desordenaban los primeros planos y los travelling que me iba queriendo armar en la cabeza.

Me transporté a cierto hito importante de mi vida, la tarde que yo tenía diez u once años y jugaba en el ciber del centro. Al lado, unos sinvergüenzas más grandes que yo se reían con picardía y me llamaron para que me sumara al chiste. Nunca me asusté tanto.

Fue la primera vez que vi un pito tan cerca de la cara de una mujer. Y tanto Lila como Eduardo me trataron con la misma impiedad que aquellos pibes. La impiedad de mostrarse libre, desestructurado y experimentando de una forma que yo no concebía, como cuando era un nene.

No podría decir que llegué a temerle al sexo con tantas cosas que tiene para dar. Tampoco diría que descubrí cierta promiscuidad que no sabía que tenía guardada. Lo que sí podría decir es que no sabía —ni sé— lo que es un diafragma anticonceptivo. No, no sé; como tampoco sabía que existían otras formas de amar, de compartir, de poseer.

Llévatela, amigo… merece ser leída por otra generación más. Si quieren omitir los detalles un poco bizarros, háganlo. Lo que no se puede omitir es que este libro fue reeditado y reseñado y que está.

Yo, por curioso, me apreté los dedos con la puerta. Y estoy hablando de lo que no me esperaba, de que al fin y al cabo es un libro de coger. No me jodan. La historia es de amor, pero sin sexo no hay libro. Y Baigorria supo no aburrirme con ideas libertarias de joven sesentoso revolucionario ni con erotismos baratos. Llévatela, amigo… nos habla sin tapujos y Eduardo nos pide ayuda en medio de un colapso ideológico de lo más entretenido. Es un libro catártico, instructivo, gráfico.

En pocas palabras, úselo y vuélvalo a usar.

Lo demás, es amor.

Nicolás Fernández Ramos
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