Revista Palta | ¿ORGULLO O PERJUICIO?
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¿ORGULLO O PERJUICIO?

Por Valentina Groba.

¿Y todo esto en una fiesta de egresados? Mi hermana estaba citando el post de una chica en Facebook. Este relataba el abuso a una menor por otros cuatro menores en una fiesta de egresados de quinto año en Mandarine. Pensé en la inmensidad de las redes sociales. De la narración de una desconocida en el facebook, a uno de nuestros almuerzos diarios, y acto seguido pensé en la crónica en sí misma. A medida que mi hermana la leía, fui reconstruyendo la historia en mi cabeza: la chica abusada, los chicos que abusaron de ella,  su amiga, su amigo, la heroína (la misma como narradora de la secuencia).

Cuatro chicos abusaban de una chica de entre catorce a quince años en una fiesta de egresados. La amiga de la víctima argumentaba: ella quiere. Un amigo que no expresaba preocupación, porque ella era una puta, y a las putas les gusta eso. Las edades de todos los personajes no superaban los 17 años. La heroína, desconcertada, había logrado sacarla de entre esa ronda de manoseos y dilucidar el nombre de la víctima.

Lloro, al lado de mi mamá y mi hermana, lloramos las tres. ¿Cómo es que con toda la militancia a veces parecería no haber cambio alguno? ¿Qué hacemos mal? ¿Estamos haciendo algo mal? Estas situaciones me roban la esperanza y me hacen creer que todo, absolutamente todo, está perdido.

Una semana después fue la marcha del orgullo LGBTTIQ. Bajo la consigna central del colectivo, léase: “Basta de femicidios a travestis, transexuales y transgéneros. Basta de violencia institucional. Orgullo para defender los derechos conquistados.” La militancia en contra de una sociedad heteronormativa que repugna la diversidad era inminente.

Mi instagram desbordó de amor. Jóvenes con ideales, convicciones, defendiendo los derechos conquistados, fomentando la diversidad, construyendo desde las diferencias. Deconstruyendo para volver a construir. Y automáticamente me sentí fuerte y llena de convicciones de nuevo. Porque muchos de los colectivos que se encontraban en la marcha eran jóvenes estudiantes del secundario, orgullosos, felices, queriéndose, así como son, así cómo quieren ser.

No sabía con qué historia quedarme: jóvenes abusadores o jóvenes defendiendo una sociedad libre del patriarcado y su opresión.

Decidí no quedarme con ninguna de las dos, ninguna de las dos es absoluta. Visibilizar que estas cosas siguen sucediendo, es una obligación. Pero no puedo ignorar toda la militancia que existe en el movimiento hoy en día. Verlos como un colectivo de sujetos pensantes, accionantes y con ideales fuertes. La única conclusión que tengo: seguir militando, bancar a lxs pibxs, aprender de ellxs. Hacer visible la opresión que vivimos pero entender que esa no es la única realidad, que podemos construir una muy diferente, y que lo estamos haciendo.

Colaboración
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