Revista Palta | NOT YET A WOMAN
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NOT YET A WOMAN

I’M NOT A GIRL, NOT YET A WOMAN

Crecí creyendo que me identificaba con los Teen Angels y con Lizzie McGuire solamente porque algo de ellxs representaba lo que yo quería ser; pero la realidad es que esa supuesta identificación era más un espejismo que un espejo: no veía en ellxs algo que no fueran mis faltas y mis ganas de ser otra, distinta a mí. Con otro cuerpo, con otra suerte.

Lena Dunham llegó para cambiar eso. Para advertirme y acompañarme en un mundo real que se me hacía presente con ganas de asustarme. Sexo incómodo, cuerpos “imperfectos”, abusos en todos los ámbitos, incertidumbre, frustraciones, guerra de egos, odio y vergüenza de las amigas, problemas para llegar a fin de mes. Lena Dunham llegó y, por primera vez, me encontré no sólo con alguien como yo en la televisión, sino con alguien que -además- no tenía problema en mostrarse como era. Me dio validez. Confianza. Polvo de hada. Un empujoncito que me ayudó a sentirme menos sola en esa etapa que tan bien describe Britney: cuando ya no soy una girl, not yet a woman.

Quizás sea por eso que desde el primer capítulo siento una especie de paralelismo con Hannah Banana que hoy me empuja a creer que el final de la serie debería indicar también el de una etapa mía. Me costó arrancar a verla sabiendo que se venía el final y me cuesta hoy sentarme a escribir esta carta de despedida. No es una serie más. Esto es personal.

 

ALL I NEED IS TIME, A MOMENT THAT IS MINE, WHILE I’M IN BETWEEN

Hannah, en el primer capítulo, dice que quiere ser la voz de una generación. La nuestra, la de los millenials: losers enérgicos vulnerables, inestables, creativxs y esperanzadxs. Lxs que teníamos todo servido en bandeja, lxs que con un título tendríamos la vida resuelta, lxs que otros se divierten llamando la generación perdida. Y si bien me parece un tanto elitista decir que Lena Dunham lo logra, me atrevo a decir que le pega en el palo. Con un tono provocativo narra experiencias de nuestra post-adolescencia desde una perspectiva cruda, incómoda e inteligente; al borde de la censura.

Retrata la inestabilidad emocional de un grupo de niñas perdidas en circunstancias adultas. Girls es la historia de ese cambio, de esa transición, de esa búsqueda; pero en un camino errático y lleno de frustraciones. Por una ruta que no saben a dónde las lleva, ni qué es lo que buscan, ni para qué lo quieren. Donde la única constante es la inconstancia.

Malcriadas y egocéntricas, las chicas de la serie se vuelven queribles y odiosas al mismo tiempo. Queribles como las amigas con las que no coincidimos del todo pero queremos igual; y odiosas como un espejo con lupa que te muestra todos los puntos negros que tenías impregnados en tu nariz. Todas son, a la vez, una alarma y una invitación a vernos en ellas a nosotrxs mismxs: rebalsantes de ego, necesitadxs de afecto, repletxs de frustraciones.

No me alcanzan los dedos ni la memoria para contar la cantidad de veces que me identifiqué en las situaciones vergonzosas e incómodas que atravesaron, sobre todo, Marnie y Hannah. Búsquedas hipocondríacas en internet, pedidos y confesiones inoportunas en espacios laborales, charlas engorrosas con los padres estando muy fumada, sexo dificultoso, sorprendente falta de destreza física frente a un grupo de atléticxs. Pero no era como cuando Lizzie McGuire se tropezaba y se caía en el medio de la fuente del colegio y se le corría el rimmel. Para nada. Yo no sentía pena por ninguna de ellas, ni por mí -reflejada en su espejo-. Me reía de nosotras. Llegué incluso a admirarnos por salir caminando con altura (o inventar excusas para zafar de alguna situación) sin que el chico lindo y popular nos viniera a buscar.

Un camino lento, solitario y doloroso: el objetivo de las protagonistas no es encontrar a un otro que las valide, sino descubrir los deseos personales de cada una, encontrarse con quiénes son y con quiénes quieren ser. La deconstrucción de los patrones sociales preestablecidos. A la mierda el título y todo lo que venía en la bandeja.

 

THERE IS NO NEED TO PROTECT ME, IT’S TIME THAT I LEARN TO FACE UP TO THIS ON MY OWN

La historia de un grupo de amigas es más importante y dramática que cualquier historia de amor. Lo que te une a una persona a los veinte no es lo mismo que a los treinta y en la última temporada las chicas se distancian. Friends ya la vimos; en Girls todo pasa y los ideales juveniles de la amistad y del amor se transforman junto a las protagonistas.

Al final de la serie las chicas maduraron, tienen problemas de gente adulta que enfrentan con labial y pantalones con botones, sus neurosis se calmaron -aunque sea un poco-, y ninguna dejó de ser ella misma (más bien todo lo contrario); pero el camino que parecía llevalas a su centro se bifurca y las deja lejos una de otra.

Hannah, por su parte, se encuentra inesperadamente anfitriona de un feto de seis semanas que, según internet, es del tamaño de una lenteja. Un embarazo que podría haber dado lugar a que se volviera a tratar en la serie el tema del aborto; lo “lógico” para una chica joven y soltera como ella. Sin embargo, su personaje elige tenerlo. Un camino totalmente válido y no menos feminista: el de decidir.

¿Es lo correcto o es otra decisión impulsiva a lo Hannah Horvath? ¿Un hijo el camino a la maduración y a la felicidad? ¿Lena Dunham al final se puso conservadora? El personaje de Hannah generó odio y cuestionamientos cada vez que se mostró desnuda, ansiosa, egoísta, o abriéndole las piernas a su jefe. Y aplaudo que lo siga haciendo: un último intento, una manera más de demostrar que no importa si la entienden, la decisión es nada más que suya. Hay cosas que nos pertenecen solo a nosotras.

Creo que uno de los valores más importantes de la serie tiene que ver con su contribución al debate cultural. No importaba quién o cuánta gente la viera, todxs hablarían de ella. De su tratamiento del cuerpo y del sexo. De la propuesta de redefinición de la belleza. Del feminismo explícito e implícito en ella. De cómo nos representan la incomodidad y las imperfecciones. De las carcajadas, la tristeza y la aceptación que eso nos genera.

Lena Dunham no inventó la idea de extraer de experiencias personales humor y patetismo; pero sí trajo algo del confesionalismo y del naturalismo emocional a la televisión en serie. Un nuevo tipo de honestidad. Girls terminó pero nos dejó una huella, una herencia. Hannah se fue y si no logró convertirse en la voz de lxs millenials, le hizo lugar en el mundo -e inspiró- a una generación llena de voces. Y empezó una generación nueva.

 

BUT IF YOU LOOK AT ME CLOSELY YOU WILL SEE IT IN MY EYES: THIS GIRL WILL ALWAYS FIND HER WAY

Lo primero que vimos en Girls fue, de alguna manera, a Hannah siendo alimentada por su madre. Ella aparece cenando en un restaurante al que la invitan sus padres para anunciarle que le van a cortar todo apoyo financiero. Lo último que vemos es a Hannah alimentando a su hijo. Una escena tan íntima como cualquiera de las que vimos de sexo, pero esta vez todo tiene lugar en su cara. No sabemos con certeza qué pasó, pero la chica que una vez intentó explicarle a sus padres por qué merecía más plata que otras personas, acaba de decirle a una adolescente que respete a su mamá y ahora mira al futuro con satisfacción. Va a estar bien por su cuenta.

Girls fue (y es) la historia de un devenir. Ahora Hannah es escritora, maestra y madre; pero nunca va a dejar de crecer, de quejarse, de retroceder, de confundirse, de ser. La Hannah que elige ser mamá tuvo que resignar las fantasías que tenía en un principio. Alejarse de sus amigas y de sus proyectos ideales. Entregarse a un otro. Aceptar la ayuda de algunxs y entender que hay otras cosas que tiene que hacer sola.

Hannah sigue sin sus girls. Yo sigo sin las mías. Ahora un primer plano de mi cara mirando al futuro. Voy a estar bien por mi cuenta.

 

Manuela Martinez
[email protected]