Revista Palta | ¿NOS TOCÓ UN SIGLO HERMOSO O UN SIGLO DE MIERDA?
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¿NOS TOCÓ UN SIGLO HERMOSO O UN SIGLO DE MIERDA?

Desde que soy chica, si iba a dormir a lo de una amiga mi mamá me decía cosas como: “Cuando te levantes hacé la cama y ayuda con lo que puedas”. Ella es así. Le presta atención a esas cosas. Fue muy correcta con mi educación, y  también me enseñó cómo comprar en el supermercado y cómo viajar sola en colectivo. Me llevó todos los sábados a un grupo Scout durante mucho tiempo. Se preocupó porque supiera lavar la ropa y los platos. Hice un curso de primeros auxilios.

Hoy cocino y manejo muy bien mi economía personal. Estoy segura de que cuando cumplí 15, ya estaba preparada para ser una persona independiente y autosuficiente. Pero lo que mi mamá no pudo explicarme fue hasta cuándo. Y además no sólo me gusta complacerme a mí misma, sino que también amo complacer a otras personas. Que se me felicite y que se me agradezca.

Tengo 19 años y a veces me siento de 40. En cuarto y quinto del secundario milité en una agrupación política que me enseñó un montón de cosas que no sabía. Es que no podemos parar de aprender. Marché atrás de una bandera, tomé un colegio, y discutí con gente jerárquicamente muy superior a mí. Soy extremadamente organizada. Para cuando terminé de rendir la última materia que me quedaba del colegio, ya tenía programado cada paso del año que se venía. Voy a estudiar pero además quiero trabajar, le decía a la gente que me preguntaba sobre mi futuro.

Me anoté en la UBA y pasados los dos meses dejé la carrera. Me anoté en teatro. Me hice un curriculum vitae y lo mandé a mil lugares. Me anoté en yoga y también lo dejé. Me compré una bicicleta con la primera plata que gané cuidando a una niña. Después de un tiempo en el que perdí el horizonte académico y le grité mucho a mi mamá, encontré de nuevo una punta de algo.

Decidí otra vez anotarme en una facultad. Es curioso cómo y cuándo pasan las cosas, pero un día de la nada alguien contestó uno de esos mails que mandé. Conseguí un trabajo que adoro aunque no me paguen. Y esa puede ser una sensación rara. Fue un año en el que repetí miles de frases hechas. “Voy a valerme por mí misma”, “Nada de esperar que las cosas lleguen a uno como por arte de magia”. Un poco así pienso, aunque suene trillado.

Que se acomoden mi esquema y mi rutina, hizo que me calmara. Necesité estabilizarme. Me gusta pensar que mi crisis de joven del siglo XXI no es sólo culpa de la educación que recibí. Porque, ¿qué onda las nuevas tecnologías y todo eso? Según la gente grande tenemos todo servido en bandeja para triunfar. Y ellos a mi edad, trabajaban, estudiaban, tenían hijos, y si les quedaba tiempo la piropeaban un poco a la vecina de al lado. ¿Nos tocó un siglo hermoso o un siglo de mierda?

Por ahora a mí no me parece que esté tan bueno eso de “tener todo servido en bandeja”, ni sé qué tan real es. ¿Hay que saber llevar el ritmo? Bueno, es que somos la generación Z y el futuro del país. ¡Dale! Que sos joven y tenés salud.

Cuando uno entiende cómo son las cosas es más fácil adaptarse a la presión que indirectamente, o no tan indirectamente, nos pone el mundo. Cada tanto lloro, pero mientras estudio u ordeno mi casa. Porque no tenemos tiempo como para andar perdiéndolo en llorar. A veces siento que estoy haciendo las cosas bien, y a veces no entiendo a qué le digo “hacer las cosas bien”. Pero después de mucho tiempo me di cuenta para qué me estaba preparando el mundo desde que estoy en él: tengo que ser una persona capaz de hacer mil cosas al mismo tiempo. Tengo que ser una persona multitasking.  Y cuando lo supe me relajé, eso me asusta un poco. Pero a mí me asustan muchas cosas.

Paloma De La Jara
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