Revista Palta | NO ME OLVIDES
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NO ME OLVIDES

Nunca me pregunté dónde estaban las mujeres cuando San Martín cruzó los Andes. Supongo que siempre asumí que estaban en su casa, cocinando locro y tejiendo escarpines. En los libros de historia no se las mencionaba. En la escuela sólo aprendí el nombre de Remedios de Escalada y mi aspiración en los actos era la de disfrazarme de ella. Que, aunque sea por una sola vez, en lugar de pintarme la cara con corcho y repartir empanadas o mazamorra, me tocase ponerme un vestido lindo, tomarme de los brazos de San Martín y quedarme al lado suyo en lo que durase el acto.

¿Qué sucede cuando nuestra máxima referente mujer es la esposa de algún prócer? ¿Cuál es la repercusión de tal desigualdad? ¿No hay otras feminidades dignas de convertirse en nuestras referentes por sus logros profesionales? ¿Con qué modelos a seguir contamos las chicas?

La historia de las mujeres tiene una invisibilidad analítica muy fuerte; y esto va más allá de los límites de mi país. “Nadie nos narró” dijo Anna Torres, politóloga y directora de Wikimedia Argentina, en su exposición en Locademia de Feministas. No hay fuentes primarias donde podamos ir a consultar qué pasó con las mujeres en ciertos períodos de la historia. No hay libros, documentos históricos, nada.

Desde las enciclopedias tradicionales, hasta Wikipedia: si bien -en ésta última- hay paridad en cuanto a la representación, el problema está en el contenido. Suele destacarse la condición de esposa, madre o hija, algo que prácticamente no aparece en los artículos de varones. Y a pesar de ser Wikipedia una enciclopedia editable, revertirlo no es fácil: necesitamos esas fuentes primarias. Sin ellas no se aprueba el artículo, no podemos publicar, no podemos construir. Del otro lado hay alguien que nos define la relevancia, que nos dicen quién puede estar y quién no. Es el caso, por ejemplo, de Marielle Franco: Anna contó que durante muchos años se intentó publicar su artículo y Wikipedia lo dio de baja, repetidas veces, porque no lo consideraba relevante. Empezó a serlo recién cuando la mataron.

Internet es un espacio de disputa. Wikipedia es un reflejo de la sociedad, y la sociedad está construida a través de estereotipos. Cualquier construcción de conocimiento que hagamos tiene estos sesgos incorporados.

Ni siquiera en la ficción tenemos referentes mujeres que se caractericen por ser inteligentes. Los juegos de ciencia están plagados de varones en sus tapas y no se mueven del sector celeste de la juguetería. Una de las frases de la Barbie que hablaba -y que, por suerte, tuvieron que sacar del mercado- era “la clase de matemáticas es difícil”. Tal vez esta falta de representación sea una de las razones por las cuales las nenas, desde los 6 años, se auto-perciben menos inteligentes y menos capaces que los varones, según un estudio publicado en la revista Science.

Los pocos casos que conocemos, como el de Marie Curie, se nos presentan como brillantes y excepcionales. Y no es que no lo sean, pero esa brillantez y excepcionalidad ¿no exacerba la oscuridad del resto? ¿qué sucede con las demás mujeres? ¿dónde estaban? ¿su historia no es digna de contar?

Si bien la sociedad fue, y sigue siendo, muy sexista, -y es verdad que las mujeres todavía tenemos menor remuneración que varones igualmente calificados, menor posibilidad de ser promovidas, y menor presencia jerárquica en el mundo-; hay muchas merecedoras de ser nuestras referentes, con logros profesionales enormes, y cuyas historias vale la pena contar: el mundo está y estuvo plagado de mujeres inteligentes e importantes que nadie nombra. Mujeres que, si nos basamos en enciclopedias, parece que ni hubieran existido; pero que existieron y que sin tener todavía derechos humanos, dieron lo que tuvieron para luchar por sus convicciones. Desde María Eusebia Segovia, esclava del 1800 que donó todo lo que tenía a la Revolución de Mayo, hasta Hedy Lamarr: una actriz de Hollywood que, a pesar de ser conocida como la chica más linda del mundo, fue la inventora del wifi.

La historia de Hedy la conozco gracias a Valeria Edelsztein que, además de ser doctora en química e investigadora del CONICET, inauguró en Twitter el hashtag #ContemosHistorias, donde narra historias orientadas a la visibilización de las mujeres en al ciencia. En su cuenta (@ValeArvejita), donde ya tiene más de trece mil seguidores, da lugar a la participación de montones de mujeres en el campo de la ciencia y muestra, a su vez, su lado más humano.

Valeria también expuso en Locademia de Feministas y habló de Mary Anning, quien a los 12 años descubrió el primer esqueleto de un ictiosaurio, un bicho marino de la época del Jurásico con forma de delfín y dientes de tiburón. Mary vivía en la pobreza y las malas lenguas la tildaban de borracha porque tomaba grandes dosis de una tintura alcohólica de opio para calmar el dolor de un cáncer. Nunca le reconocieron sus descubrimientos.

¿Por qué tenemos que construir nuestro modelo del éxito alrededor de modelos masculinos o de excepciones? ¿Qué significa el éxito para cada una de nosotras? ¿Se encuentra atado a una sociedad patriarcal y capitalista? ¿o tiene más que ver con romper techos de cristal y poder hacer lo que decimos y/o pensamos? ¿Cómo vamos a deconstruir el concepto del éxito si las condiciones para que lleguemos a los puestos de mayor rango no están dadas? ¿Por qué seguimos hablando de casos extraordinarios y no de las dificultades que atravesaron estas mujeres para llegar hasta ahí?

Aunque me dé vergüenza admitirlo, me llevó bastante tiempo entender que quienes serían mis referentes estaban mucho más cerca mío de lo que pensaba: crecí rodeada de mujeres fuertes, trabajadoras, independientes y exitosas, mucho más inspiradoras que las que la sociedad venía intentando imponerme como modelos a seguir. Hoy, que ya puedo identificarlas como personas que me inspiran y me sostienen la vara alta, me propongo no olvidarme nunca de sus nombres. Decirlos en voz alta, escribir sus historias, contar sus logros, y los laberintos que tuvieron que atravesar. Me digo que necesitamos ese registro. Que es mi responsabilidad; y la manera que encuentro de hacer justicia.

Dicen que la historia la escriben los vencedores. El pasado está escrito, entero, por hombres. Hay historias que ya no podemos recuperar. Una vez escuché a alguien decir que las mujeres somos como el sol: aunque no nos vean, siempre estamos ahí. Es verdad. Estuvimos y estaremos siempre. Pero ya no queremos pasar desapercibidas.

Manuela Martinez
[email protected]