Revista Palta | NO ME DEJES CAER EN LA TENTACIÓN
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NO ME DEJES CAER EN LA TENTACIÓN

Sin duda formé mi opinión sobre la figura masculina a partir de la religión católica. A falta de padre presente, en su mayoría aprendí de los hombres según lo que la Biblia me contaba de ellos.

Podría decir que Jesús fue uno de los primeros varones que me atrajo físicamente. En la secretaría de mi colegio primario colgaba un cuadro de él en el que se lucía su cara angelical y su genética privilegiada. Lo único que me inquietaba de gustar un poco de él era el hecho de que me llevaba bastantes años de edad. Eso y que estuviera muerto.

Mi colegio era un edificio anexo de la Iglesia de las Victorias. Íbamos a misa todos los martes con el Padre José. Nunca entendí porque le decíamos “Padre”. ¿De verdad era el papá de todxs? No estaba segura. Lo único que sí sabía era que no me podía quedar sola con él bajo ninguna circunstancia. Había visto en el cine la película de Pedro Almodóvar La mala educación y desde ese día la figura sagrada de “Padre” había cambiado para mí. Temblaba cada vez que la psicopedagoga me llamaba a su oficina para hablar. Pero no por el motivo de la charla, sino porque el lugar de reunión siempre era el cuartito en el que el cura guardaba sus túnicas. Rogaba que no me dejara sola ahí. Como lxs niñxs temen que de los armarios salgan monstruos, yo temía que saliera el Padre José.

Mi segundo amor, después de Jesús, fue un chico que tocaba la guitarra en la misa. Soñaba con casarme con él y tener muchos hijos aunque sabía que no podía desearlo de esa forma. Lxs niñxs no podíamos amar porque eso era cosa de “grandes”. Todo rastro de “amor” que en mí nacía era reprimido, a menos que estuviese dirigido a mi familia o amigxs. Mencionar la palabra sexo estaba prohibido. Nos enseñaban a hacer el amor pero no de la forma que interpreté cuando crecí.

Aunque a medida que fui creciendo intenté desligarme de toda ésta información que adquirí de chica, muchas cosas de mi día a día todavía se ven afectadas por dicha información. Busco al hombre perfecto que “me dé” hijos, rezo a la nada en situaciones críticas, deseo al morir ir al cielo -que no creo que exista-, no puedo pasar por una sin hacerme la señal de la cruz. Discuto bastante con mi mamá sobre religión y sobre las decisiones que tomó por mí, como que mi educación primaria estuviese totalmente basada en el catolicismo. Pero, principalmente, la culpo por el miedo que tengo a la iglesia. No creo en nada de lo que ésta propone, pero algo en mí le teme a las represalias que “Dios” pueda tomar para conmigo.

Todas las canciones de misa que sé, las aprendí escuchando cantar al chico que me gustaba. Hoy las canto en reuniones de amigxs con un vino en la mano. Muestro las fotos de mi comunión cada vez que alguien viene a mi casa. Son algunos de los recuerdos que guardo con simpatía sobre mis años de niña católica. Desde los 12 años que no comulgo, la idea de que la mano de un cura se acerque a mi boca me sigue repugnando. Si bien el Padre José nunca me hizo nada, me tranquiliza saber que ese personaje que tanto miedo me daba ya no existe en mi vida.

Fantaseo con hacer todas esas cosas que van en contra de los principios que se me impusieron. Enamorarme de una mujer, abortar, codiciar bienes ajenos, robar, cometer actos “impuros”. Amar a todas las cosas por sobre Dios.

 

Paloma De La Jara
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