Revista Palta | NADIE NACE FACUNDO ARANA
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NADIE NACE FACUNDO ARANA

Hola Facundo: no es mi idea escribir esto para vos. Sobre la opinión que tenés del abuso que denunció Calu Rivero a Juan Darthes, “persona de familia” que merece tu respeto. Tu visión sagrada de la familia tampoco me inquieta, no te conozco. No quiero juzgar tu torpeza al disertar sobre la realización de una mujer en términos generales, coronada por la idea de la reproducción como dogma. No quiero escribir esto pensando en lo que creía hace años, cuando te conocí en algún evento que me tocó cubrir, y te etiqueté de “galán macanudo y humilde”. Aclaro, de paso, que tu más recurrente papel en TV no influyó en mi construcción del varón o romance ideal. Preferiría no necesitar escribir esto en base a lo que respondiste en una tendenciosa pregunta que te hicieron -cuando promocionabas la obra que protagonizás- para que opines sobre el embarazo de tu anterior pareja. Esto no está dirigido a vos sino a todxs lxs Facundxs que me atormentaron con verdades absolutas y que vos, quizás sin pensarlo, representaste a la perfección.

Porque no sos vos, Facundo. Es el patriarcado.

La discusión, acalorada y necesaria, que se desató entre vos y tu colega Muriel Santa Ana la hubiese leído igual aunque sus nombres fuesen desconocidos. Pero por suerte ustedes tienen seguidorxs, cuentas de Twitter verificadas y una audiencia considerable para que su intercambio haya sido público y convertido rápidamente en noticia. De hecho, con otras cuentas fuiste bastante más soberbio en cuanto a tus conocimientos en feminismo y tu respeto por las mujeres. Con Muriel dejaste de capanguear, como si hablar entre colegas fuese hablar entre iguales, como si sus correcciones merecieran tus -demagógas o no- disculpas. Lo importante: su entredicho llegó a las oficinas, a la mesa familiar, a una charla con amigxs.

Coincido y empatizo con Muriel, aunque tampoco la conozco. Ella te corrige, a vos en principio, pero fundamentalmente a vos como vocero de un pensamiento hegemónico; como buen alumno del mensaje que los medios masivos de comunicación reproducen sobre nosotras. Una creencia que se presenta tanto en varones como mujeres. Admito que me molesta aún más cuando lo dice un varón como vos, tan estereotipo de “chabón bien”. Gocé un poco que te corrigiera el “falocentro” pero no porque creo que la forma sea la de exponerte y llevarte de rodillas a pedir perdón hasta llorar repitiendo “no sé nada”. No. Muriel, en esta discusión, me representa porque es una persona que demuestra que no sólo la identifican las teorías de género sino que -para comprenderlas- las estudia y sabe lo difícil que resulta implementarlas. En mis ojos Muriel cantó Bingo.

¿Por qué para ser feministas nos tenemos que formar? Cuando ella te manda a estudiar tiene un punto. Yo tuve que leer, hacer cursos y escuchar muchas historias para repensar y desaprender todo lo establecido como “normal”. Aún así a veces me reconozco desinformada, y hasta contradictoria.

¿Y cómo puede ser que tengamos que estudiar para aceptarnos, reconocernos y sentirnos libres? Resulta que en la mayoría de las escuelas no se implementa la Ley de Educación Sexual Integral, que es el primer paso para empezar a cambiar las formas de pensarnos a nosotrxs mismxs, de terminar con las violencias de género y derribar mitos. Porque, Facu, la sexualidad y el género no se expresan sólo en los suspiros agudos de las mujeres que te aman. Empieza desde temprano: con los juguetes, los colores, las preguntas, los distintos tipos de familias, la afectuosidad, los contactos físicos incómodos y los secretos que no hay que guardar. La débil implementación de esta Ley es una política de Estado a favor de los pensamientos más retrógrados, conservadores y tiranos de nuestra sociedad. Mientras el Estado no cumple, algunas personas aprovechamos el tiempo que tenemos libre para discutir y entender estas formas invisibilizadas de opresión.

Está claro, Facu, que no tenés que ser un experto en género si eso no te interesa. No tenés que estudiarlo si estás muy ocupado con tu vida y tu carrera o si estás con otras luchas. Pero te pido en nombre de todas las personas que reconocemos el alcance de tus palabras que tengas cuidado cuando te ponen un micrófono. Porque además de actor o músico  o galán u hombre o padre sos un formador de opinión, aún hablando de tu ex pareja o de tu afinidad con un colega denunciado por acoso.

Celebro todo lo que dijiste y que Muriel te haya interpelado. Gracias a eso, en mi trabajo se armó un gran debate y algunxs cuestionaron “las formas” de las feministas. Coincidimos, al final, que las formas que tenemos que repensar son las que expresan en un tono amable un contenido adoctrinador y discriminatorio. Eso para mí es un gol.

El meollo de la cuestión: a todxs lxs jóvenxs adultxs que conozco lxs atraviesan muchxs mandatos que detonan angustia, ansiedades e insatisfacción. El reconocimiento profesional; las ansias de poder; la superación de un status; la proyección y/o manutención de una familia; la (muchas veces carísima) “búsqueda personal”. Cuando le pongo una lente con perspectiva de género, me encuentro con un panorama distinto. Una población con el agravante de tener que romper con mandatos más jodidos de entender y superar. Veo dos círculos que no deberían existir, o ser tres, o cuatro o cien. Son la representación de esa lógica binaria que nos divide en varones y chicas, forma de pensar que aún me domina instintivamente. Aunque me esfuerce en romperla.

Veo que quienes nos percibimos como mujeres, y todas las personas de sexualidades e identidades disidentes tenemos, además, otro tipo de imposiciones. Mandatos que, para combatirlos, hay que modificar al material que los construye. Porque todavía se pega a matar a una persona por su orientación sexual, y eso me parece, como mínimo, representativo de la moral predominante.

Muriel menciona esto también. Habló de las mujeres que no tienen útero, de la lucha por la igualdad y de la des-sacralización de nuestro género. Muriel también admitió, en medio de la discusión, que practicó un aborto a los 24 años, estando en pareja. No te mandó un texto por privado: lo hizo público, y esto no es para nada menor. Eso se llama valentía.

Pienso de vuelta en mí. Si ocurre un accidente que no pude prever en una relación sexual consentida y no me siento en condiciones de continuar el embarazo, tengo los recursos para hacerlo de una manera segura, sin poner en riesgo mi vida. Estoy segura que prefiero no pasar por esa situación, y por eso me informo y me cuido. Si me pasa, nadie me juzgaría por mis decisiones, como sí hicieron en Twitter con Muriel, quienes la acusaron de asesina. Incluso un tipo que labura en medios. Y mientras la juzgan a ella como  villana, la salud pública tiene un problema gravísimo: las prácticas clandestinas siguen matando mujeres, muchas de ellas menores; lxs provida continúan saboteando y entorpeciendo la interrupción del embarazo de aquellas mujeres que sí pueden acceder por la vía legal. ¿Entonces quién mata a quién?

Te cuento, Facu, aunque no lo leas ni te importe, que soy mujer y que hace poco cumplí 28 años. Todos los motivos que me bajoneaban el día anterior me demostraron que no me pude liberar (tanto como me gustaría) de todo lo que traje inscripto. El deber ser me pesa todavía, y los mandatos a veces entorpecen mis balances. Me cuesta vivir todo por lo que lucho, y sigo llena de miedos que me avergüenzan si los pienso. Porque la ideología que me representa no está mecanizada en mis hábitos neuróticos: al feminismo llegué tarde.

Pero tengo una garantía: ser mujer cis, blanca, heterosexual y de una familia “acomodada” me facilita las cosas. Mi “autonomía” va a ser más fácil de alcanzar, aunque me cueste bastante enamorarme de varones, porque muchos -te cuento- están atravesados por esa idea de galán que alguien escribió para tus personajes. Y no quiero chicos que busquen realizarme o que me vean como una princesa: quiero alguien que me quiera como a una igual. También creo que si en un trabajo me abusan, no va a ser tan difícil para mí la decisión de renunciar. Pero no sé qué tipo de condena recibiría si lo denuncio: todavía hay muchxs Facundxs dando vueltas.

Volvamos a Calu Rivero. Denunciar un abuso no es -necesariamente- querer mandar a alguien a la cárcel, es poner al machismo bajo la guillotina. Y no debería tener que hacerse público para ser escuchado, pero la mediatización de estos asuntos hoy permite debatirlos y darle coraje a otras personas que también sufrieron algún tipo de abuso. Por eso, aunque no la conozca a Calu ni lo conozca a Darthes, valoro la importancia de que ella haya hablado. El jugo de la polémica que eso genera se lo sacamos entre lxs entusiastas e idealistas que creemos que esto sí puede cambiar.

Mis sueños de realización son mucho más terrenales que las aspiraciones primermundistas y hollywoodenses que me fueron impuestas. Mis deseos como feminista son urgentes.

Espero que la dulzura sea más rentable para debatir que el enojo, pero la práctica me dice que esta modalidad no es muy efectiva. Ojalá pronto muchxs más estemos de acuerdo con que nadie nace para nada. Nadie nace para ser nadie.

Con cariño,

Una anónima que no se realizó en ninguna de las formas reconocidas como tal.

Maru Labat
Maru Labat
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