Revista Palta | MISS VERSO
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MISS VERSO

Ayer se realizó la gala para la elección de Miss Universo 2017. La francesa Iris Mittenaere se llevó la corona número 65 de este certamen que valora cierto tipo de belleza femenina. Ella, con 24 años, los cumplió todos. Hoy podemos ver notas y saber más de ella: le gustan los deportes extremos, le encanta cocinar, estudia odontología y ama viajar.

Cada vez que veo una noticia asociada a este concurso, pienso en Miss Simpatía. Sandra Bullock participaba en la competencia como agente de FBI encubierta para encontrar a un criminal. El error del film fue, quizás, negativizar tanto su aspecto de mujer despreocupada. Pero a todxs nos emociona cuando Michael Cane la transforma en una chica “presentable”.

Es que Cane hizo un buen trabajo. Porque para participar de estos certámenes, Sandra Bullock se tuvo que convertir en una de ellas. Un batallón de especialistas se encargó de quitarle cada rastro de anti-hembrismo. La depilaron entera, acomodaron su pelo, cambiaron su vestuario, cuestionaron su forma de reir y le enseñaron a caminar en tacos altos. Ya no podía comer medialunas y tenía que participar de cada instancia del certamen: show de “talentos”, coreografías y el desfile en trajes de baño.

Ser una reina en el mundo de la belleza publicitaria supone eso: trabajar para complacer a un mercado que busca referentes femeninas que generen consumo. Que vayan al gimnasio, que hagan dietas, que se vistan bien y que compitan entre ellas. Un reinado en el que la representación de la mujer está ligada estrictamente al don de haber nacido más cerca de estos requisitos físicos para ganar esa jerarquía. La más linda del mundo. Y a partir de ahí, ver si querés laburar en caridad mientras firmás contratos con marcas o si querés dedicarte, estrictamente, a trabajar sobre tu cuerpo mientras intentás estirar un poco más los años de tu carrera que, como para los futbolistas, tiene una vida activa muy corta y ligada al rendimiento físico. Pero en este caso, el rendimiento no tiene que ver no con el desempeño sino con la estética, y cuánto interfieren en ella la biología y el paso del tiempo.

Cuando era chiquita y mi mamá me sacaba a pasear, el mejor elogio que podía recibir era “qué linda es tu hija, tiene que ser modelo”. También salían mucho los piropos del estilo “es una princesa”. No voy a renegar, me gustaba sentirme linda, pero las aspiraciones que eso implicaba hoy me parecen nefastsas. ¿Por qué? Porque alcanzar esas coronas, ese éxito ligado a un rasgo físico que atrae (vende) más, no implicaba alcanzar metas significativas. ¿Y por qué? Las lindas son huecas. ¿Es cierto esto? Claro que no, no tiene nada que ver, pero existe una industria fuerte y poderosa económicamente para las minas lindas. Y es la de ser lindas y punto. Podrás también cultivarte en tu tiempo libre o sacar reflexiones interesantes cuando después de una producción te sentiste un frasco de mayonesa. Pero ese poder vinculado a esa belleza, es el de una mujer frente a otras. Por ser más linda. Y es la corona ostentadora de que nos están cagando, que nos ponen a la altura de esos caniche toys disfrazados que compiten en Animal Planet. El grueso de nosotras, las mujeres, no buscamos coronas sino visibilidad. Y no de las piernas que nos hace un vestido de gala, sino la de nuestras ambiciones y nuestra lucha como género.

En la película, Sandra Bullock termina dando una demostración de defensa personal y cuida a sus compañeras, incluso luego de que el FBI la haya desvinculado de la causa. Y cuidarlas no era ponerles el corpiño adecuado antes del desfile, sino hacerlas conscientes de que el entramado del certamen era un nido de bichas.

El mismo chiste que hace la película sobre la vaga participación política de las concursantes, y su repetido mensaje por la paz mundial, sucedió ayer en la última gala de Miss Universo. Iris respondió respecto a la situación de los refugiados en Francia y fue políticamente correcta. O sea, no dijo nada. Iris pidió por la paz mundial a su forma: «En Francia queremos tener la mayor globalización posible y aceptar a los extranjeros. … Abrir las fronteras nos permite viajar más y también aprender de lo que hay allá afuera en el mundo».

Este certamen, que fue patrocinado hasta el año pasado por Donald Trump, escoge a mujeres que pasaron mucho tiempo de sus jóvenes vidas laburando por ser la más linda del mundo. Por recibir una corona y después quedar en el olvido. El Clark Kent de Sandra Bullock como agente del FBI era su rol de Miss Simpatía. Y para mí eso deberían ser las mismas “modelos” que se postulan. Que ese tiempo en vivo sirva para desterrar la mitología del poder desde la belleza estereotipada. Ojalá en la próxima entrevista haya una que responda: “¿cómo mierda querés que me informe y me sensibilice si lo que premian es que viva cagada de hambre para poder aplicar en este concurso que atenta contra el empoderamiento de mi género?”. Ojalá sean como Sandra y les hagan una demostración de defensa personal.  Ojalá que si el concurso de Miss Universo no es desterrado, por lo menos busque mujeres reales y admirables por sus acciones y su calidad humana; en vez de gracias fenotípicas y de corto plazo apuntadas a un público de jovencitas que desean ser elegidas como culo del verano en un balneario de la costa.

Maru Labat
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