Revista Palta | ¿ME FALTA CORASHE?
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¿ME FALTA CORASHE?

Por Valentina Groba.

Nathy Peluso se desplegó por el escenario con un vestido verde, todo apretado, con mangas largas y polera. A pesar del calor sofocante en la sala, lo dio todo. Súper sensual, la artista latina cantó y movió las caderas al son de su música. Bailó meneando sus curvas y cantó haciendo todos esos juegos con su voz característica que tanto me gustan. Su show no estuvo marcado sólo por sus movimientos sino también por algunas ideas que la artista lleva a todas partes. Reivindicó la importancia de querernos y amarnos y, por sobre todo, creer en nosotrxs mismxs, porque si no es así, nadie va a hacerlo. Su discurso es tan importante como su música, o tal vez más.

Su postura de mujer latina efervescía a la audiencia, pero había algo que yo no compartía, no podía dejarme llevar. Su reivindicación como mujer latina parecía reposar exclusivamente en su cuerpo. Ella es latina por sus curvas. Todo el show me pareció una negación a la historia de la construcción de la identidad latina, e individualista. ¿Somos latinas por nuestros cuerpos? ¿o por nuestra historia? O tal vez ambas. ¿Triunfamos por nosotrxs mismxs? ¿No necesitamos ayuda de nadie? ¿Todo depende de nosotrxs? ¿No importa donde crecimos, quiénes son nuestros padres, la ayuda que recibimos, nuestro contexto social, político y económico?

Todo el empoderamiento que creí que ella iba a poder brindarme con su energía arriba del escenario se desvaneció. En ningún momento del show pude bailar, ni saltar, nada. Tenía el cuerpo paralizado, sentí que me habían vendido el cuento de la mujer empoderada que se había hecho su lugar dentro de la escena musical, con lo difícil que sé que es eso, pero cuando estuve ahí no me sentí identificada con Nathy, (como tal vez sí me pasaba cuando la veía en sus videos de Instagram o sus stories) ni con su empoderamiento, ni su lucha.

Me llené de contradicciones que no me dejaron disfrutar. Todo lo que Nathy decía sonaba liberador, pero al mismo tiempo se presentaba ante mí como una falacia. Tal vez porque aunque yo misma lo haya ejercitado muchas veces, y militado en diferentes espacios, la discriminación y la opresión que recibo por no tener un cuerpo hegemónico sigue estando. Y las presiones por llegar a tenerlo, también. Cuando voy a comprar ropa a un lugar que se proclama pro diversidad corporal con sus fotos de campaña y no encuentro ningun jean que me entre. Cuando voy a un asado en lo de algún amigx y deformo el banquito porque no aguanta el peso de mi culo. Cuando salgo a bailar y no me dejan pasar. Cuando voy al cine y no entró en la butaca, o cuando voy a la facu y el banquito me aprieta las piernas. No alcanza el amor propio para hacerme sentir bien cuando literalmente siento que vivo en un mundo que no está diseñado para mí.

Nathy Peluso logró expresar todo el amor que ella se tiene y cómo ella misma lo construyó. También, a partir de su show expresa que quiere lo mismo para todxs nosotrxs, pero ¿es a partir de mi propia voluntad que voy a poder sentirme bien conmigo misma?

El empoderamiento que propone Nathy es individual, y eso me hizo sentir incómoda. Si yo me quiero y me aprecio voy a estar empoderada. ¿Cómo es que sólo yo puedo liberarme cuando lo que me oprime es la sociedad en la que vivo? ¿cómo es que soy yo la responsable de mi propia opresión? Me gusta pensar al empoderamiento (aunque sea individual) como una construcción colectiva, común a todas las personas.

Parecería ser que no importa que haya una sociedad que me discrimine día a día, que me rechace por mi fisicalidad. Que no importa la educación que tuve, que me adoctrinó con una obsesión por la delgadez, o con la normalidad de culos redondos y parados. No importa tampoco la imposición de cuerpos en los que parece no pasar el tiempo, y que se muestran naturalmente bellos en propagandas, películas, programas de televisión. No importan las góndolas enteras en farmacias y supermercados con productos para “embellecerme”: cremas anti-age, anti estrias, anti celulitis, reductoras de grasa abdominal, bronceantes, pastillas adelgazantes, cera depilatoria. Lo que sí parecería importar, y en lo que todxs hacemos énfasis al hablar del amor propio, es que a partir de mi voluntad puedo combatir la violencia diaria de una sociedad que me dice que mi cuerpo está mal. Que lo único que puede salvarme del ahogo de un sistema patriarcal, y del odio que inculca sobre mi cuerpo es el amor que tengo por mi persona. Pero yo pienso que el amor propio todo no lo puede. El amor propio- todo (no) lo puede.  

Gracias a Nathy por sus shows, sus bailes hipnóticos y su voz histriónica, por su liberación arriba del escenario: por mostrarme un poquito de esa capacidad increíble que tiene ella para quererse y respetarse. Pero, bancá un poco Nathy, no todas podemos solas. Antes de pensar en amarme a pesar de los mandatos, quiero luchar por modificar esos mandatos que me oprimen. Y esa lucha no la voy a lograr sola, esta lucha la voy a hacer con mis compañeras, porque esta lucha es colectiva. El empoderamiento es colectivo.

Colaboración
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