Revista Palta | ¿SI MAMÁ SE MUERE SERÁ TRENDING TOPIC?
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¿SI MAMÁ SE MUERE SERÁ TRENDING TOPIC?

Cuando era chica mi mayor miedo era enterarme que alguno de mis papás estaba muerto al prender la tele, en voz de Jorge Rial o de una pareja conduciendo un noticiero. Me lxs imaginaba sentadxs con la espalda derecha y su ropa recién planchada diciendo que “era una gran pérdida para la televisión, alguien tan reconocidx y queridx por el público”. Mi peor pesadilla era la foto del accidente proyectada a la derecha de los conductores, seguida de una donde se lx viera jóven y sonriente -como para invocar la nostalgia-, alguna conmigo; y después, rápido, la imagen de otro tema más feliz. Paul McCartney en Argentina o la buena acción de un hombre común que encontró un maletín lleno de plata y lo devolvió. La cuestión es que cada vez que aparecía un canal de aire me apuraba por cambiar a uno de dibujitos más rápido que cuando, después de ver La Llamada, sentía el peligro de que saliera Samara de alguno de los canales grises.

Hace poco me llamó una amiga por teléfono para preguntarme si estaba bien. Yo estaba subiendo una historia a Instagram de un plato de sopa con el comienzo de mi serie favorita en la pantalla de mi compu y me interrumpió el ringtone predeterminado y molesto de mi celular. Le dije que sí y le pregunté por qué. Dijo que había leído en Twitter que mi mamá se había desmayado en medio de la función, “que se había desplomado en el escenario”.

Llamé primero a mi casa. A la de mi mamá. Mi mamá desplomada. Me atendió su pareja. Hice lo mismo que mi amiga había hecho conmigo. Le pregunté cómo estaba, cómo estaba mamá, qué había pasado. Él tampoco sabía nada. Me preguntaba a mí. Yo le pregunté a Twitter.

Entré al perfil de la cuenta que había mencionado mi amiga y eran mucho más de 140 caracteres los que pretendían informar. Cual periodismo amarillista, una cuenta cualquiera, aprovechó la situación para escalar “(red)socialmente”. Un twit tras otro, la inmediatez, la primicia, el mal gusto, todo junto. “Mercedes Morán estaba hablando lo más bien y de repente se desplomó en el escenario.” “Suspendieron la función y nos pidieron que abandonáramos la sala. Estamos en estado de shock cc @tolcachirc @Teatro_Maipo.” “Seguimos en el hall esperando la ambulancia.” “Hasta ahora, lo que vimos nos gustó mucho, esperamos que @fimersea esté bien y se recupere pronto.” Jorge Rial un poroto.

¿Qué era lo que hacía que alguien “en estado de shock” tuviese tiempo para twittear e informar a miles de personas antes que a mí? ¿Por qué @gringo123 que vive en Hong Kong se enteró de la noticia y decidió hacer RT antes de que yo supiera que mi mamá me necesitaba? ¿Por qué la información le llegó primero a alguien que ni siquiera se detuvo a ponerle un corazón en medio del scrolleo? ¿Dónde estábamos lxs que podríamos -elegiríamos- estar haciendo algo más práctico en vez de twittear?

Bueno, yo estaba mirando una serie en la cama, y después muriendo de nervios leyendo a desinformados que jugaban a ser informantes en las redes; pero cuando el productor me llamó por teléfono supe que si no lo había hecho antes era justamente por eso: estaba siendo práctico. Ayudándola, conteniéndola, llamando a la ambulancia.

Me tranquilizó saberlo y quise hacer algo con toda esa incertidumbre que rápidamente se convirtió en enojo. Pensé hacer un descargo en las redes. Twittear algo sobre lxs que twittean antes de actuar, sobre lxs que no saben a quién están informando. Pensé también en hablarles por privado y preguntarles cuál era su objetivo, asustarlxs un poco. Contarles el miedo que sentí, lo poco lista que estoy para que mi mamá me deje. Lo lejos que estoy de ella ahora que vivo sola y lo poco que puedo hacer desde acá. La bronca que me da que que alguien tan cerca suyo actúe de una manera tan despiadada. Lo que duele que una situación así, que para mí significa tanto y me genera tanto miedo, para alguien al lado suyo no sea más que una primicia. Decirles que la dejen en paz. Que ya es bastante feo desmayarse y mostrarse vulnerable en frente de una audiencia como para que encima alguien viralice esa sensación. Que ya demasiada vergüenza debió sentir de que la vieran caerse como para encima enterarse que tan poco les importaba atajarla. Que le twittean desde el hall del teatro que se mejore para que cuando se despierte crea que un poco les importó.

Pero decidí que yo era mejor que eso. Dejé las redes de lado y usé mi celular sólo como una herramienta para comunicarme con mi familia. Me puse un jean rápido, me dejé la remera de pijama puesta y me subí a un taxi con destino al hospital. Aunque no fuera más que una lipotimia, quería oírlo de la boca de lxs médicxs. Incluso estando lejos, elegí ser práctica.

Esa noche, por un momento, me volvió como en un deja vú la sensación que tenía de chica. El mismo miedo en forma de flashback. Entendí que hacía lo correcto cuando cambiaba de canal y que volví a hacerlo cuando salí de las redes. Que el miedo era (y es), en el fondo, otro. Uno que no se va a ir nunca. Pero que se calmó cuando llegué al hospital y la vi toda maquillada y sonriente esperando ansiosa que le dieran el alta. Me inundó otro flashback, una sensación que había olvidado: cuando, después de cambiar de canal, escuchaba las llaves en la puerta de entrada y corría a abrazarla fuerte.

Manuela Martinez
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