Revista Palta | LIBRE POR DEFINICIÓN
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LIBRE POR DEFINICIÓN

Si tuviera que resumir mi experiencia amorosa en un CV pondría que durante mis primeros años fui freelancer y que después hubo experiencias encajonadas, cuyo saldo termina en despedidas que no pueden retomar en amistad (salvo algunos casos) y en algún otro vínculo más o menos aleatorio, breve pero intenso. Soy optimista si digo que toda relación sirve para aprender un poquito más de nosotrxs mismxs. Que me puse en lugares muy desempoderados como mujer y sujeta, y que estuve en posición de víctima y de victimaria. Que suelo ocupar lugares maternales que luego abandono prendida fuego como si fuera una bomba que explota y se polariza entre mujer cuidadora y mujer deseante. Todos estos son procesos que cada día tengo que deconstruir.

La realidad es que lo más parecido al amor en mi vida fueron seguir los crush de enamoramientos con todo lo que ello implicaba; cuando me gusta alguien me doy cuenta, se me sube la intensidad al cuerpo y se me apagan los sentidos de la razón. Me pongo un poco impulsiva. Por suerte, no pasa tan seguido. Si la relación fluye en el tiempo suele hacerlo bajo el formato de la monogamia y la heterosexualidad. Caer “en la trampa del amor” suena a una frase cliché de novela mexicana pero generalmente el trago incluye las  obsesiones, las luchas de poder, los problemas fantasiosos y acomplejados de la aventura del ego. En algún punto creo poner todas mis energías en deconstruir mis emociones y expectativas hasta llegar a este punto en el que estoy ahora y lo que prima es, sobre todo, la palabra confusión. Me sigo preguntando cosas, ¿cómo sé que estoy eligiendo libremente, si no conozco todas las opciones posibles?

¿Qué es el amor? No sé pero es más fácil definirlo por la negativa. La obsesión, la posesión, los celos y los juegos de poder distan de ser algo parecido al amor sano que el que puedo llegar a sentir por mi gato. Y, salvo mi experiencia actual que es la más posible y parecida a un encuentro entre dos personas libres que no desean dañarse y que sí desean acompañarse, salvo esta repito, las demás experiencias amorosas que tuve han sido de magnitud intensa si hubiera que hablar en términos de terremotos, lo cual no sería desatinado. Como también el amor es una construcción social quise saber qué pensaban lxs que llevan adelante otras practicas sexo-afectivas.

El otro día soñé que entre “los padres” (categoría amorfa en el sueño, la imagen era la de adultos post 50 sentados en reposeras en una playa) se instalaba la idea del amor libre. Y de repente todas las reglas del juego de mis estructuras amorosas armadas cambiaban.  

A veces, antes de dormir o cuando me levanto, hago ejercicios de imaginarme cómo serían las cosas si de entrada se hubieran planteado distintas. Por ejemplo: ¿cómo hubiera sido yo, o cómo sería hoy nuestro comportamiento como sujetxs sociales si nuestros padres y madres, por ejemplo, fueran personas cuyos vínculos fueran abiertos? ¿o diversos? ¿o si tuviera tres madres? ¿o si “lo normal” hubiera sido que las personas no tuvieran vínculos de compromiso de a dos? ¿qué sería lo anormal? ¿cuál sería nuestro concepto de amor? ¿con qué hubiéramos querido romper, o qué cosas estaríamos cuestionando? ¿sería más sano?

Como todo, imagino que tendría sus pros y sus contras. El ejercicio mental imaginativo me llega hasta la conceptualización del ideal pero me cuesta profundizar en las imágenes, saber las respuestas a esas preguntas queda totalmente fuera de mi capacidad de imaginar y, sobre todo, lo que me falta es experiencia. Porque mi experiencia es otra: la de los vínculos monógamos, la de los padres y madres monógamos, la de la “posesión” sobre el otrx, el dominio de “mi chongo”, “mi novio” y las preocupaciones y los miedos que traen que ese otrx decida tener otro objeto de deseo y atención. Es decir, toda la libido puesta en una sola persona. Pero ¿cómo sería probar una forma distinta?

Cuando digo amor libre lo primero que pienso, “el amor es libre” por definición, partamos de ahí pero ¿por qué veo la necesidad de aclararlo conceptualmente?

Pienso cosas como, “si yo no sabría lo que es la forma del triángulo, no vería triangulos”. Si yo no conozco otras formas de hacer las cosas, no las veo, no las puedo envisionar. Si no conozco otras formas de amar, lo que no conozco me cuesta más. Aunque a veces, la incomodidad y la búsqueda de llegar a formas más perfectibles de nuestros deseos, son el motor que mueve, en principio, la imaginación.

Mis amigxs son mis maestrxs, esto siempre es así. Nada mejor que un/a contemporánex para aclararnos dónde estamos paradxs en el mapa, ¿soy yo la única que está delirando? ¿vos en qué estás? Me gusta mucho escuchar con atención cómo viven y piensan los demás, aunque eso también me marea.

Tengo algunxs amigxs, me arriesgo a tirar un número, 2 o 3 (lo cual me sorprende mientras escribo, ya que es bastante) que se animan a otras formas y tienen prácticas vinculares distintas: podríamos llamarles relaciones abiertas, aunque odio las etiquetas. Pero esto me genera cada vez más preguntas y menos respuestas e intuyo que las respuestas están y se dan, al igual que en cualquier tipo de vínculo, en la práctica.

Mis amigxs son mis maestrxs

Llamo a una amiga para que me cuente qué es tener una relación abierta, qué es el amor libre para ella en su práctica cotidiana y lo primero que me dice es que para ella es una decisión abiertamente política, una forma de ser y hacer en la vida, una militancia, algo sobre lo que deliberadamente reflexiona, estudia, investiga y sobre todo practica. “Lo que me pasa con este recorrido es que es un recorrido constante”, es una decisión política y es puramente práctica porque nadie te enseña como hacer esto, nadie te enseña a tener una relación poli-amorosa o poli-sexual, no hay una sola forma de esto tampoco”. “Uno empieza a planteárselo desde la intimidad, y después lee un poco más y después te das cuenta de que podés llevarlo a todas las relaciones de tu vida”. “Yo quiero cambiar las cosas de raíz, plantear discusiones sobre la mercancía y yo no quiero ser vista como una mercancía, por eso yo tengo este tipo de relaciones, no puedo tener otro tipo de relaciones porque es como yo hoy veo el mundo”.

Sus experiencias distan de las mías y suelen incluir situaciones de relaciones de a más de dos. Desde su punto de vista “son muchas las cosas que se ganan” en una relación abierta y “se pierden las cosas negativas de las relaciones cerradas”, “no hay una sola experiencia válida”, “hay rasgos de las relaciones cerradas que son inherentes al patriarcado y al capitalismo”. “Los celos son mecanismos o tecnologías que utilizan las relaciones cerradas para controlar y ejercer una dominación sobre el/la otrx”, “no siento posibilidades de tener celos y si los siento es algo que tengo y puedo hablar”.

Y mi pregunta es ¿será que nos limitamos? ¿en qué estamos creyendo? ¿por qué seguimos siendo abonadxs en servicio de las estructuras modelo del capitalismo primitivo?

Pienso mientras escribo que cuestionar las formas del amor como las conocemos es nada más la punta del iceberg del desmantelamiento de un sistema opresivo inmenso y articulado para sostener también un modelo y sistema de producción, aunque todo esto da para otra nota.

No creo en las recetas, no creo en las fórmulas ni en las formas preestablecidas: creo que cada unx tiene que pactar las condiciones y establecer las relaciones que le hagan bien a cada unx, que lx hagan sentirse cuidadx y respetadx. Si un dia querés ser monógamx está todo perfecto, si otro día te volvés pansexual está todo perfecto, no creo en la linealidad ni en la estructura fija, pero sí pienso que estamos recontra estructurados emocional e ideológicamente y que las decisiones son realmente libres cuando logramos realmente deconstruirnos, conocer que hay más opciones, no quedarnos con lo seguro ni lo conocido ni lo que parece que funciona porque así nos lo enseñaron.

Julieta Blanco
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