Revista Palta | LA VIRGINIDAD ES UNA CONSTRUCCIÓN TÓXICA
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LA VIRGINIDAD ES UNA CONSTRUCCIÓN TÓXICA

Por Lucía Suárez Reino 

Las sábanas no estaban manchadas. No había rastros de sangre en la ropa de cama pero en el rostro de mi novio había claros indicios de decepción. “Me dijiste que eras virgen, sos una mentirosa”.

Era mayo de 2008. Estaba de novia con un pibe que me encantaba, faltaban dos meses para mi cumpleaños número 18 y sí, aún era virgen. Cargaba con esa cruz sobre los hombros y mis amigas del secundario me recordaban bastante seguido que “¿cómo puede ser que todavía no lo hayas dejado que te la ponga?”. Él no me insistía pero… la presión estaba ahí.

Finalmente cedí. El fin de semana largo del 25 de mayo mis viejxs y mis hermanxs se fueron a pasar unos días afuera y yo quedé sola en mi casa. Era mi oportunidad. Invité a mi novio a dormir pero lo que menos hicimos fue descansar. No porque hayamos tenido una sesión maratónica de sexo adolescente sino porque “la mejor noche de mi vida” fue un fiasco.

No sangré y eso hirió profundamente el orgullo de mi novio. “Trola y mentirosa“, me dijo. No le había mentido: nunca había tenido sexo penetrativo antes, y sin embargo no sangré. Me sentí profundamente humillada y traicionada por mi propio cuerpo.

Días después llamé a mi ginecóloga y le pedí un turno porque seguía realmente angustiada por la situación. Ella me explicó que seguramente había tenido algún accidente que haya provocado la rotura del himen, que no me preocupara. Inmediatamente recordé una vez que, andando en bici muy fuerte, me morfé un cordón y me di el caño contra la concha. Ese día sí hubo sangre y dolor. “Bueno, ahí tenés”, me tranquilizó la doctora.

Mi novio no me creyó pero “me perdonó”. Seguimos juntos diez meses más y finalmente tomamos rumbos distintos.

Casi una década después, habiendo recorrido un largo camino y estando ya sumergida en las bondadosas profundidades del feminismo, descubrí que todo lo que nos enseñaron en la escuela es mentira. También me di cuenta de lo mucho que necesitamos que se implemente y respete la Ley de Educación Sexual Integral.

Casualmente encontré en Internet un artículo que problematizaba la construcción socio-cultural alrededor de la (mal llamada) virginidad femenina y encaraba el mito de que el himen debe romperse y sangrar durante la primera relación sexual con penetración vaginal de una mujer. Noticia de último momento: no tiene por qué ser así.

El himen es una membrana fina y delicada que recubre total o parcialmente la apertura vaginal externa y que tiene la capacidad de estirarse, reacomodarse e incluso regenerarse según el uso que cada unx le dé a su tesorito. Durante la primera vez de una chica el himen puede estirarse y rasgarse, pero no necesariamente es así. El himen sirve para muchas cosas pero no para probar que una mujer sea “virgen”.

Recién después de una década pude acceder a las herramientas necesarias para darme cuenta de que mi cuerpo no tenía nada malo; que el himen no tiene por qué romperse; que mi sexualidad no es motivo de burla; que la virginidad es una construcción tóxica; y que si duele y sangra, algo anda mal.

Colaboración
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