Revista Palta | LA PRIMERA VEZ QUE NO ME TENTARON LAS BOLUDECES DE FARMACITY
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LA PRIMERA VEZ QUE NO ME TENTARON LAS BOLUDECES DE FARMACITY

Me encontré sola en una farmacia comprando un Evatest aunque no cogía hace cinco meses. Resalto la parte de sola. Resalto la parte de que no cogía hace cinco meses.

Venía teniendo pérdidas por fuera del ciclo y los médicos dijeron que había grandes sospechas de embarazo, así que me vi obligada a hacérmelo. Yo me sentía cada vez más estúpida, llegué a desconfiar hasta de mí misma. “Seguro esa fue la última vez que tuviste relaciones?”, “Segura que usaron preservativo?”, “Segura que te indispusiste en estos meses?” “Sabías que hay mujeres que menstrúan estando embarazadas?”.

Corrí a la farmacia. Estaban adelante de todo, pero por supuesto que no los vi. En su lugar recorrí todas las góndolas hasta el fondo y las miré detalladamente. Fue la primera vez que no me tentaron todas las pelotudeces de Farmacity, ni medias me llevé. Me encontré mirando, igual de detalladamente, el sector bebés: chupetes, pañales, escarpines. Me vi a mí misma comprando eso dentro de unos meses (cuatro); y también me vi reencontrándome con mi ex. Me pregunté si lo citaría en un café, si me creería, si nos iríamos a vivir juntos. Nos vi relatando esa situación ante la cámara de algún programa del tipo No sabía que estaba embarazada.

Una chica me señaló dónde estaban, enfrente. Otra vez, la estúpida. Agarré el violeta, que Maru había dicho que era el más rápido. También lo elegí porque el precio me dio más confianza. Me llevé eso y un chocolate. Cuando estaba en la caja me hice la que mandaba un audio de whatsapp a una amiga y le dije “Tranquila vos, estoy acá comprando, ahí te llevo, te quiero”. Creo que el cajero se dio cuenta de todo, o no. Ni me miró. Me sentí más sola que antes.

Tenía que tener como no sé cuantas horas de retención y quise que fuera eficiente, así que decidí hacérmelo al otro día a la mañana. Fui a clase de dramaturgia con el evatest y el chocolate en la mochila. Mientras el profesor hablaba, Gonzalo me miró y me preguntó si estaba bien. Me dijo “Tenes ganas de llorar, no?”, yo le dije “Si, se nota mucho?” y me dijo “No, solo yo me di cuenta”. Entonces si, se notaba mucho. Cuando terminó la clase me dijo que lo llamase para lo que sea y repitió “Lo que sea, eh”. Nos abrazamos.

Me sorprendió su sensibilidad, no nos conocíamos tanto pero me hizo bien su amor; tanto, que me dieron ganas de sentir eso en algún otro lado, así que le mandé un mensaje a mi ex “para chequear la fecha del último encuentro”, y me fui para lo de mi mamá.

A los dos les dije que estaba segura de no estar embarazada, que me daba más miedo lo que pudiera pasar después porque la médica había dicho: “Si da negativo, volvés a la demanda para seguir con más estudios”. Era verdad, el resultado de ese evatest no era lo que más me preocupaba, pero aproveché para poner ahí todo lo que necesitaba expulsar, usar esa excusa para llorar por mil cosas más, y recibir un poco de afecto, cariño, como sea que quieran llamarle.

Llamé a papá, me dijo que saltee la parte del análisis de sangre y vaya directo la ecografía; mamá dijo que no, que no pase del de sangre, que ella creía yo estaba anémica; mi ex me creyó, me abrazó virtualmente y me dijo que lo mantuviera al tanto (también aproveché lo poco que entienden los hombres de estas cosas para sentir ese abrazo más fuerte); mi hermana me hizo una receta de rivotril sublingual.

Dormí con mamá, me quedé ahí. Ella se puso contenta porque le gusta cuando hago eso, y no lo hacía hace años. Miramos Tinelli, pero el programa terminó antes de que bailase la pareja que nos gusta. Yo dije “Tengo miedo” dos veces antes de dormir. Ella no contestó ninguna, estaba cansada y supongo que no había nada que contestar. Más tarde me rascó la espalda, creo que esa fue su respuesta. Después roncó toda la noche, mientras yo temblaba y sentía taquicardia.

A la mañana me escabullí y me fui caminando a casa, para hacerme el evatest, ya basta de hacerme la víctima; aunque en vez de tres minutos lo dejé quince, “por las dudas”. La incertidumbre era enorme, otra vez me sentía estúpida. Cuando salí del baño tenía un mensaje de mi ex preguntando si había novedades. Me gustó tener alguien que se asustara conmigo, pensé que era eso lo que necesitaba. Me había puesto “No lo hagas sola”, tarde.

Por supuesto dio negativo, y por supuesto no me sorprendí al verlo, “era obvio”. Tampoco me tranquilicé; lo tiré a la basura sin ni siquiera sacarle una foto y llamé a mi pediatra (llorando mientras le hablaba, aunque de eso él no se haya dado cuenta).

Al final, los médicos dedujeron que las pérdidas eran por estrés. Eso no se lo conté a tanta gente. Esa noche volví a casa sola, cené galletitas con Casancream y me dormí mirando Instagram mientras me rascaba la espalda contra la pared del cuarto.

Creo que parte de esa distancia es propia de crecer; que parte de ser adulto empieza con llevar comida a las reuniones familiares, y termina con estas cosas. No sé con qué tuvo que ver el mambo de esa noche, ni cuál era el motivo del estrés al que se referían los médicos; tampoco sé si temblé por el miedo a estar embarazada o por el miedo a alguna otra cosa, lo de sentirme sola es una posibilidad.

Manuela Martinez
[email protected]