Revista Palta | LA CALLE COMO ENEMIGA (Y OTRAS CONSECUENCIAS DE CORTAR)
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LA CALLE COMO ENEMIGA (Y OTRAS CONSECUENCIAS DE CORTAR)

A mí se me da por juntar imágenes. No puedo evitarlo. Se me apilan una tras otra y cuando paso por algún lugar que tiene una carga especial, mi mente prende un proyector que me reproduce toda la vivencia, toda la historia, toda la persona.   

Soy de un pueblo chico, viví ahí hasta terminar el secundario y allá no era tan grave. Los lugares son pocos y los recuerdos se pisan unos a otros. Si salta una imagen poco amiga, en seguida pasa otra mejor. Cuando te vas, la fuerza de la nostalgia lo tiñe todo de cosas lindas, de tiempos claros.

El problema son las parejas: cada vez que termino una relación la ciudad se me presenta como una captura de Google maps llena de pinches rojos que marcan posibles lugares de proyección de película. Algunos puntos a esta altura dan risa, quizás por lo que dolieron antes, pero otros tienen tanta fuerza que la convulsión del sentimiento me altera el día. A veces sospecho que tengo que mudarme de ciudad cada tanto, romper el proyector a patadas, comprarme un cerebro nuevo.  

Hace poco me dejaron. Hace nada me dejaron. Y como nunca antes la capital toda se me vino en contra: mi departamento era un cementerio de cosas que me hacían mal, mis amigxs lugares peligrosos, de doble filo, tres o cuatro barrios lugares impensados para volver por mucho tiempo.

Suelo manejar siempre las mismas reglas: no pasar por algunos lugares, no hablar con algunas personas por unos meses, no mirar redes sociales. Ser mi propio dictador, instalar el modo totalitario, no existís más. Pero esta vez pasó algo distinto: la casa de mi ex, lugar prohibido, impensado, intransitable, queda en frente de la casa de mi mejor amiga. Y eso me llena de bronca. Porque a mi ex la extraño y no, me importa y no, la odio y no, pero si entro al chino, a la dietética, si me la cruzo saliendo del subte, o si piso esa calle – callejón palermitano de árboles lindos, frescos, de domingo con sol- la película se reproduce igual y es doble función, gratis todo el mes.

Lo hablé con varias personas que tuvieron otras historias. ¿A vos te pasa? ¿Tu casa se convirtió en tu enemiga? ¿Cómo haces para trabajar con tu ex? Las respuestas son varias, raras, poco parecidas entre sí. A mí no me sirve ninguna. Mi dictador ya está operando. Es eficaz, rápido, impasible y duro.

Regalé libros, ropa, borré fotos, tiré cosas que ya no quiero tener. Todxs me dicen que soy una boluda, que cuando se me pase la bronca, el extrañamiento, el tema sensible, las cosas que me gustaban las voy a querer. Pero todxs queremos cosas distintas, no me importan las cosas, lo que me gustaría con ganas es tener la fuerza de desmitificar las esquinas, romper la carga de los bares, que el subte sea el subte, que el doce sea el doce, censurar la película, entrar a lo de mi amiga, tomar dos cervezas, fumar tres cigarrillos, darnos un abrazo, y que ese sea el corto proyectado al día siguiente.

 

 

Por Dana Madera.

Colaboración
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