Revista Palta | HIJA DE SU MADRE
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HIJA DE SU MADRE

Me acuerdo que mi mamá siempre me llevaba a la feria del libro. Quizás una parte de ella sospechaba que un evento con tanta gente y tantas propuestas distintas podía llamarme la atención. Nunca me gustó mucho leer; los libros cortos y de dibujos eran mis favoritos. Pero año a año, ella insistía: la cantidad de páginas de los ejemplares aumentaban a la par de mi crecimiento.

Hace unos meses estaba sola en casa y no había internet. Me paré frente a la biblioteca de mi mamá, la miré un poco, y agarré el libro más finito que encontré. Se llamaba “Madre Soltera”. Ella me lo había recomendado ya.

Mis papás se separaron antes de que yo naciera, por lo cual para mí es como si nunca hubieran estado juntos. No tuve nada distinto como para comparar; nada distinto a una casa en la que mi mamá fuese mi papá también. Nunca sentí la ausencia de mi viejo, no me dolía y no me molestaba decirlo. Era visible que yo estaba en un esquema diferente, pero eso no me afectó nunca.

“Quedar embarazada por error es una forma de quedar embarazada. ¿Y qué es un error?” Se pregunta Marina Yuszczuk en el primer poema de su libro. Pienso en mi. Yo nunca le pregunté a mi mamá cómo fue que llegué a su panza. Ella me dijo una vez que alguien le había puesto una semilla y para mí fue suficiente. Tampoco le pregunté eso del accidente, al fin y al cabo uno ya está acá. Ya estoy acá y mi mamá siempre me dice que yo le salvé la vida.

Cuando leo lo que escribe Mariana pienso en mi mamá. La autora del libro se presenta como una mujer que aprende. Que aprende de su cuerpo, y de su alma. Con la llegada de su hijo Junio su vida cambia, por dentro y por fuera. “¿A dónde empieza un cuerpo, y a dónde termina?” Un día que mi mamá estaba muy triste yo me di cuenta porque su comida no estaba tan rica. Algo en mi paladar supo que ese día mi mamá no estaba feliz. Pero no le dije nada.

Soy muy parecida a ella y eso me asusta. El mal humor, los gustos en la comida, la forma en la que me río, lo responsable y organizada que soy con todo, la voz que pongo cuando contesto el teléfono, el no poder llegar a un lugar con las manos vacías. Pienso en lo que debe haber sido verme crecer y repetir cosas que ella hacía. Ella es la responsable de muchas actitudes, buena y malas, que hoy en día yo tengo.

Mariana dice que una mujer como madre soltera debe ser un soldado; que si una vez se hace madre, tienen que crecerle garras. Mi mamá siempre me cuidó. O intentó hacerlo. Y la mejor manera que encontró ella fue darme libertad para que sola conociera mis propios límites. Siempre confió en mí. Siempre confió en todas esas cosas que desde chica me enseñó, desde los pequeños detalles de la vida cotidiana. Y si una está segura de lo que hizo, de lo que mostró, supongo que debe ser más fácil confiar. Pero de modo contrario, siempre le costó confiar en el mundo. No hay vez que salga y no me pida que le avise cuando llegó al lugar. Y entre los recuerdos más tétricos de mi infancia, frases como: “Ahora nos vamos a subir al micro. Yo me siento del lado de la ventanilla así si hay un accidente vos podés salir primero.”

“En mi mente ayer me separé” Había algo que a la autora le asustaba al hablar de separación. Quizás era el miedo a estar sola con su bebé. La responsabilidad. Porque la sociedad construye un concepto de familia en donde el niño tiene una madre y un padre. Donde ambos parecen ser necesarios para hacer que la situación funcione. Y sé que mi mamá muchas veces también sintió miedo al estar sola. “El invierno”, como lo llama Marina, es ese momento en el que se está sin estar. Y en éste caso se está por miedo a no saber si una va a poder sin su pareja. Si una mujer puede cuidar sin un padre en casa a su familia. Aunque ser madre soltera no siempre implica ser madre sola.

Cualquier cosa que pueda decir ahora va a sonar cursi, porque es el momento en el que explico por qué siento que mi mamá pudo. Ella fue capaz de hacer que me sintiera fuerte e independiente. Fue capaz de enseñarme a ser una mujer en un mundo donde pareciera que por el simple hecho de pertenecer a un determinado género, se nos dice que hay cosas que no podemos hacer. Cuando leí “Madre Soltera” me acordé de un montón de historias de mi infancia. De lo que mi mamá pensaba de la poesía y por qué insistía tanto en que me gustara. En cada palabra que leía me la imaginaba interpretando qué había detrás, subrayando las frases que le gustaban. Entrar a un universo que ella tanto disfruta me hizo conocerla desde otro lado. Y esa es un poco la forma en la que eligió enseñarme siempre: Mostrándome el mundo a través suyo. Porque una madre se ve reflejada en un hijx, y hoy la forma en la que miro las cosas habla tanto de mi como de ella.

Paloma De La Jara
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