Revista Palta | ¿GORDOFÓBICA, YO?
2001
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¿GORDOFÓBICA, YO?

Por Valentina Groba.

Hace una semana hice una encuesta en mi instagram en torno a la gordofobia: ¿el miedo a ser gordxs nos vuelve gordofóbicxs? Dentro del micromundo de mis 400 seguidores, el 67% respondió que no, y el 33% respondió que sí. La encuesta también invitaba a que lxs que quisieran pudieran argumentar sus respuestas.

Nunca quise ser gorda, hasta el día de hoy me da miedo. Hay días en donde esa sensación se acentúa más y días en los que casi no pienso en eso. Pero siempre está ahí, latente en algún espacio de mi cuerpo. Aparece cuando como “de más”, cuando tomo mucha cerveza, cuando los jeans que usaba hace un año me aprietan y cuando me miro desnuda en el espejo antes de bañarme. También cuando paso mucho tiempo en instagram. Pero cuando más aparece es cuando siento a quienes me rodean obsesionados por no engordar. Eso me genera una presión mayor a la que tal vez pongo yo sobre mí misma.

Muchas de las respuestas giraron en torno a que el problema no era ser gordx en sí, sino lo que ser gordx conlleva en esta sociedad. Por lo tanto, si unx tiene miedo a ser gordx, en realidad no es a ser gordx “físicamente” sino “socialmente”. Lo cual, a mi parecer, es lo mismo. Ser gordx es, por excelencia, negativo: el gordx es sucio, insano, depresivo, feo, infeliz. Nadie quiere cargar con todas esas denominaciones. Tal vez de ahí viene mi miedo.

Yo creo que si tenés miedo a ser gordo, sos gordofóbicx. Yo soy gordofóbica, y esto no quiere decir, necesariamente, que “odio” a lxs gordxs, ni que mi odio sea irracional e incontrolable. Desde el activismo gordx se rechaza la idea de fobia, ya que apela a acciones incontrolables. Mi gordofobia es una construcción social que se fue cultivando durante toda mi infancia y mi adolescencia. Y en vez de cuestionarlo, en vez de luchar contra esos estereotipos para mostrar que todo eso que nos dijeron sobre ser gordx dista mucho de la realidad, focalicé toda mi energía en no serlo, en no ser gorda. Sin quererlo, soy parte de ese sector de la sociedad que día a día condena a esos cuerpos a la marginalización.

Deconstruirlo es un ejercicio muy difícil, sobre todo cuando vivimos en una sociedad que nos bombardea mierda. Que nos vende anorexia como salud y felicidad, y demoniza los cuerpos gordxs. Pero no son sólo las propagandas y la ropa, ni los productos para adelgazar o las interminables ofertas para liposucciones o electrodos. Es todo el sistema de salud, acusando patologías y recetando dietas sin discernir entre un cuerpo insano de un cuerpo “estéticamente” insano. Es el médico de cabecera de toda mi familia, al que fui cuando tenía veinte y me recomendo bajar dos kilitos. En mi familia todxs estuvieron de acuerdo porque “él es médico”, pero con el tiempo me di cuenta de que a él le molestaba mi cuerpo, no a mí: mis estudios estaban bien, yo estaba sana.

También somos nosotrxs, todxs nosotrxs reproduciendo ese rechazo. Soy yo cuando tengo miedo a engordar, son mis amigas cuando no comen todo un día alegando que están “llenas”. Soy yo de nuevo cuando me quedo observando esos cuerpos con algo de morbo, sin entender del todo cómo pueden “vivir así”; cuando digo que tengo piernas gordas y algún amigx me dice: no digas eso.

La gordofobia está totalmente naturalizada, tanto que a mí me costó mucho reconocerme como tal. Porque la realidad es que “no me molestan los gordos”, “tengo amigos gordos”, “la gente gorda puede ser linda”, “es posible ser gordx y ser feliz”. Entender que mi miedo a ser gorda es parte de la gordofobia en la que me crié, es un primer paso para cambiarlo. Intento militar a diario visibilizando a los gordxs como lo que realmente son: personas. Entender que el cuerpo gordx hoy en día es un cuerpo indisciplinado, que no responde a lo que nos enseñaron que un cuerpo debe ser, a la hegemonía, a la norma, a los cánones establecidos. Que gordx deje de ser una mala palabra, y pase a ser un adjetivo para describir el cuerpo del otro, sin cargas peyorativas.

Brenda Mato convive con esto todos los días. Y la manera que encuentra para modificar esta realidad es militando, militando el activismo gordx, la aceptación (no como un acto individual, sino conjunto), exigiendo un cambio en las leyes. Ella comenzó su activismo a través de la Ley de Talles, cuando a sus 26 años no pudo conseguir ropa para ella. Aunque la Ley de Talles existía, no se aplicaba en ninguna marca. Lo que plantea Brenda consiste en mostrar que la ropa es una manera de expresión, poder elegir lo que vestimos día a día nos define. Si no hay ropa de tu talle, tu expresión, tu identidad queda marginalizada a la ropa que el mercado te dice que vos podés usar: tener que usar la ropa que te entra, y no la que te gusta. No es sólo ropa, es la forma de mostrarnos en el mundo.

Hace una semana Brenda Mato, reconocida modelo plus size y activista body positive, publicó en sus redes una foto de ella sin maquillar donde se podían ver sus granos. Narra una breve historia sobre algo que seguramente es cotidiano para ella, un consejo que no pidió, alguien dando una opinión sobre su cuerpo. En el final del post ella escribe: No es una cuestión de ser “fuerte” y que nada te afecte. No es algo individual, somos todxs. Cambiemos la mirada a lo que importa”. Me parece súper relevante lo que Brenda acentúa en esta última frase: el sentirnos mejor con nosotrxs mismxs no es una acción individual, es algo colectivo. Nosotrxs reproducimos la mierda con la que nos criamos, nosotrxs somos lxs que podemos pararla. Todxs juntxs.

Colaboración
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