Revista Palta | FUCK THIS SHIT
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FUCK THIS SHIT

Por M. Victoria Espasandín.

Empecé la serie después de una crisis de pánico en la que me había temblado el cuerpo involuntariamente del miedo. Fue con The end of the F***ing World que pasé la resaca de la crisis que, a mi parecer, es casi peor que el pánico en sí mismo. Desde el principio me había llamado la atención porque trata cuestiones psíquicas en personas chicas, y sobre todo, porque explica y “justifica” el porqué de las personalidades de lxs personajes. Lxs dos son adolescentes, por lo que podemos entender a un nivel social, que están en edades de transformación, deconstrucción y construcción permanente.

Cuando me empezó a pasar esto yo estaba rodeada de la gente equivocada, y eso me hacía sentir cada vez más sola y más lejos. Pero después, con los años, empecé a conocerme y a quererme un montón, entonces, empecé a ponerme límites y a poner límites sobre lxs otrxs. Como la protagonista de la serie, Alyssa.

Una vez, hablando con “ese” alguien, me contó que había conocido a una chica que estaba “loca de verdad” porque tomaba Rivotril. Yo en ese momento estaba peor que nunca, porque no podía y no sabía cómo cortar ese vínculo vicioso que nos llevaba siempre al mismo lugar, a la nada misma. A la frustración, al vacío, al estar solxs de a dos, sola con un mounstrito.

En la escena donde Alyssa decide irse de la casa, piensa algo muy profundo sobre salirse del cuerpo de unx y mirarse realmente donde unx está paradx y piensa “fuck this shit” y se va en cámara lenta; acá se convierte, sin dudas, en la heroína. Esa toma de conciencia sobre dónde estamos, y dónde no queremos estar, aún sin tener claro a dónde queremos ir. Yo en esos momentos solía quedarme en la cama hasta que terminara de pasar mi estampida de elefantes, y creía que eso iba a ser así que va a hacer así para siempre; pero no, a mí también me llegó el día en el que dije: fuck this shit.

La serie toca varios temas que en la actualidad se están repensando; la concientización sobre la violencia de género, los roles de cada unx, el feminismo, el machismo, los colores designados culturalmente para cada género, etc. Algunos son puestos en jaque y otros, a mi modo de ver, tratados tibiamente.

La romantización de la violencia es lo que más me llama la atención, y cómo lxs espectadores terminamos comulgando abiertamente con ese vínculo enfermo entre los personajes. Nos encariñamos con ellxs, con sus formas de ser y de hacer las cosas. Porque entendemos, en algún punto, que esa violencia que los caracteriza, y que les es necesaria, tiene un porqué de mucho peso.

La agresión es el motor de la acción. Él, literalmente, quiere matarla desde el principio, y ella comienza su conversación con él burlándolo por su forma de patinar. Siento que esta primera interacción entre ellxs es como cuando de más chica (y hasta hace poco), trataba de justificar ese maltrato o destrato que tenían los varones para conmigo, como si agrediendo o provocando algo negativo en otrx fuera la única posibilidad de entablar algún vínculo con ellos. Sin embargo, a lo largo de la serie ambos se van a ir complementando y queriendo a su manera. Creo que la cuestión de los colores también es muy característica, ya que a lo largo el viaje, acompañan el cambio interno con el externo. Los estilos que utilizan y los colores van más acorde entre sí y no al choque como en el principio.  

Como protagonista femenina es innegablemente frontal con pensamientos y conductas que corrompen a un personaje de su edad y género. Pero, si bien ella tiene el coraje y la iniciativa de irse, a la hora de llevar a cabo los planes acude a James, al auto de su padre, y al manejo del mismo. Mostrándola incapaz de salir por sus propios medios. Yo me siento en sintonía con esto de tomar la iniciativa, pero también quiero asumir la inevitable necesidad de un otrx que nos ayude, como sea.

Ese alguien solía decirme: “te lastimo para hacerte más fuerte porque te quiero…”. Incluso una vez me escribió por una red social que si pudiera elegir de quién enamorarse, sin dudar sería de mí. Esto fue hermosamente cruel y me encantó, pero a la vez es una manipulación horrible. Claro que, en este tipo de vínculos, la ambigüedad y el peso con el que se dicen las cosas, no son igual para quien las dice, que para quien las recibe. El/la psicópata siempre deja abierto ese mínimo margen de duda sobre lo que dice y hace en serio, y lo que no, para que vos te agarres bien fuerte de ese margen, y te convenzas que quizá no fue tan grave, y que habría que escuchar su versión de las cosas.

Queda expuesto cómo a la hora de cumplir con las construcciones creadas, sobre cómo el hombre debe salvar a la chica en problemas, el protagonista no tiene dudas. Sin embargo hay una escena en la que Alyssa lo ayuda a él, y esto me resulta importante, porque es la primera vez que James es quien debe ser salvado.   

El objetivo de James cambia a lo largo de la serie, evoluciona. Asumir sus sentimientos para con Alyssa lo hace mucho más intenso que ese deseo de matar. Le da vida a un sentimiento por alguien más, que es un riesgo que hoy en día no corre cualquiera. Me resulta interesante que el vínculo que desarrollan a medida que pasa el tiempo es más de dependencia que de otra cosa. Si bien es una pareja que parece hacer desastres por cada lugar que recorren, tienen límites claros: ellxs mismos.

Qué riesgos están dispuestos a tomar para estar bien y juntxs como ellxs quieren. Lo importante no es a dónde ir, sino lo que pasa a lo largo del camino.

 

Colaboración
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