Revista Palta | ESA MALDITA FAMILIA TIPO
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ESA MALDITA FAMILIA TIPO

Cuando tenía apenas unos años encima me mandaron a catequesis. Veo esa foto en sepia, las manitos como pidiendo misericordia y un rosario entre mis manos, la cara de bueno, el pelo recién cortado y la inmensa figura de la catequista, grande y fea como la villana de Matilda, se me viene llena de color: aquella vez, cuando tuvimos que hacer un dibujo en pareja. Todavía no era ateo y ese día me sentí raro, sentí la primera incongruencia de una religión ante la que no se me daba opción.

Con Pablo González éramos muy amigos, íbamos a la escuela juntos y jugábamos en el mismo club, misma categoría. Sentados en una esquina del salón, diligentes, armamos rancho aparte, nos pusimos a dibujar para sumar nuestra obra del Día de la Familia a una de las paredes y después el recuerdo es muy preciso: la señora catequista, se llevó a Pablito para otro rincón y a mi lado sentó una niña. El hecho es que nos organizaron de manera tal que estuviésemos en parejas de ambos sexos. Niño con niña. No sobraba nadie, estábamos pensados en número y sexo desde un principio. Pablo con una rubia, yo con una morocha, y en aquel entonces estaba al margen de lo instintivo, sin captar ese sentido que subyacía y que ahora me repele.

El gesto de la catequista me vino a la mente cuando vi The Miseducation of Cameron Post. La acepción de miseducate es la de educar inapropiadamente, con deficiencia, sesgado, mal, y la película representa nada menos que eso. Cameron es homosexual, gusta de las chicas y su novio la descubre a los besos con una compañera. Sus padres fallecieron, y los familiares con los que vive la meten en un centro religioso donde conciben la homosexualidad como un pecado, una confusión, una enfermedad y una lucha que las personas deben superar.

Para Cameron no hay sentido, ya es grande y entiende lo que quieren hacer con ella. «¿Dejarías que los drogadictos se hicieran un desfile para sí mismos?». Cameron responde que no, porque es ridículo. Le dicen que Dios es una guía hacia lo correcto, que la homosexualidad no existe en tanto dentro de una misma lucha contra el pecado abrumador. Pero no se traga el brebaje homofóbico. Y no es que sea lo mismo, pasa que me surge un interrogante sobre aquel día de los dibujos, la efectividad de aquella mujer para manipular un niño y una niña con cada brazo y formar parejitas de ambos sexos, el ojo puesto en ese detalle, la temática de la obra: dibujar una familia (tipo) para el Día de la Familia (tipo). “¿Acaso no querés formar una familia?”, le preguntan a Cameron, como si no tuviese los pies sobre la tierra. Como si le faltara algo. Como si la única alternativa de familia posible fuera la que se construye entre un hombre y una mujer, casadxs y con hijxs.  

Vi la construcción impúdica y sistemática de la Iglesia, esa que no convive con el cauce natural de las cosas; su retórica, el relato obstinado sobre los gustos y preferencia de alguien que, se dicen, nos ve desde un palco detrás de las nubes.

¿Acaso no podíamos dibujar entre los dos, Pablito y yo, una linda familia? ¿Por qué en cada uno de los cuatro salones de la parte nueva de la Iglesia había un mismo número de niños y un mismo número de niñas? Cameron tiene que rezar, la obligan a encontrar ilógica su homosexualidad, a reprimirse. Yo tuve que rezar porque sí y esbozar una familia, un croqui, diría, codo a codo con una niña que ni me miró y que se dibujó con la amiga, la rubia de Pablito, las dos dentro de un lago.

 

Nicolás Fernández Ramos
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