Revista Palta | ENFERMXS ESTABLES
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ENFERMXS ESTABLES

“Esperame en el barcito del Alemán” me escribe mamá desde su teléfono. Camino desde el laboratorio al bar del hospital por sus pasadizos secretos, los sé de memoria, me cruzo con el doctor Vizcay, me pregunta qué hago por ahí pero no le sorprende verme. Me siento en la mesa de siempre y al señor que me atiende le digo que no voy a tomar nada, que estoy esperando a alguien. Lo miro y pienso que sé su nombre, que se llama Osvaldo y que trabaja de lunes a domingo. Pero al poco tiempo me doy cuenta que no, pienso, él no es Osvaldo.

Osvaldo es, por lo menos hasta donde yo sé, el encargado del bar del hospital en donde transcurre Los Enfermos, la novela de Natalia Rozemblum.

Aunque nuestras realidades no se parezcan, se mezclan adentro mío, me siento un poco ella, la protagonista de la historia. Esto de ser anfitriona en un hospital, de habitarlo o haberlo habitado como a una casa cuando debiera ser un lugar de paso; esto que no se por qué me da cierto orgullo, como si las tragedias familiares fuesen algo para presumir. Por suerte nuestras realidades no se parecen.

Para ella, que tiene a su hijo en coma, la tragedia familiar es lo que le permite irse de su casa, lejos de un marido violento. El hospital es, a la vez, la condena y la salvación de ambxs. Manuel, internado, es su escudo. Su cuerpo, inerte, es manipulado todo el tiempo; y el de ella también, pero por personas que no son médicos.

Miro a mi alrededor e intento pensar cuántas personas de las que están acá presentes no quieren volver a su casa. Las entiendo. Pienso que esas contradicciones las vuelven más humanas y que está bien que así sea. Pienso también que el hospital es ese momento antes de otro más importante, donde se define cómo siguen algunas vidas, para bien o para mal, aunque no siempre esté tan claro qué es bien y qué es mal.

Los enfermos es una suerte de comedia de la angustia. Me atrapa su diagnóstico sobre las relaciones familiares, la idealización del rol materno, la familia como enfermedad crónica. ¿Qué es la familia? ¿Quiénes son “los enfermos”?

Según la Organización Mundial de la Salud, salud quiere decir el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. Pienso que entonces nadie está sano, que lxs enfermxs somos todos. ¿Somos o estamos enfermxs? ¿Cuántas enfermedades padecemos? ¿Podremos alguna vez sanarnos?

Una voz adentro de mi cabeza no para de hablar sola, de hacerse preguntas. Es el estado en el que me dejó el monólogo que acabo de leer. La novela de la vigilia que me tomó por completo. Una mujer que habla sola, o que le habla a quien no puede responderle. La locura que aparece con la incertidumbre, el dormir de día y despertarse de noche. Una vida que se sucede frente a la detención otra que no termina. Silencio pastoso y cosas dichas a media voz. ¿Hay gente que está más viva que otra?

Pienso en la tranquilidad del presente, en la palabra estable. Esa quietud en la que descansan (y que buscaron) lxs que vinieron a este bar, por fuera del laberinto de ese hospital, lejos de las personas como cosas. Un poco de aire, un café, un cigarrillo. Silencio.

Manuela Martinez
Manuela Martinez
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