Revista Palta | EN EL TEATRO DE COLEGIALES
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EN EL TEATRO DE COLEGIALES

Suena una canción infantil un viernes de abril y el telón se abre en el Teatro de Colegiales. Un enano vestido de conejo atraviesa el escenario tirando chocolates por las pascuas que se vienen. Con mis amigos nos miramos y sin hablar nos agarramos de las manos para emprender el viaje hacia las vallas que protegen a los artistas de los borrachos. Mientras, entra otro de los actores con un gorro enorme como si fuese de obispo y una pollera tubo roja, apretada como las que usaba Natalia Oreiro en el 1 a 1. Fuego. Atrás de él otros comienzan a ingresar: un grupo está vestido con pantalones y muñequeras de cuero, borcegos y medias rotas; las chicas encorsetadas y con medias de red. El plantel pronto se completa con varios chongazos que desfilan en calzas doradas. Suena Like a Prayer. Soy fan de la fiesta Plop desde que tengo 14 años, un día en casa de una amiga encontré sus videos en youtube y no pude parar de reproducirlos.

El escenario está cubierto de crucifijos y empieza la performance tematizada con la resurrección de Jesús; todos los viernes hay una distinta. Cuero, medias rotas, religión y Miss Bolivia hipnotizan a una masa de gente mitad embobada con los cuerpos de los bailarines, mitad con el show en su globalidad. El obispo saca un gran cuchillo y mata al de calzas doradas que estaba interpretando a Jesús, pero éste emerge de la sangre falsa para sumarse a la coreo de Tomate el palo. El conejo ahora ensangrentado baja del escenario para sacarse fotos con la gente de las vallas, rockstar.

Suena la música y a los 21 años ya llevo recolectadas unas cuantas fiestas. Son ellos, la música, su ropa, la gente chivada, paquis y gays sin prejuicio; mi mejor amiga que labura en la Procuraduría con purpurina desparramada por su cara. Suena Coco el paragua y nosotros estamos ahí, presentes ese viernes militando la fiesta, su música, su rito.

Uno de los de la Plop me dijo una vez que cada uno en vida es lo que quiere. Ya está, yo quiero ser yo. Y sino, quiero ser un chongazo en calzas doradas, lo decidí.

Brensi Borovich
Brensi Borovich
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