Revista Palta | EN BUSCA DE LA GINECÓLOGA IDEAL
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EN BUSCA DE LA GINECÓLOGA IDEAL

Por Valentina Groba.

Entré en ese consultorio de Belgrano expectante, nerviosa, curiosa. Mi único objetivo era preguntarle todas aquellas cosas que nunca me habían enseñado ni en el secundario, ni en el primario. Supongo que por eso quise que fuese mujer, pensé que así nos íbamos a entender mejor. Nos presentamos, y rápidamente me pidió que me sacase el pantalón. Aquella mujer iba a ser la primera en verme desnuda en lo que iba de mi adolescencia. El encuentro no marchaba como yo lo esperaba, pero ella es la médica, ella es la que sabe, pensé, así que me saque los pantalones y la bombacha.

Me revisó, tocó lugares que yo recién estaba empezando a conocer, y en un margen de treinta segundos me pidió que me cambiase. Sin todavía poder emitir pregunta alguna, me dijo que tenia verrugas en la vagina y que muy probablemente fuera HPV. Suponiendo que yo sabía lo que eso era, me dio una orden para hacerme unos estudios y me sacó rápidamente de ese horrible consultorio. La secretaria me abrió la puerta mientras yo lloraba. No volví nunca más.

A la semana de este terrorífico encuentro, fui con mi mejor amiga a la farmacia, “¿vos cuáles tomás?” le pregunté. Dudó… y en el exacto momento en que pronunció el nombre de las que iban a ser mis primeras pastillas anticonceptivas, miré al señor de la farmacia y le dije: “quiero esas”.

Saqué turno con otra médica ginecóloga, esta vez con altas expectativas de encontrar respuestas claras y aprender. Nos presentamos y rápidamente me preguntó: ¿sos activa sexualmente? Sin entender muy bien qué me estaba preguntando le dije que sí. Me preguntó si tenía sexo con diferentes personas, y le dije que sí. Su cara se transformó, sus ojos se clavaron en los mios, suspiró. Me explicó lo peligroso que eso era. Me habló de todas las enfermedades sexuales habidas y por haber, del embarazo y los riesgos del mismo en alguien de mi edad. Me pregunto si me quería y me respetaba a mí misma. Me fui sintiendo miedo, el sexo me daba miedo. Me fui sintiendo que no me respetaba a mí misma, que no me quería y que por eso tenía sexo con muchas personas diferentes. Me sentía sucia. Y de nuevo, no tenía respuestas, no había aprendido nada de lo que yo necesitaba: aprender de mi ciclo y a tomar las pastillas que me había comprado.

Sin embargo no me resigne y seguí buscando hasta conocer a mi actual ginecóloga quien me explicó todo acerca de la menstruación y me receto otras pastillas respetando mi decisión de tomarlas, sin juzgarme. Me sacó los miedos, festejó mi sexualidad y seguridad para disfrutarla. A través de la información que ella me brindó, tuve herramientas para entender mejor mi cuerpo. Ese encuentro fue el comienzo de un empoderamiento físico y sexual. Ahora puedo tomar decisiones sobre mi cuerpo, entendiendo que implica cada una de ellas. Sé cómo cuidarme y puedo elegir cómo hacerlo. Ese primer encuentro me liberó.

Colaboración
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