Revista Palta | TOMAR ELECCIONES
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TOMAR ELECCIONES

Por Lucía Suárez Reino.

 

Cuando era chiquita y mis viejxs me llevaban a votar con ellxs me emocionaba un montón, era casi como si me llevaran a un parque de diversiones. Algunas veces las autoridades de mesa me dejaban entrar al cuarto oscuro y hacer de cuenta que yo también votaba. Yo, contentísima, me sentía importante haciendo “cosas de grandes”.  Y ahora estoy acá, preparándome para el 22 de octubre meter una boleta dentro de un sobre y ese sobre en una urna de cartón con la esperanza de que algo cambie y el futuro social, político y económico de Argentina sea un poco menos tremendo. Bueno, al menos eso espero yo.

Soy una joven idealista; esta será la quinta vez que emito mi voto y para mí sigue siendo tan excitante como la primera, que aún recuerdo con añoranza. No, no hablo de sexo, hablo de las elecciones, del ejercicio de mis derechos civiles y mis obligaciones como ciudadana de este país, de la democracia.

Mis primeras elecciones fueron, casualmente, las legislativas de 2009. Ese año hubo un brote de gripe porcina y la gente estaba tan paranoica que iba con sanitizante de manos y barbijos a todos lados. Me acuerdo que toser en la calle o el transporte público era casi un crimen. Ir a votar ese año fue surrealista: gente que hacía escándalo porque no quería tocar absolutamente nada con las manos al descubierto y otra que tiraba Lysoform en el cuarto oscuro antes de entrar. Parecía una novela de Orwell situada en el Gran Buenos Aires.

Otra cosa maravillosa que sucedió ese año fue la victoria de Francisco de Narváez, candidato de Unión PRO, en la Provincia de Buenos Aires, incluso luego de la bizarrísima imitación que Roberto Peña hiciera del empresario en el “Gran Cuñado” de ShowMatch. De Narváez derrotó al ex-presidente Néstor Kirchner por tan sólo un 2% de diferencia y fue el vencedor impensado de la contienda electoral. Evidentemente la caracterización payasesca del hombre con un tatuaje en el cuello rindió frutos inesperados, sobre todo para quienes creíamos que Kirchner tenía la elección atada al pie y la iba a gambetear como el Diego a los ingleses. Nos comimos el amague y nos metieron un gol en el último minuto del partido.

Corte a 2015. Año de elecciones presidenciales; año en el que más me involucré en política y me uní a una agrupación de estudiantes de la Universidad. Año en el que me tocó participar de la votación desde otro rol.

Mamá me llamó una tarde para contarme que había llegado una carta del Consejo Nacional Electoral a mi nombre y que había sido elegida para ser autoridad de mesa. Confieso que al principio me dio una paja fatal porque tenía que hacer un curso online donde me enseñaron desde cómo abrir las actas hasta cómo contar los votos y cargarlos en las planillas. Pero a medida que pasaba el tiempo y se acercaba la fecha de los comicios fue creciendo el entusiasmo, el mismo que sentía cuando era chiquita y no podía votar pero jugaba a “las elecciones”.

El 25 de octubre de 2015 a las 7 de la mañana estaba dormidísima pero firme junto al pueblo en la escuela del Conurbano donde me designaron como presidenta de mesa. Fue un día largo y agotador, una montaña rusa de emociones. Hasta tuve que recurrir el voto de una señora que salió del cuarto oscuro cantando a viva voz su decisión. Cuando le comuniqué que estaba en la obligación de impugnar, la mujer se enojó muchísimo y lxs fiscales del partido político por el que la señora en cuestión había optado intentaron convencerme de que lo que quería hacer era “un quilombo”. Por supuesto que desestimé la descabellada “sugerencia” y procedí acorde lo dicta la Ley Nacional Electoral, no podía mirar para otro lado y hacer de cuenta que no había pasado nada. ¡Con las elecciones no se jode, muchachxs!

Y ahora, dos años después, estamos nuevamente en plena campaña electoral. Salgo a caminar por el barrio y me cruzo con militantes de todos los espacios políticos repartiendo volantes con las propuestas de cada plataforma. Sintonizo cualquier radio y engancho los spots publicitarios. Lxs candidatxs están de rotation, dando entrevistas a mansalva con la clara intención de juntar los votos que lxs lleven a la victoria… Es inevitable terminar un toque quemada con tanta carga informativa. Aún así, me encanta esta época, principalmente porque tengo la posibilidad de elegir, algo que voy a defender con uñas y dientes hasta el último de mis días. Y eso me llena de orgullo.

Colaboración
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