Revista Palta | EL TREN DE LA POSTA
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EL TREN DE LA POSTA

La verdad está ahí afuera, como dicen los X FILES. Esa es la posta. Pero con las nueve horas diarias que paso en la oficina me queda poco contacto con ella, con “la realidad”. Podría decir que se resume en las ocho cuadras que camino al tren, el viaje que me devuelve al barrio y el televisor de la oficina, siempre clavado en TN. Por suerte en mis ratos libres a veces puedo navegar la web buscando información que se acerque un poco más a mis intereses.

Pero la verdad está en las calles, me lo encuentro en el vagón del tren a la mañana. No lo busco, me aparece. No me lo dicen los medios, me lo dice la cara de fastidio de una mujer que sale a trabajar temprano con su bebé en brazos. Un hombre discapacitado que recorre el vagón pidiendo plata. Un señor borracho que golpea su frente contra la puerta del tren y balbucea delirios mientras llora. Otro que me dice pajereadas. Otra que habla a los gritos por teléfono.

Hoy hacer zapping en busca de novedades nos deja a un Lanata, un Majul, un Del Moro, como los voceros de “lo que pasa”. La misma realidad que nadie mira porque están concentradxs en el Tinder, o chusmeando Instagram en el bondi o, como mucho, leyendo Twitter.

Y mi lamentable verdad es que el otro día me quedé sin guita en la SUBE y patée el molinete, con la violencia que bien podría tener una persona pasada de hambre y de desamparo. Había absorbido eso que me rodea, ese malestar quejoso constante que nos contagia la tele de la oficina; eso que no es “la herencia K” ni los panamá papers, ni Tinelli ni la mierda. Eso que me hace confundir los motivos de mis nervios y patear el molinete. Pendeja.

Los medios masivos de comunicación nos preparan un banquete de noticias, de “casos”. Sirven una realidad intoxicada por su bajada de línea que nos impide salir a la calle a ver qué nos dicen nuestros propios pálpitos. Somos sujetos sujetados, diría un tipo llamado Foucault.

Por suerte a veces salgo de mis problemas y observo. Por suerte otras veces se me queda sin batería el celular y no me queda otra que ver. Y veo que estamos todos igual de desorientados, de inconducidos. Puedo percibir que en la calle hay cada vez más pobreza. Que la gente está más violenta, que yo estoy re sacada. Que la clase media está perdida, rumeando noticias biliosas que les dieron de comer los grandes titireteros mediáticos.

Por suerte tengo al tren.

Maru Labat
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