Revista Palta | EL PODER DE MIS OJOS
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EL PODER DE MIS OJOS

-Así, abajo de la lengua.

-¿La trago?

-No.

-¿Tiene gusto feo?

-Es un poco ácido, pero apenas.

-…

-Si no te gusta la escupís.

-Me da miedito.

-Si te da miedo no lo hagas.

-No, no.. ¿Cuánto es que tarda?

-Dos horas más o menos.

-Bueno.

-Tranquila, ya te dije que si malflasheás tomás leche y se te pasa. Es químico.

-¿Puede ser Nesquik?

-Creo que si.

Tardó menos de dos horas. Unos amigos estaban tocando jazz en el living y yo vi cómo el viento movía una de las flores del jardín justo al mismo tiempo que sonó la trompeta. Parecía que bailaban. El ritmo de la música iba con el del viento. Bailaban juntos.

– Las flores están bailando.

– ¿A alguien ya le pegó o me parece?

– Pero de verdad lo digo. No es que bailen, el viento las mueve lindo. No lo veo sólo yo, lo podés ver vos también pero no lo estás mirando bien.

Me dio un beso.

Yo seguí mirando por la ventana.

En un momento alguien me preguntó dónde estaba el baño y me puse nerviosa. Ahí. Sentí que se me notaba todo. Le pedí a mi novio que ese tipo de preguntas las respondiera él. Me dijo que bueno.

Salimos al patio. Caminamos de la mano. Yo quería que fuéramos de la mano. No de romántica, sino para estar cerca, por cualquier cosa. Sola en ese mundo me sentía perdida. No quería hablar con nadie más que no fuéramos nosotros, los que sabíamos qué estaba pasando. Así que subimos a la terraza para ahuyentarnos. Él hizo pis en una planta porque yo no quería bajar. Es nitrógeno y hace bien, nos reímos de nuevo.

Nos acostamos en el piso. Nos quedamos un montón de tiempo. Ahí fue cuando vi que las estrellas se movían. No es que se movieran demasiado. Giraban un poquito. Vibraban. Brillaban.

– Si mirás esa, la del centro del cinturón de Orión, pero en realidad miras la de la flecha, vas a ver que se está alejando un poquito… y ahí se acerca, ¿ves? No tenés que mirar a las dos, ojo. Tenés que mirar a una pero prestarle atención a la otra; como la vista periférica esa que te enseñan en el examen de manejo. Y después hacer foco en un plano más adelante. Vas a ver que no es necesario hacer foco en el cielo para ver las estrellas y las vas a ver mejor. Abrís más la mirada porque no miras una sola estrella, y las ves todas.

– ¿No te marea?

– No. Siento que tengo un poder re especial. ¿Te imaginás si me usan para estudios médicos y astrológicos?

– Buenísimo.

– No, no quiero.

Él lo vió también, pero se mareaba y lo conseguía sólo de a ratos; y en esos momentos no lo podía creer. Al rato fue él el que me señaló una estrella moviéndose, pero esa atravesó todo el cielo y la vimos los dos. Lloré.

– No quiero que se pase el efecto.

– Yo te dije, es medio adictivo.

Vimos el amanecer desde ahí. Después volvimos al living donde estaba la fiesta y ya se habían ido todos. Le contamos lo de las estrellas a la única persona que seguía ahí. No lo de las estrellas, lo de esa que atravesó el cielo.

– Es un satélite.

Lo googleamos desde el celular y encontramos alguien que también lo había visto y tenía una teoría de que no era un satélite por algo de la distancia y la velocidad. Había escrito cielo con “s”, pero no nos importó y elegimos creerle igual. Sielo. Después intentamos bailar como Michael Jackson y desayunamos algo, cualquier cosa. Yo tenía ganas de coger, pero no en ese momento, sino bajo ese efecto. No pasó. Ya eran como las 9 de la mañana.

Al otro día volvimos a su casa y en la parada del colectivo le dije que pensaba que ahora me iba a olvidar de todo, que pude ver algo mágico y que creía que nadie me iba a creer. Me dijo que no importaba si no me creían; pero yo le dije que a mí sí. Y que no entendía por qué no vivíamos todos así, todo el día. No así de drogados, así de libres. Conectados con la naturaleza. Maravillándonos con lo que parece simple. Deteniéndonos a observar.

Levanté la vista pero ya era de día, no había estrellas. Miré al cielo y lo miré distinto. Con complicidad. Como diciéndole “vos y yo sabemos”. Como cuando miras a alguien y los dos saben que están pensando lo mismo, y se ríen.

Manuela Martinez
[email protected]