Revista Palta | EL ICEBERG DE LA SUPERVIVENCIA
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EL ICEBERG DE LA SUPERVIVENCIA

Borrá todo lo que dije del amor porque no sabía bien quién era es una película de Guillermina Pico, biográfica y documental, que utiliza imágenes de archivo recopiladas durante los últimos cinco o seis años de la propia vida de la directora y de su familia. Se define a sí misma como “una película de procesos, de observaciones y notas sobre la belleza que tienen los instantes perdidos”.

Es una película visualmente bella y con una potencia poética muy fuerte. Su sensibilidad radica no en algo relacionado a la perfección de una imagen sino más bien, en la visión de una imagen. Cómo ve la directora lo que ve, cómo está cuando lo ve y con quién. Entra en el ojo también lo que entra en el oído, en la piel y hasta en el estómago. Es un cuerpo que siente y que registra, y en ese sentido es una apuesta muy sensorial. Se develan procesos, herencias, recuerdos, fluir de conciencia, ideas sintetizadoras de experiencias vitales en 240 caracteres y en corrientes de imágenes.

Admito que estaba nerviosa antes de ponerle play porque tenía miedo de que se me despertasen “cosas”, léase: todas las heridas, los recuerdos, las memorias del cuerpo y las imágenes que hago dormir durante la vida cotidiana para que no interrumpan mi tarea de cosas por hacer, mi búsqueda del pequeño achievement de cada día. Conozco a Guillermina, conozco su particular sensibilidad, y habiendo compartido parte de mi infancia con su familia, en su propia casa y en la misma ciudad, tenía cierta expectativa e idea acerca de lo que iba a encontrarme.

Borra todo lo que dije sobre el amor porque no sabía bien quién era, más allá de los rasgos compartidos, es una película que logra meterse adentro de la piel, adentro de la historia de unx, nos interroga acerca de quiénes somos, dónde estamos ahora y sobre todo, cómo habitamos y construimos este presente que deviene en. No nos permite olvidar que tenemos raíces y que la herencia nos hace, nos moldea, nos performa la propia cotidianeidad.

Muchas veces nos endurecemos y nos volvemos un iceberg, para llegar funcionales a la supervivencia de cada día, por lo que se me ocurre una analogía con el hielo: es una película capaz de derretirte internamente, aflojar algunas durezas, encontrarte con tus nudos y mirarlos con amor.

Pienso que hay que tener mucho valor para registrar, documentar y compilar todo lo que pasa con nuestra propia identidad en los últimos cinco años. Si yo pienso en todo lo que hice desde que llegué a Buenos Aires, hace ocho años, me dan ganas de abrazarme y de reunir a todas las Julietas que se fueron armando entre etapas. Lo que queda claro es que no hay una. No habrá una, siempre seremos algo que deviene en.

Mientras miro la película me surgen algunas preguntas relacionadas a mi propio legado familiar. ¿Qué es la herencia? Además de platos, vasos, cubiertos, televisores viejos y minipimers. Un montón de gestos y de caras, la forma de mover una ceja, el modo en que se mira por la ventana o la forma de transitar la hora en la que se pone el sol. ¿Qué es la herencia y quiénes son nuestrxs ancestrxs? Un montón de cuerdas invisibles que forman una telaraña y nos hace hacer un gesto entre parientes a la misma hora un martes a las 5 de la tarde.

En una de las escenas de la película, Julián, el padre de Guillermina, cuenta una historia mientras conduce una camioneta en una ruta de tierra, como si fuera una escena cotidiana: “Ahí se pego un tiro el otro día un tipo”. Puedo automáticamente recordar las cruces que marcan fallecidos de las rutas de nuestra ciudad. Otras imágenes que a veces los pampeanos naturalizamos, y que para otros contextos rarezas, son los incendios, el polvo que levantan los caballos, la noche que cae inmensa y te absorbe con un cielo gigante que cruza todo por arriba como si le pusiéramos una tapa pintada a una caja que es el micromundo de tu ciudad. Son las imágenes que forman parte de nuestra identidad, y esta es una película-documental acerca de eso.

Las imágenes del devenir, del movimiento, del proceso, del cambio suelen estar relacionadas al movimiento del agua, a los ríos que cambian de acuerdo a las precipitaciones y los movimientos internos de sus afluentes. En La Pampa no hay un río, el único que hay está cortado y el agua llega seca. Nos cuesta, estando en ese constante loop de la quietud de la tierra apreciar los devenires, los movimientos de cambio. Borrá todo lo que dije sobre el amor porque no sabia bien quien era también es una película sobre el movimiento, llevando lo propio, lo nuestro, a todos lados.

Aunque no haya un río en La Pampa, se puede convivir bailando hip hop en el medio de la tierra con la bombacha de campo y las alpargatas después de correr las ovejas. Lxs pampeanxs también nos conectamos a Internet desde el medio del campo y jugamos al SEGA y al Nintendo o al Counter Strike, después de sacarnos la tierra, después de mirar la primera estrella que sale.

 

 

Julieta Blanco
Julieta Blanco
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