Revista Palta | EL DISFRAZ DE NACIONALISMO
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EL DISFRAZ DE NACIONALISMO

En una mañana ociosa de mis recientes vacaciones, mi madre me invitó a acompañarla a la Biblioteca del pueblo en busca de novelas. En esas 18 estanterías, encontré Farenheit 451 de Ray Bradbury. Un clásico que estaba en mi lista mental pero al que no había leído aún. La socia -mi madre- lo retiró para mí.

Días después, el plazo de préstamo apremiaba y debía apresurarme a leerlo. Solo me quedaba en el tintero Y la roca gritó, uno de los cuentos que esa edición incluía. El miércoles por la noche finiquité esas hojas impresas. La lectura me dejó una sensación amarga; “Que horror estar sólo y ser perseguido en otro país”, pensé. Al día siguiente, el discurso de asunción de Donald Trump tendría el mismo efecto.

Acorde a la novela que acompaña, el cuento también es una distopía: un mundo posible no deseado. Una pareja de “blancos” solos en México –una Nación que los quiere fuera de su territorio-, tratando de llegar a algún lado en el que estuvieran seguros. En ese mundo eran ahora una minoría, condenados por lo que su nacionalidad y el color de su piel representaban.

Ahora bien, hete aquí un párrafo aclaratorio y necesario. Bradbury no cae en generalidades. Nos deja entender que los Webb no se ajustaban al 100% al estereotipo yanqui, en sus épocas de gloria -aparentemente- habían sido amables y respetuosos. Y lo mismo hace con los personajes mexicanos, en su cuento, los hay vengativos y los hay más afables: como el Señor García, un conductor que los levanta en la ruta y los acerca a la ciudad próxima; y también está el gerente del Hotel Esposa, que los deja hospedarse por una noche (como devolución de gentileza pasada).

Fue el diálogo que el señor Esposa mantuvo con la infortunada pareja -al intentar explicar el comportamiento pendenciero de sus compatriotas- el que recordé mientras escuchaba al 45° Presidente de los Estados Unidos de América: “Hay muchos malvados que quieren aprovechar la situación, señor. En las próximas cuarenta y ocho horas, bajo el disfraz del nacionalismo, esta gente intentará ganar el poder. Egoísmo y patriotismo, señor. Es difícil distinguir uno de otro. Así que…deberán esconderse”.

 

 

Por Delfina Rinaldi.

Colaboración
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