Revista Palta | DRAMAS GRATIS
1974
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DRAMAS GRATIS

Soy esclava de mis miedos y testigo de mis dolores. Gestora de conflictos inexistentes, viuda de amores que nunca fueron, mi peor enemiga si de vínculos románticos se habla. Nombrar lo que me pasa -por más trillado que pueda sonar- fue el primer paso para comprender que me refugio en la angustia para no hacerme cargo de que me cautiva el drama. ¿Por qué?

Muchas veces afirmé que el amor era, es, y será por siempre el gran tema de mi vida. Me convencí de que el problema era mío y sólo mío. Que nadie iba a entender nunca lo mucho que me dolía no ser correspondida por un chico que me gustaba, sentirme sola y poco experimentada en el amor, vivir rodeada de inseguridades. Con el tiempo descubrí que, quizás, uno de mis miedos más profundos es el de no ser amada.

La idea de sentirme especial, única, hacía que mis derrotas amorosas aunque sea tuvieran una razón de ser. Que me sirvieran para ser el centro de atención en las reuniones con mis amigas, o -en un futuro- el guión de una película. Pero no soy la única a la que le rompieron el corazón, no soy la única que llora cuando no la corresponde la persona que le gusta, no soy la unica a la que le duele amar.

Somos producto de una cultura anti amor propio. Nos enseñaron a cuidar antes de cuidarnos y a querer antes de querernos. Nos enseñaron que la vida se vive mejor de a dos, y es probable, pero ¿vale la pena si en el camino nos sacrificamos a nosotrxs mismxs? ¿Estoy dispuesta a resignar todo lo que absorbí en este tiempo? ¿Estoy preparada para ser -citando a Srta Bimbo- “la generación a la que el amor le deje de doler”?

Así como aprendí a vivir con un amor que duele por definición, también aprendí a resolver cada micro situación con la misma lógica. Cual regla de tres simple: A “x” situación”, “y” forma de resolverla. Llorar ante la indiferencia, sentirme culpable por ser insistente con la persona a la que quiero “conquistar”, aceptar que otrx ponga las reglas del juego y yo simplemente estar ahí, disponible; resignar mi propio deseo con tal de tener alguien al lado -con tal de no estar sola/soltera-. Ahora, ¿cómo hago para aprender a amarme a mí misma por sobre cualquier otra cosa? ¿cómo me enfrento a dejar la victimización y los consejos de manual de mis amigas que tan bien me hacen?

Lastimosamente encontramos una forma -dolorosa o no- de responder a los típicos conflictos románticos, como por ejemplo dejar recibir respuestas como “Amiga, sos hermosa y el que está equivocado es él” o “si te quiere va a volver” o “el amor es así, ya va a aparecer el indicado”. ¿Y si no soy hermosa para nadie? ¿Y si aunque me quiere nunca vuelve? ¿Y si nunca aparece el indicado? ¿Y si tengo que dejar de buscar?

No se si me asusta más el hecho de enfrentarme a la búsqueda de mi media naranja o aferrarme a la idea de que quizás la soledad sea una respuesta. Es por eso que decidí aceptar que soy la drama queen que siempre juré no ser. Me felicito cuando tomo decisiones maduras para con mis relaciones tóxicas, y me contradigo al sentir que a veces preferiría ser dominada por el chico que me gusta y ya. Como cuando permito que otrx marque los cómo, los cuándo, y los dónde a partir de su propio deseo y acepto que si soy yo la que propone en base a mis ganas, no sea de la misma forma de su parte.

Me cuesta ser feminista y buscar el amor. Aunque me juzgo cada vez menos, me da verguenza decir en voz alta algunas cosas que pienso. Porque por ahora seguiría priorizando mi intención de conocer a alguien que el hecho en sí de vivir una relación sincera y en donde las ganas sean las mismas de parte de ambos. ¿Todavía creo que mejor mal acompañada que sola? Y ésto es algo que jamás permitiría que afirmara una amiga, pero es más fácil cuidar a alguien más que cuidarse a una misma cuando eso implica resignar algunas cosas. ¿Será que me gusta ser víctima del sistema amoroso que nos tocó, o que verdaderamente me da miedo y no me animo a cambiarlo?

Paloma De La Jara
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