Revista Palta | DERRIBANDO A CARRIE
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DERRIBANDO A CARRIE

¿Cuatro amigas viviendo en Nueva York y viendo cómo pilotear sus vidas? ¿El Sex and the City actual?. Me hizo dudar bastante, porque el hitazo de HBO de Carrie y sus amigas en Manhattan me había parecido una mierda. Machista, frívolo, pochoclera. Más que pochoclera, parecía esas series para ver mientras hacés ejercicio en el living de tu casa y para después prepararte un batido detox. Pero empecé a ver GIRLS a días de estrenarse, mientras hacía el duelo de una separación que me había dejado para atrás.

Sin ser más que un intento de distracción, Lena Dunham se devoró todos mis prejuicios. Hannah, su protagonista, muy lejos del glamour de Carrie, me mostraba a una chica perdida en “la gran ciudad de las oportunidades”. Oportunidades que no eran suficientes para lograr la independencia económica, sentirse firme y proyectarse hacia los 30 con ese empoderamiento hembrista que nos ofrecían las pibas de SATC (Sex and the City).

Hoy la serie -que está llegando a su temporada final- es un éxito, y aunque las protagonistas sean cuatro chicas y el título sea Girls, es vista tanto por mujeres como por hombres. Rompe con algo importantísimo: la protagonista no “está buena” ni tiene que ser flaca, ni fashion, ni exitosa para funcionar. Ni sus amigas tienen que ser perfectas. El mensaje está en el reflejo, en la empatía. En recordarme dándole besos matutinos a mi ex, con la misma placa para bruxar con la que Marnie jugaba con el suyo, sin camisones sensuales ni maquillaje crónico.

Acá tratan la sexualidad desde un lugar real y fácil a la hora de empatizar: el sexo puede doler, ser incómodo o aburrido y no es, necesariamente, el objetivo a alcanzar para tener la plenitud.

Las cuatro protagonistas tienen estereotipos bien marcados. Hannah, torpe, desprejuicida, depre pero ocurrente. Marnie, la bonita que es conservadora pero quiere tener un poco de vuelo. Shoshana, la que parece que le tiene miedo y respeto al sexo, más infantil que tradicionalista, y la más joven de las cuatro. Y por último, Jessa: la potra de la serie. Tiene sus rollitos y los lleva como los tendríamos que llevar todas: sin miedo. Libre, atrevida y misteriosa.

Pero la característica común, el hilo conductor de las cuatro chicas, es sin dudas su egoísmo. Y, aunque esto choque -porque nos enseñan que ser egoísta “está mal”-, es lo que vuelve a la serie sincera e interesante. El egoísmo teje las relaciones humanas, y exponerlo me parece acertado. A ninguna le importa tanto su amiga, cada cual está más pendiente de cómo darle un sentido a sus propias vidas mientras intentan despojarse de todos los mandatos que llevan.

El egoismo está en esas relaciones amistosas que funcionan porque cumplen pequeños objetivos individuales. Hoy puedo decir, con un poco menos de vergûenza, que muchas veces por ir a la fiesta en la que estaba mi chico, llegué a rogarle a una amiga para que me hiciera el aguante, cuando mi única intención era volverme con él. Lo mismo cuando ofrecí a otra de irnos a vivir juntas, porque la guita del laburo no me alcanzaba; o cuando lloré y manipulé a mamá para que me ayudara a pagar el gas.

La serie tiene defectos, abusa de recursos y a veces entra en mesetas pesadas, pero es un enorme avance en la industria. HBO, el mismo canal que en los ‘90 lanzó a SATC, se animó a mostrar mujeres que están mucho más cerca de lo que verdaderamente somos.

GIRLS expone la deformidad con la que vivo en Buenos Aires con una armonía que se aleja demasiado de lo que me ofrecen las producciones locales; en donde la mujer está buena y además puede ser: pobre y bondadosa, rica y mala, dramática, histérica u objeto sexual.

No, no gira todo alrededor de nuestro cuerpo ni status. Sí, nos cuesta relacionarnos con las personas que amamos, pero nuestra lucha como mujeres (y como personas) es la de desprendernos de los caminos que nos impusieron nuestros padres o la sociedad misma, para así poder conocernos y ser un poco más libres.

La serie va tramando historias de madres, padres , hijos, hijas, hermanxs y amigxs que no son lxs mejores sino lxs creíbles. El conflicto no es cómo hacer para llegar al anillo, o cómo ser perfectxs ni independientes. El conflicto es, sencillamente, ser.

Humor, lindas historias, personajes que van creciendo y que nunca pierden su esencia. Sin glamour, ni martinis, ni chicas sacadas por sexo o por un casamiento.

Somos nosotras mismas, locas por lo que deberíamos estarlo: por aceptarnos.

Maru Labat
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