Revista Palta | DE TRIPAS, REVOLUCIÓN
1699
post-template-default,single,single-post,postid-1699,single-format-standard,qode-quick-links-1.0,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,footer_responsive_adv,qode-content-sidebar-responsive,qode-theme-ver-11.1,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.1.1,vc_responsive

DE TRIPAS, REVOLUCIÓN

Lo primero que escribí -o intenté escribir- cuando era chica, fue un mito. Esa misma semana habíamos estudiado el tema en el colegio y el universo “dioses y héroes” me había vuelto loca. Escribí la historia de un rey que iba a la guerra y abandonaba a sus tres hijas. Pasaba el tiempo y no volvía; ellas se deprimían más y más. Después de veinte años, el rey regresaba y les pedía perdón por haberlas dejado, pero ya era tarde. Las tres mujeres se habían casado con Hércules y reconstruido sus vidas. Los cuatro decidieron matar al padre cortándole la cabeza, fin. Cuando mostré mi cuento a algunxs adultxs, coincidieron en que tenía que empezar terapia. Aparentemente, el hecho de que yo me sintiera “abandonada” por mi propio padre me estaba angustiando.

Ver Tiestes y Atreo, de Emilio García Wehbi, me recordó lo mucho que me gustaban los mitos, y al mismo tiempo, lo mucho que me gusta ver teatro. Con un elenco de 12 mujeres, niñas y adultas, el director adapta un antiguo mito -de dos hermanos inmersos en la traición y la sed de poder- a un lenguaje sumamente contemporáneo. A través de la figura del “mensajero” conocemos de qué trata la historia de Tiestes y Atreo. Así mismo, durante el desarrollo de la obra mediante algunas acciones, situaciones, y figuras, se encarnan simbólicamente distintas fuerzas de la naturaleza misma. Entre ellas, el miedo.

“En la primera parte de la obra se desarrolla una fábula infantil, una especie de cuento moral que recrea la imaginación de estos chicos que dicen basta. Pero el que vence es Saturno, que devora a sus hijos, y la sombra del padre siempre es la que somete, así que en esta obra también vemos ese asesinato. Desde una mirada amplia y simbólica, cuando me refiero al asesinato de las nuevas generaciones, hablo de las minorías: la infancia, las mujeres y las minorías sexuales” comenta Wehbi en una entrevista, y lo que yo ví, refleja a la perfección este concepto.

Una mujer, completamente cubierta de barro, se para frente al público y sostiene en sus manos tripas “ensangrentadas”. En eso, una nena se acerca y le pregunta qué está haciendo, si está loca, y la echa de escena. Con ella se suben al escenario otras tres nenas vestidas de azafatas. Este comando revolucionario de niñas que quiere vengar los crímenes de la infancia desprecia, con naturalidad, al “miedo”. Como en una pesadilla se presentan ante ellas payasxs malditos, monstruos, personajes de televisión, y otros desagradables en general, para aterrorizarlas. No logran hacerlo y, al contrario, ellas toman el control de la situación. Eso son: niñas revolucionarias que toman el control de todo aquello que podría hacerlas temblar.

Siempre me llamaron la atención los relatos que, mediante formas nuevas e innovadoras, cuentan historias clásicas y antiguas. La primera vez que escuché nombrar Romeo y Julieta fue a los seis años cuando mi mamá, unas vacaciones de invierno, me llevo a ver un infantil basado en dicha obra al Paseo La Plaza. Cuando salimos me dijo “Ésta en realidad es una historia mucho más importante. Su versión original es considerada una obra clásica y de mucho valor cultural”. Para mí la función que acababa de ver había sido espectacular y de mucho valor cultural también.

Salí del teatro cantando el rap que suena entre un acto y el otro: “No hay mayor muestra de cariño que comerse a sus propios hijos, porque no hay asunto más prolijo que devorarse a todos los hijos”. Wehbi deconstruye un universo que seguramente muchos, por “respeto”, no hubieran tocado ni intentado intervenir. Se apropia del conflicto central de una de las tragedias de Séneca (principal influencia): padres comiéndose a sus hijxs. Propone que a la cultura, clásica y contemporánea, pareciera interesarle “matar” a los hijxs. Yo me permito tomar ésto tanto literal como metafóricamente. ¿Será que las generaciones mayores, históricamente, devoran -de manera simbólica- a las nuevas?

Desde que tengo uso de razón que me asusta la teoría, propuesta por la misma naturaleza, de que lxs más “fuertes” se comen a lxs más “débiles”. Motivo quizás por el que dejé de comer carne cuando era chiquita. Me aterra pensar que alguien, por el simple hecho de ser más poderoso, pueda devorarme. Tiestes y Atreo toma ésta teoría como tesis y me recuerda que el poder da miedo.

Si bien la escenografía, la puesta, la dramatúrgia y el talento actoral son cosas para destacar, todo esto pasa a segundo plano en el momento que unx se permite analizar cada decisión tomada. Tiestes y Atreo pone sobre la mesa temas que, si bien se arrastran desde la antigüedad, son hoy más contemporáneos que nunca. Entre ellos, y el que a mí más llamó mi atención: la falocracia -que considera al hombre es superior a la mujer- tanto en la mitología como en la vida misma.

Es que todo lo que hoy consideramos “verdadero” nace de los orígenes de nuestra historia, de los tiempos más remotos. Tenemos la responsabilidad de replantearnos y re-preguntarnos todo, incluso los conceptos más objetivos e “incuestionables”. Sobre todo los conceptos más objetivos e “incuestionables”. Es ésta la principal motivación de la filosofía. Y el arte, que podría ser algo que no tuviera nada que ver con ésto, no se queda para nada al margen.

Paloma De La Jara
Paloma De La Jara
[email protected]