Revista Palta | CRECER Y RESIGNAR
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CRECER Y RESIGNAR

Cuando iba al colegio sentía que no encajaba muy bien en mi grupo de amigas. No me gustaba ir a bailar, no me resultaban graciosos los mismos chistes, tenía otras prioridades y otros planes para las vacaciones. Yo quería terminar el colegio rápido, conseguir un buen trabajo, irme a vivir sola, y dejar todo ese grupo en el que no encajaba por un futuro con el amor de mi vida. Yo quería ser una Sophie.

Sophie es ordenada y vive con su amiga Frances en un departamento en Nueva York. Tiene un buen trabajo en Random House y un ingreso que le alcanza para vivir y salir los fines de semana. Un día, su novio le propone mudarse juntos y ella deja el departamento con Frances para empezar una vida nueva con él.

Con ese objetivo en mente, yo estudié todo lo necesario para terminar el colegio rápido, me puse de novia (pero no con el amor de mi vida), conseguí trabajos esporádicos (ninguno que cerrara por completo con mis aspiraciones de actriz o de escritora), y me fui a vivir sola. Pero el trabajo free lance no fue suficiente para sostener mi economía, así que ahora (ya separada de quien no fue el amor de mi vida) vivo con una amiga en un departamento que está en venta. Soy una Frances.

Frances se avergüenza al sentir que “todavía no es una persona real”. La vida de adulta, junto con todo lo que debe ser, le resulta avasallante. Cada vez que le preguntan su edad dice “27” con una sonrisa optimista pero llena de culpa y no sabe muy bien qué contestar cuando le preguntan a qué se dedica. Ella observa cómo la vida de todos los que la rodean empieza a tomar forma, y se ve a sí misma encasillada en una eterna adolescente que no puede, o no quiere, cambiar su realidad.

Un día, cuando Sophie se va y ella queda sola, sentada en el piso de un departamento que ya no puede mantener; esa necesidad de cambio se vuelve urgente.

El futuro llega, y no siempre es como nosotros lo esperamos, pero ¿hasta cuándo tenemos permitido seguir esperando ese ideal de vida al que aspiramos? ¿dónde está el límite entre adolescente fiestera y tía solterona? ¿hasta qué edad está socialmente aceptado trabajar de mesera o secretaria de día y tomar clases de teatro a la noche? ¿crecer significa resignarnos?

Yo quise ser una Sophie, yo creí que mi felicidad iba a venir junto con la estabilidad económica y emocional; pero me equivoqué. Entendí, orgullosa, que la felicidad no depende ni de un tipo, ni de un trabajo, ni de las cosas que digan que tengo que tener resueltas a tal edad. Que la felicidad es mucho más compleja y más sencilla a la vez. Que mis aspiraciones no son estúpidas. Que a veces no encajar en el mundo significa estar haciendo las cosas bien. Que crecer no significa resignarse, y que resignarse no significa fracasar.

Y lo entendí porque soy una Frances.

Manuela Martinez
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