Revista Palta | ¿CRECER ES SUFRIR?
1923
post-template-default,single,single-post,postid-1923,single-format-standard,qode-quick-links-1.0,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,footer_responsive_adv,qode-content-sidebar-responsive,qode-theme-ver-11.1,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.1.1,vc_responsive

¿CRECER ES SUFRIR?

Cuando pedí ir al baño, unos minutos antes de que termine el día de clases, no esperaba encontrar -de regreso al aula- a Santiago tirado en el piso. Fue la primera vez que me sentí responsable de algo. De tener que avisarle a alguien, de tener que hacerlo rápido. Corrí lo más rápido que pude, aunque en el fondo ya lo sabía: Santiago, mi compañero, estaba muerto.

Creo que a veces lxs grandes intentamos cuidar a lxs más chicxs desde un lugar demasiado racional. La mamá de Santiago me agradeció por haber corrido y me invitó al velorio, yo preferí no ir. Muchxs me felicitaron por lo rápido que accioné. Otrxs sintieron pena por mí, segurxs de que lo que había pasado me iba a traumar. La directora del colegio le dijo a mi mamá que podía faltar a clase los días que necesitara. Yo no falté, y en la misa de los martes rezamos por Santiago y también rezamos por mí. Esa semana comí en Mc Donalds más que nunca en la vida. Me estaban premiando y no lograba identificar porqué.

Yo detestaba sentir que estaba viviendo situaciones de “grandes”, aunque hoy entienda que la muerte es algo que ni siquiera lxs más grandes sabemos manejar. Lo único que me hizo bien fue el abrazo de mi mamá.

Hoy cuido a una nena, algo que desde chica quise hacer. Probablemente porque siempre me creí capaz de enseñar algo, lo que sea. Pero a ella no logré enseñarle nada. Hasta el momento no pude ser la niñera copada y tira postas que me propuse ser. No sé de qué ni de quién la tengo que cuidar. No hago nada de lo que, de chica, pensaba tenían que hacer conmigo lxs adultxs.

Nena” es la personita más caprichosa y malcriada que conozco. Grita, llora, pega -a puño cerrado, como dice ella-. Vive con su familia en una casa grande y lujosa. No le falta nada material. Todo le sobra. Cuando Nena necesita algo, diez personas corren detrás suyo para satisfacer sus necesidades. Así creció, así era cuando la conocí. Es mala conmigo y los días que nos vemos repite más de una vez que me odia. Pero yo la amo.

Siempre que llora la abrazo. Vive triste. Asumí que mi responsabilidad para con ella es intentar que se ría, que se divierta. Aunque en realidad me paguen para que no se electrocute o queme con la hornalla mientras sus papás no están. Quiero que se olvide de todos los problemas que hay en su casa. Que no se preocupe por la mudanza que se le aproxima, que no llore más por tener que dejar el lugar en donde que vive desde que nació. Quiero que vuelva a comer con ganas, como cuando la conocí. Que cuando le sirvo el desayuno no me pregunte más si la chocolatada engorda. Quiero poder explicarle que con su mamá va a discutir toda la vida, y que eso no es grave.

Algo de Nena me hace acordar a mí. Como si la tuviese que ayudar a transitar una etapa que para mí fue difícil. Como si algo de acompañarla me ayudase a superar traumas propios.

Cuando se murió Santiago nadie pudo ayudarme. Tuve que, sola, aprender a transitar el dolor. Yo a Nena la quiero ayudar pero no puedo. Por eso la abrazo. Porque muchas veces no tengo nada para decirle. Porque me da pena, porque sé que sufre. Posiblemente no haya una forma de ayudar a un niñx a transitar la vida, a lidiar con lo ajeno que lx condiciona, a sobrellevar lo irremediable. ¿Cómo se cuida a alguien del dolor? ¿Sufrir es cosa de grandes?

Quizás no tenga nada para enseñarle a Nena. Quizás sea ella la que tenga cosas para enseñarme a mí. Quizás sólo tenga que bañarla al final del día, prestarle mi celular para que escuche música, jugar a lo que ella quiera. Abrazarla más. O dejar de abrazarla tanto. O quizás solo necesite entender que no puedo ayudarla, que no puedo enseñar lo que yo todavía estoy aprendiendo. Hay cosas que fácilmente identificamos como “complicadas” de transitar para un niñx, como fue para mí la muerte de un compañero. Pero también existen pequeñas situaciones en las que quizás no nos detenemos, que también son difíciles de aceptar y entender. Y de eso también se trata la vida. No puedo cuidar a Nena de todo, no puedo cuidarla de nada. Puedo intentarlo. Pero hay dolores que son inevitables.

Paloma De La Jara
[email protected]