Revista Palta | CIENCIA, NO FICCIÓN
2030
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CIENCIA, NO FICCIÓN

De chica a mi me gustaba ver Cosmos de Carl Sagan, ella quería ser Carl Sagan. En la secundaria era la preguntona, observadora, la que para lxs buenxs alumnxs entorpecía las clases que replicaban exacto en sus apuntes. Una profesora de francés la llegó a echar del aula por cuestionar mucho. Otro, de Educación Cívica, le recomendó que utilice ese “talento para discutir” en estudiar Derecho.

Hoy Nadina tiene 29 años. Para seguir cuestionando al conocimiento se calzó de buenas armas: estudió seis años y medio para recibirse de licenciada en ciencias biológicas en la carrera de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. De no haber tenido la confianza para juntarnos a estar en pijama y cada cual en la suya ni la suerte de vivir en el mismo barrio, esos años de tanta intensidad académica hubiesen sido incompatibles con cualquier vínculo. Nadina estaba siempre hasta las manos, con todas las mesas llenas de apuntes y una rutina de mucho mate con budín. Así todo, nunca dejó las clases de baile y de intentar captarme en alguna y así tener más tiempo juntas. Le tiré mucha espuma, con ganas, cuando se recibió, en 2014. Presentó su tesis como una ninja del saber y se sacó un diez. Esa es mi amiga, pensaba, cuando yo había entendido la mitad de la presentación. Y así, con honores, comenzó  su carrera como científica, en un doctorado en química biológica auspiciado por el CONICET. Esta beca que obtuvo no fue hija del azar: tuvo que salir concursada entre sus compañerxs, después de una minuciosa evaluación de sus antecedentes y rendimientos académicos.

El laboratorio en donde hace su tesis queda en Ciudad Universitaria y va todos los días en bicicleta. Mitad para ahorrar, mitad porque así fue siempre: activa, inquieta, adicta a las endorfinas. Quizás por eso todavía sonríe tanto, pienso. Incluso cuando la acuso de maltratadora animal porque trabaja con experimentos en ratones, ella se me caga de risa. No tiene tiempo para tanto activismo: es una feminista en ciencia en tiempos de Macri. La investigación que lleva adelante es sobre malnutrición proteica en la primera infancia. Estudia, desde hace cuatro años, para conocer qué tipo de alteraciones puede causar la falta de proteínas en la infancia. Un aporte de importancia no menor en un país en el que 46,3% de los pobres son niñxs, y la alimentación más económica es a base de harinas.

Los efectos que puede tener la malnutrición infantil por falta de proteínas pueden ser muy variados, desde déficits en el metabolismo hasta problemas neurológicos. Si bien se aplica al resto de la humanidad, la investigación de Nadina busca dar respuestas a un problema de salud en Argentina, en un contexto de ajuste que también impacta en el ámbito científico y que abrió una nueva etapa de “fuga de cerebros”.

Nadina todavía vive con su mamá y hace años que intenta independizarse pero la situación para lxs becarixs es cada vez más difícil: el recorte presupuestario del CONICET desde la gestión macrista se redujo un 74% con respecto al del 2016. Este terreno pantanoso además de limitar su vida y restringir su autonomía económica, no le deja otra chance que ir a estudiar a otro país para continuar su carrera.

A Nadina, además de trabajar en ciencia y de bailar con técnica todo tipo de género, le gustan las pandillas. Así se mueve: con su mamá y su hermana, con sus primxs y sus amigxs. Siempre en combo y siempre con planes inclusivos. A ella le gusta compartir lo que le gusta con la gente que quiere. Somos pocxs y eso me hace sentir privilegiada. También le gusta comer, y come de todo. Conmigo brinda con leche condensada. Sin embargo, la proyección de su futuro está lejos de su propia voluntad y de sus deseos: el contexto la invita a retirarse le guste o le guste tirar todos sus años de estudio y trabajo mal pago a la mierda.  

A este panorama se le suma un agravante repetitivo: el género. Si bien el 60% de las egresadas en la carrera de Nadina son mujeres, las posibilidades de alcanzar cargos altos se revierte en instancias avanzadas de la investigación. Esto excede la gestión: hay una desigualdad estructural que condicionalas aspiraciones de Nadi a priori. Para seguir hay que luchar por todos lados.

Hace poco Filonews publicó un video sobre la definición de ciencia. Nadina no aparece, pero sí sus compañerxs, y también su director de tesis. En su lugar de trabajo, donde ya ni funcionan las estufas y el deterioro parece ostentación, becarios cuentan en off la importancia de la ciencia para la soberanía de un país. Lo crucial que es para una cultura tener su propia formulación del pensamiento y discusión con el conocimiento, para poder valerse por sí misma.

Yo no sé qué será de este país cuando las Nadinas ya no puedan seguir acá o queden demasiado pocas. Me parece que no hay diagnóstico esperanzador para un país que no invierte en ciencia.  Tampoco sé si prefiero que la Nadina que yo quiero se quede o se vaya, porque llega un punto en donde el egoísmo no se atreve a jugar. Ella hace tiempo tiene una lesión en los ojos que va y viene. Es por estrés y cuando sale se queja por no poder maquillarse. Igual es hermosa. Baila, se filma y lo sube a Instagram. Hace un carnaval hasta en las ruinas. Qué derrota una sociedad sin lugar para ella.

Maru Labat
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