Revista Palta | CÁLLESE, MACHO
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CÁLLESE, MACHO

Por Florencia Sannders.

En una cena reciente con amigos me reencontré con un conocido con el que alguna vez tuve una intensa discusión sobre la brecha salarial entre hombres y mujeres, y quien, básicamente, me discutía la existencia de la misma. Tal vez con ánimos de continuar con una polémica de la que no salió tan bien parado, él -descreído de las problemáticas de género- me increpó con risita socarrona y tonito irónico para preguntarme qué pensaba del caso de Asia Argento. Hay que reconocer que, por lo menos, el señor, estaba informado: la actriz italiana que acusó públicamente al productor Harvey Weinstein de haberla violado hace unos veinte años en el festival de cine en Cannes, una de las voces más fuertes de la campaña #MeToo, recibió, poco despues, una denuncia de abuso por parte del actor estadounidense Jimmy Bennett, un joven que en ese entonces todavía era menor de edad.

La pregunta que me plantearon esa noche es, sin duda, completamente legítima. Al leer la noticia incluso ya había pensado en varias otras: ¿la denuncia que recibe una mujer de 40 años por acostarse con un adolescente de 17 es equiparable en algún punto a las cientos de denuncias que recibió un hombre como Weinstein quien, en su posición de jefe, usó todo su poder e influencias para violar, abusar y/o amenazar a las actrices jóvenes de su compañía? ¿qué pensamos si invertimos los géneros en cada situación? ¿es acaso posible? ¿no vemos en el caso Weinstein un patrón de conducta que, en realidad, se repite como fenómeno social en hombres con posición de poder? ¿Cuántas historias de y sobre mujeres hemos escuchado, que tuvieron que soportar desde propuestas sutiles, difíciles de categorizar como interés sexual, hasta acoso explícito por parte de sus jefes? ¿Les sucede lo mismo a los hombres en el ámbito laboral con sus superiores? En fin, preguntas mentales, cuestionamientos que, calculo, nos hacemos a diario las que practicamos el interminable ejercicio del feminismo.

Pero al invitado en cuestión lo último que le interesaba era hablar sobre el posible abuso a un menor de edad o sobre la violación que sufrió una mujer, menos debatir seriamente sobre las potenciales preguntas que yo ya me había planteado. Él se regodeaba solamente con la idea de que, finalmente, una de las figuras más activas de un movimiento global que busca visibilizar la violencia hacia las mujeres -y hace pensar sobre las relaciones de poder entre los géneros (con sus aciertos y errores)- esté cayendo en desgracia.

Finalmente una de estas predicadoras impolutas de la moral feminista se hunde en el barro de su propia hipocresía. Ahora sí, el argumento “Asia Argento” lo habilitaba a deslegitimar, no solo el #MeToo, sino también la lucha por la igualdad que millones de (lo cito:) “exageradas” intentamos llevar desde lo personal y lo cotidiano.

Este tipo de actitudes reaccionarias hacia el ejercicio del feminismo no son para nada aisladas. Ciertos hombres no tienen el más mínimo interés en aprender algo a través de las vivencias personales de las mujeres. Tampoco les importa que estudies y/o escribas sobre teorías acerca del feminismo, eso no te convierte nunca en una figura de autoridad sobre la materia. Los temas de género son además, para estos personajes, superficial materia opinable desde la completa ignorancia. Les da lo mismo criticar el rendimiento de Messi en el mundial sabiendo lo básico de fútbol , que cuestionar y poner en duda con los argumentos más ridículos la constante agresión sexual que vivimos las mujeres o cualquier otra problemática similar que pongamos sobre el tapete: “Ojo, que las mujeres también violan, eh!”, “bueno, pero las mujeres tampoco son angelitos”, “A mi una vez ‘un’ travesti me tocó el culo en la calle”.

Muchxs piensan tal vez que seguir discutiendo con este tipo de personajes es inútil e implica un gasto innecesario de energía. Yo que creo que hay que seguirla hasta que se den cuenta del pavor que tienen de revisar su propia masculinidad tóxica. Por eso y porque, vamos, al final de una larga discusión, pocas cosas más gratificantes que cerrarle la boca a un macho: decime, Raúl, ¿cuándo fue la última vez que un tipo te mostró el pene en la calle? ¿Cuántas veces un hombre se empezó a masturbar mirándote fijo en un parque, como me pasó hace poco tiempo? ¿Cuántas mujeres te gritaron que te querían penetrar cuando tenías 13 años? Y la última, te juro, ¿de qué tenés miedo mientras caminás por una zona oscura a las tres de la mañana? ¿De que te roben la billetera? Vos sí que sos afortunado, Raúl.

Colaboración
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