Revista Palta | BUTLERMANÍA
1995
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BUTLERMANÍA

La dinámica era la siguiente: primero un “encuentro informal” con Judith Butler y algunas periodistas, después la charla abierta de la filósofa con miembros de Ni Una Menos en la Universidad de Tres de Febrero.

Cuando llegué, horas antes de la conferencia pública que ya tenía 15 mil inscriptxs para un espacio de 1500, el temor por poner mi formación como periodista en ridículo frente a una filósofa, investigadora y escritora de esta talla se diluyó en un fenómeno aún mayor que su visita. Cuadras y cuadras repletas de jóvenes, en su mayoría. Muchxs sentadxs en la calle desde la mañana para asegurarse un lugar en la exposición Butler. Les pregunté a varixs por dónde se enteraron del evento: la mayoría, excepto quienes eran alumnxs, accedieron a través de redes sociales y a este punto lo retomaré en otro texto. Porque en esta crónica la protagonista no son las redes sociales, ni la hipersegmentación digital en tiempos de valores radicalizados, ni siquiera Judith Butler ni su maravillosa exposición: este es un texto cuya estrella es este colectivo que somos nosotrxs, la suma de individuos que, de distintas formas, componemos la marea feminista.

La plena convocatoria me recordó al conversatorio abierto que dieron Rita Segato junto a Mariana Carbajal en la Universidad de San Martín. Era la segunda vez que escuchaba en vivo a Rita en el lapso de seis meses, pero con un notable crecimiento en la cantidad de asistentes en la segunda oportunidad. La Unsam parecía una postal de Woodstock y la idea de rockstar se ve que la quebramos después de la ola de denuncias a nuestros ídolos. Ahora lo que nos seduce y nos amontona es el pensamiento.

EL ENCUENTRO INFORMAL

Diez sillas organizadas  en círculo. Dos separadas para Judith Butler y su traductora. Periodistas de Télam, Perfil, Página 12, Clarín, La Nación y representantes de NiUnaMenos. También estaban Marlene Wayar y Claudia Piñeiro en el círculo de mujeres. Y también estaba yo, con mi anotador de la corpo en la que trabajo, con una remera de ET y las manos chivando de alegría y miedo a la vez.

¿Qué sería un encuentro informal con Butler: un café, un whisky, una conversación intelectual, ronda de chistes? ¿Cómo separo mi espíritu curioso y mi propia búsqueda dentro del movimiento feminista de mi admiración por una persona que leí para entender lo que cada día se hace más grande y desafiante a la vez? ¿Cuándo se termina esta forrada de idolatrar y por qué me siento menos? Me acordé de Rita Segato, que al terminar su exposición en la UNSAM no podía salir del escenario de la cantidad de personas rodeándola por autógrafos y fotos y pedido de besos. “No fetichicemos”, dijo Rita. Guardé esa máxima como un aporte valiosísimo y lo repetí como un mantra de cara a este encuentro.

Judith Butler -su teoría, sus aportes y hasta su forma de vestir, de hablar y la manera de expresarse- personifica eso que hoy tantxs señalan con temor como “ideología de género”. Entró encorvada y eso lo hizo aún más chiquita de tamaño. Por algunos dichos de radio-pasillo me enteré que no le gustan las multitudes ni las fotos. Eso me predispuso a no ponerme invasiva y a que ni se me ocurriera fanearla. Existió un breve momento incómodo en el que parecía que ni ella ni nosotras sabíamos bien si era una conferencia de prensa o una charla informal. ¿Cómo andan? preguntó. La barrera idiomática no ayudaba. Se hicieron comentarios sobre su visita en Brasil en 2017, cuando manifestantes antiderechos la escracharon y acusaron de bruja y de trans. Ella dijo que el mundo estaba observando lo que estábamos haciendo acá, en Argentina y en latinoamérica en general. ¿Seremos nosotras quienes tenemos que responderle a Judith Butler? El silencio se terminó rápido: había poco tiempo y muchas preguntas en el tintero.

“El cuerpo de la mujer es entendido como un cuerpo que le pertenece al Estado”, disparó Butler cuando se le preguntó sobre la lucha por la legalización del aborto, y el enorme peso simbólico que tiene este debate en nuestra sociedad. Nada nuevo, pero lo dijo ella, pensé, y al instante remató con un punto que creo importante destacar: “la criminalización del aborto es la manera del Estado de penalizar la libertad sexual”.

Una autoridad de la UNTREF le consultó, a propósito de una entrevista que le hicieron la semana pasada en Chile, si el futuro no son las mujeres sino el feminismo. Butler hizo una mueca de disgusto, como si la formulación de la pregunta no le gustara del todo. “Hay muchas maneras de ser una mujer. Pero también dije que el feminismo no puede ser separatista, las mujeres necesitan estar entre ellas sobre todo cuando hablan de violencia o planes específicos de su vida íntima. Cuando te preguntás qué es ser una mujer, hay un gran debate, porque aun cuando hayas sido asignada como mujer (al nacer) no quiere decir que seas una mujer”.

También se habló sobre el creciente número de denuncias que se desataron tras el #MeToo (y el local #MiraComoNosPonemos) y una periodista hizo referencia a un caso en México, de un músico denunciado por abuso que se suicidó. Judith consideró a este movimiento como vital a la hora de visibilizar la cantidad de violencias que se viven en distintos espacios, y a los que la justicia formal parecería hacer oídos sordos y proteger a los victimarios. Pero también disparó un interrogante para guardar en el pensadero: “¿Se busca denunciar el acto o arruinar la vida de otra persona?”.

Alrededor de los debates sobre escraches y punitivismo una pregunta que no puedo dejar de hacerme: ¿Por qué la cultura y sus líderes parecerían ser el rostro más visible de la opresión y las violencias, mientras dirigentes políticos, empresarios y formadores de opinión parecerían estar inmunes a este tipo de revuelos y mal llamados “escándalos” según medios masivos?

El último tema que se tocó en el encuentro informal tuvo que ver con el rol de las masculinidades en la lucha feminista. “La violencia contra las mujeres y trans es porque entre ellos se cubren”, respondió, y también agregó que la tarea  de los varones es “gritar a los cuatro vientos y decir ‘no podemos violar ni matar a las mujeres’. Salgan a la calle y luego vuelvan con nosotras y nos cuentan cómo les fue” ¿Qué hay del encubrimiento silencioso entre chabones? ¿Cuánto realmente comprenden quienes están en lugares de poder las urgencias de mujeres, feminidades y disidencias? Butler lo llamó la hermandad silenciosa. ¿Y cómo sacamos las caretas si están bien puestas?

El tiempo apremiaba pero Butler se hizo un espacio para distinguir la acción colectiva de Ni Una Menos del Me Too, y resaltó el trabajo del movimiento local. “Apuntar a la eliminación de un individuo nos estaría convirtiendo en jueces y verdugos de una persona y no estaríamos condenando el acto. Los actos son parte de una práctica que está arraigada en la sociedad, y es eso lo que queremos cambiar”.

Mis colegas empezaron a dispersarse. Algunas -varias- tuvieron que correr a sus redacciones para transcribir la charla antes del cierre. Poder quedarme era un privilegio.

BUTLERPALOOZA

El estadio donde se hacía la charla se llenó rápido y la exposición programada para las 19hs se atrasó unos minutos: todavía seguían entrando personas. Eran 1500 en el estadio de voley, unxs mil más afuera y 1500 conectadxs por streaming (hoy ya son más de 11 mil vistas a la conferencia). Una vez más, el interés por el pensamiento crítico ocupa espacios y revela la vocación de multitudes por conocer la opinión de una voz más que autorizada sobre las temáticas que nos atraviesan.

Butler entró junto a integrantes del colectivo Ni Una Menos -Marta Dillon, Verónica Gago y Cecilia Palmeiro- quienes conformaban la mesa de la primera conferencia que organizó la universidad en el marco de “Activismos y pensamiento”. Si tuviera que medir la voluntad colectiva a fuerza de gritos y aplausómetros: Macri no puede seguir al mando y el feminismo trans excluyente, como señaló Butler, no es feminismo.

La charla completa se transmitió en vivo por el canal de la UNTREF y se puede ver online. Judith repasó puntos claves, y fue reconfortante ver cómo pensadoras que hablan en nuestro mismo idioma, como Rita Segato, tienen tantos puntos en común y siguen una misma línea. Las leyes, tal cual están, siguen respondiendo a la voluntad cristiana. En tiempos de un neoliberalismo que intensifica la pobreza y vuelve nuestras vidas más precarias, la Iglesia cumple un rol de sostén y ofrece el refugio que el Estado no ofrece. Una contención y estructura a cambio de volver a la creencia en la  familia, como unidad económica, dogma que “no sólo beneficia a un sistema neoliberal, sino que funciona como una comunión vital para subsistir la ausencia estatal”. Es por eso que ella enfatiza, en varios momentos de su exposición, la importancia de la comunidad política y la solidaridad entre clases: “No hay feminismo sin las mujeres pobres”. Tajante, su visión es que el único movimiento político capaz de hacerle frente al fascismo es este que nos convoca.

ES POR ACÁ

Después de un 2018 efervescente en materia de derechos, feminismos, debates y una puesta en escena de nuestros cuerpos en numerosas manifestaciones y vigilias, ahora la tarea es clara: es hora de reproducir nuestras ideas mientras defendemos que la reproducción de nuestros cuerpos dependa de la voluntad individual y no del Estado,  ni sus alianzas clericales.

Porque existe otro lado. Una suerte de muro invisible de valores  que separa esa “marea feminista” -que elogió Butler en su exposición- del agua estancada de la moral cristiana y los nuevos cuadros antiderechos. Estas personas también hacen su trabajo: aferrarse a la familia nuclear y heterosexual, a su creencia del comienzo de la vida, y apuntar al feminismo como un movimiento adoctrinador de putos, tortas y “hombres vestidos de mujer”. Sus Ritas Segatos, Pichots o Lucianas Pekers tienen otros portes y nombres, y basan sus opiniones conservadoras en teorías políticas y económicas. En Argentina, figuras como Agustín Laje, Javier Milei y Nicolás Márquez son aplaudidos en eventos que convocan también a jóvenes. Aunque a la base moral de sus argumentos ya la conocemos todxs, estos conceptos no sólo siguen vigentes sino que también, en un muro de twitter muy distinto al mío, son tendencia. La foto de besos heterosexuales en el día de la diversidad tiene seguidores y también busca respaldo en argumentos filosóficos y políticos.

Para mí Judith Butler, incluso siendo inmensa en sí misma, quedó chica en la inmensidad del colectivo. No tenemos el respaldo de instituciones religiosas pero sí nos tenemos y estamos activxs, en movimiento, con conciencia de que en este marco el pensamiento es un privilegio sin reconocimiento alguno, sin vías para redituarlo. Por eso lxs protagonistas somos notrostrxs: ahora el mundo nos mira. Y me imagino que no soy la única que todavía se cuestiona cómo inscribirnos en la política cuando ésta mantiene una lógica patriarcal, aunque se disfrace de aliada; cómo alcanzaremos a aquellxs que quedaron en el gris entre la moral cristiana y las corrientes progresistas; cómo mantener nuestras diferencias y fragmentos sin perder la constante construcción de una politicidad diferente, sin pactos de machos, sin violencias y sin justicia ni vicios patriarcales.

“Si bien no hay política sin historias individuales, las historias no son la clave acá”, señaló Butler. Y en este punto me enfoco porque comparto el valor de las historias en la construcción de un nuevo sentido:“La clave es el vínculo entre ellas y entre las historias y los individuos”.

Creo que la empatía es el acceso a una sociedad más solidaria y también la herramienta que nos permite dejar de hablar entre nosotras para alcanzar a quienes demonizan nuestras ideas y nos ven como “el enemigo”. El feminismo me salvó y  también me ayudó a salvar, a romper con la rivalidad entre mujeres y construir lazos, y así conocer la realidad en otras clases, conocer grupos y sujetos aún más vulnerables, aún más violentados, y dar lugar a sus relatos. Y ahora también creo que, aunque el panorama sea cada vez más difícil y el oportunismo político a veces se antepone a la lucha en un contexto de campaña electoral, es tiempo de practicar lo que nos dicen nuestras referentas: la solidaridad, las historias y la conversación son la marca que nos distingue. Y esa noción de marea multidireccional y dinámica que destacó Butler es el lenguaje que se habla en esta red cada vez más imponente.

Maru Labat
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