Revista Palta | AMOR EN TIEMPOS DE INSTAGRAM
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AMOR EN TIEMPOS DE INSTAGRAM

Juntarme con mis amigas, comer helado, y contarles que había conocido a alguien y que estaba enloquecida. Pasarme horas hablando de ese chico y enumerando todo lo que admiraba de él. Vivir en carne propia mis escenas favoritas de las películas de amor. Hacer lo del cine y el bostezo que se transforma en abrazo, lo del beso bajo la lluvia, y lo de las peleas con pronta reconciliación.

Todas estas fantasías me jugaron en contra muchas veces. Varios chicos se asustaron cuando exterioricé mis deseos y expectativas, y también me asusté a mí misma cuando con alguien la cosa se ponía seria y no estaba segura de que fuese “el indicado”.

Para mí enamorarme es mucho más que conocer a una persona y ya, porque no sólo me enamoro de ella. Me enamoro de los paisajes, de los olores, de su mascota, de sus amigos, de los momentos, me enamoro de todo lo que lo rodea. Por eso me gusta amar en vacaciones. Lo efímero y fugaz hace que no me aferre tanto. Que si de repente no nos vemos nunca más, no haya nada de mí día a día que me haga recordarlo.

Existe acá en Buenos Aires, donde vivo, un bar al que ya no puedo volver. En el 2015 conocí a un chico que con un año de cariño y una noche en la que me dejó plantada, logró que hoy para mí ir a ese lugar fuese lo mismo que para un hincha de River ir a la cancha de Boca. La forma en que los mozos me miraban sin entender por qué hace una hora estaba sentada sola y sin pedir nada; mis uñas despintadas y la mesa llena de restos de esmalte que por los nervios me había arrancado, un paquete vacío de caramelos que había comprado para él, una PlayList de Spotify repetida mil veces. Todo lo que mi experiencia en el amor me enseñó, sirvió para sobrevivir algunos años. Pero el siglo XXI, sus avances tecnológicos y demás, llegaron para romper con todo lo que había construido.

Este año me enamoré de más cuentas de instagram que de personas con las que finalmente tuve un encuentro. Las horas de stalkeo surtieron efecto el día que lo vi a él en la red. Un chico completamente desconocido. Eso no impidió que empezará a seguirlo y revisará cada mañana su cuenta, siguiendo el minuto a minuto de su viaje en Europa.  Fue la primera vez que sentí amor a una pantalla, y eso me asustó.

Con el tiempo me dí cuenta de que en realidad la fantasía amorosa es lo que me gusta. Invento conversaciones en mi cabeza y me imagino como sería vernos, con eso me basta. ¿Le gustaré? ¿Cómo será su voz? ¿Es tan rubio como se lo ve en las fotos? No me importa. Me conformo con el estado de enamoramiento. Lo que me reconforta es la sensación de cosquillas en la panza. Las risas sin sentido en mi cama sola viendo sus stories. ¿Así funcionará el amor del futuro?

Durante toda mi vida cargué mis relaciones de idea, de lo que yo quería que me pasara con el amor. El otro funcionó siempre como una excusa. Roland Barthes escribe en su libro Fragmentos de un discurso amoroso: “Amo al otro no según sus cualidades (compatibilizadas) sino según su existencia; por un movimiento que usted bien podría llamar místico, amo no lo que él es sino: que él es.”

Quizás es eso, y durante todo este tiempo estuve confundida. Quizás no me enamoro de alguien, quizás me enamoro de estar enamorada. Quizás estoy enamorada del amor.

 

Paloma De La Jara
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