Revista Palta | AMAR ENTRE LÍNEAS
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AMAR ENTRE LÍNEAS

Por Dana Madera.

La tarde que conocí a Liliana Bodoc yo estaba con mi hermana Eliana parada en la esquina de Rosario y Av. la Plata. No había leído sus libros y nunca le había visto la cara. Por eso, cuando una mujer con una campera turquesa y el pelo todo revuelto la abrazó a mi hermana por la espalda y le dijo “Eli que alegría verte” yo me asusté . Mi hermana nos presentó y en seguida Liliana me abrazó a mí también. Un abrazo fuerte, largo,  de gente que se conoce de toda la vida y que se encuentra después de mucho tiempo.

En los años de taller que compartí con ella me di cuenta de que Liliana sonreía con la cara completa, de la boca a los ojos. Tenía la mirada amable, la palabra cálida, la inteligencia humilde y un corazón tan comprometido como hermoso. La queríamos todxs, la admirabamos todxs. Ella te escuchaba, te admiraba, te quería también.

Cuando el taller se convirtió en un espacio entre amigxs que intercambiaban abrazos y asados, me sentí en el deber de leer La Saga de los Confines. Me daba una especie de culpa extraña. Liliana quería tanto nuestros textos, yo quería tanto a la que ahora era mi amiga y no había leído su obra más famosa. Me fui de viaje y me llevé los tres libros. En esos meses yo estaba en un lugar de mierda. Me sentía perdida, enojada y también un poco inservible. Los libros de Liliana me sacaron de una tristeza oscura. Me llevaron a un mundo que era tan parecido a ella, un mundo entramado de amor, lealtad y valentía. Se lo agradecí una y mil veces. Para mis adentros, en mails, en persona y en días de mucha soledad.

La última vez que nos vimos ella había venido a Buenos Aires a dar una charla al CCK. Yo me senté entre la concurrencia y le vi pasar la mirada sin reconocerme muchas veces. Al fin me vio, se me acercó y me rodeó con un abrazo. “Danita, que ciega estoy”. Mi hermana estaba al lado mío, llorando por un poema que Liliana acababa de recitar, “Lili estoy emocionada” “Eliana, mi vida, que pava”. Nos reímos las tres. Ese día le pedí que me firme uno de sus libros, le dije que me sentía estúpida pidiéndoselo pero que por favor me lo firme igual.

Cuando me llamaron para decirme que había muerto, lo primero que pensé fue en darle un abrazo fuerte. Y después pensé “no se puede, está muerta”. Y después me largué a llorar. Estaba en mi trabajo, en una reunión a la que no pude volver.

Me sorprendió la cantidad de mensajes que recibí de mi familia y amigxs que están lejos, de mis amigxs que están cerca, de mis compañerxs de siempre. Me di cuenta de cuán profundo era el amor que le tenía a Liliana gracias a las miradas de los demás. Cuan fuerte y genuino puede ser un vínculo al que lo marca tanta emoción, tanto cariño, tanto corazón.

A la noche, sola en casa, me animé a mirar la dedicatoria que me había escrito*. Después abrí el libro, repasé las frases que había marcado. Sentí, como siempre, que me reencontraba con una amiga. Los libros de Liliana se me narran en la cabeza con su voz y eso me da una alegría tan amarga y triste que se me parte algo por dentro.

La vida a veces es irremediablemente estúpida. No creo poder entender su muerte. No creo poder aceptarla bien. No soy la única que conoció a Liliana como un portal hacia la literatura desde el compromiso y el amor. No estoy sola en sentir que el mundo perdió a una de sus mejores. Me consuelan las cosas que ella misma creía de la muerte, de la magia y de la vida. Liliana diciendo que toda la creación es una urdimbre perfecta. Liliana diciendo pobre de nosotros si olvidamos que somos un telar. Como siempre, tenía razón y no me encuentro sola en esta imposible sensación de orfandad. Pienso en qué me diría si supiera que me tapa la angustia porque siempre se mueren los buenos.

Una noche yo le estaba leyendo un cuento en voz alta y Liliana me hizo leer el último párrafo cuatro veces. Yo era chica, la admiraba mucho y al principio creí que había hecho algo mal. Leí con atención una segunda vez, y una tercera. Las palabras se deforman con la repetición, hacen distintos huecos en el cuerpo, a la cuarta vez yo estaba emocionada. Le dije “Lili , que bello es esto.”. Y ella, humilde e inmensa, me contestó “Danita ¿no es hermosa la literatura?”.

 

* “Danita, el fuego nos espera, nos escucha y nos dicta la verdad. Con mi amor. Liliana”

Dana Madera
Dana Madera
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